Ley Rebelde de NosotrAs en Abya Yala

Presentación:

Estas notas o textos, las hemos ido publicando en una página de facebook, https://www.facebook.com/Ley-Rebelde-de-NosotrAs-en-Abya-Yala-660855124056529/ no son todas las notas, son la mayoría y las que nos gustaría que participen del CompArte porque queremos ser ComParte con esta propuesta provocación y que estas letras tengan alojamiento en el servidor del CompArte, lo cual desde ya agradezco

Agregamos la liga de un álbum de fotos en la misma página, que hemos ido construyendo https://www.facebook.com/pg/Ley-Rebelde-de-NosotrAs-en-Abya-Yala-660855124056529/photos/?tab=album&album_id=937933783015327

CompArte ConCiencia en morado

6 de junio 2016

Antes, ni notaba que los libros estaban escritos en masculino, los de ciencias, los de historia, los ensayos e informes de investigación. Y las novelas, además, siempre con su sustrato de amor romántico, aún en las peores historias de terror y violencia. Es más, mi voz lectora, una vocecita interna que narraba para mi la película proyectada desde las letras, era una voz de hombre adulto. Empecé a notar esa voz cuando leía a Poniatowska y me chocó escuchar la voz de hombre narrando lo que había escrito ella; hasta me regresé a la pasta a verificar el nombre de la autora y entonces, me pregunté ¿cómo era posible que si yo sabía que lo había escrito una mujer, en mi cabeza me lo siguiera relatando esa voz de hombre?.

Luego noté que todo estaba escrito en masculino y me chocaba y dejé de leer, pero como mucho me gusta, pensé en hacer trampa a los textos y machaconamente ponía con mi imaginación un guión o una diagonal y hasta una arroba junto a cada “o” u “os” que encontraba en los libros, en los ensayos, en las historias y se referían a personas. Muchos años lo hice e incluso me atreví a hacerlo cuando leía en voz alta; iba agregando las “a” o “as”, cambiando a “personas” cuando leía hombre u hombres; al mismo tiempo que mi voz lectora se volvió múltiple; ya no era sólo una voz, sino muchas; femenina y masculina, profunda, exaltada, tranquila, según me iba imaginando la personalidad de la o el autor; e incluso las voces de las autoras cuando he tenido la oportunidad de escucharlas. Como Nad, Luisa, Leonor, Karina, Lorena, Ochy, Adriana, Julieta, Maria, Hanna y otras más.

Ahora, a la distancia: conservo esas voces lectoras que a ratos se sobreponen a la película que leo; lo que ha vuelto a cambiar es que ahora sé que cuando alguien escribe en masculino está pensando sólo en los hombres, los explica, narra sus historia, argumenta las razones de los hombres, describe sus formas de amar, de odiar, de desear, de envidiar, de conquistar; todo en masculino y todo sobre los hombres. Tengo ya la certeza de que aunque me incluya mientras leo e intente incluir a las mujeres; resulta imposible, es sólo una medida para resolver mi propia angustia pero la cultura no se ve cuestionada. El hombre, los hombres, han sido, son y seguirán siendo quienes protagonizan los estudios científicos; no sólo quienes los hace, sino como principio y fin de los mismos; sus modos, sus formas son la estructura de las ciencias, de la historia, de la literatura. Ya no me siento incluida ni intento incluirme en lo que leo, reconozco ahora que me han excluido, que nos excluyeron y nos excluyen a nosotras. Y por ello me resulta gozoso leer a todas las mujeres que he nombrado arriba, porque todas, con excepción de Hanna, hablan en femenino y desde las mujeres que son.

A partir de esa certeza es que entiendo todo lo que falta por hacer y muchas ya lo están haciendo: están escribiendo desde, con y para nosotras; mirándonos a nosotras, pensándonos. Así queda pendiente por hacer, al menos para mi, la historia epistémica desde y de las mujeres; las formas en qué en este sistema patriarcal, las mujeres construimos-nos construyen lo que en el mundo de hombres han llamado personalidad. Incluso cuestionar la palabra y al fenómeno que nombran, en tanto persona significa máscara y si, quizá los hombres tienen máscaras que han construido desde el poder que viven; pero las mujeres ¿tenemos máscaras? Y si tenemos ¿quién las diseñó y para qué?. Hacer la historia del pensamiento desde las mujeres para saber qué rescatar y de qué huir.

He pensado que si a los hombres les construyen desde el ejercicio del poder y los privilegios que ello conlleva y a nosotras desde la ausencia de éste y lo que implica tal ausencia; si a ellos les han puesto siempre en el centro y a nosotras siempre en la periferia; ¿cómo es que luego en las teorías de personalidad devenimos personalidades indistintas?.

Y las motivaciones obviamente son distintas ¿cómo podrían levantarse cada mañana con la misma motivación quien tiene el estómago satisfecho por la abundante cena de la noche anterior y quien no ha cenado, ni siquiera comido el día previo?. No es igual el golpe que se da para someter, que el golpe que defiende de ese sometimiento. Es obvio, ahora, para mi, que nuestras motivaciones en tanto mujeres, respecto de las de los hombres son distintas y entretejidas con las categorías patriarcales de raza y clase. Entonces, ¿cómo es que las ciencias de la conducta no hacen distinción en lo fundamental desde el sistema patriarcal sexo-género y si en manifestaciones conductuales? Y no me alcanza la explicación de las hormonas, pues los hombres también tienen. Mi hipótesis es que las ciencias son ciegas a esta génesis porque son ciencias pensadas por y para los hombres con el propósito de sostener sus privilegios no sólo respecto a nosotras, sino respecto a la misma tierra y para ello necesitan que esas ciencias no interpelen su fundamento, ni sus modos. Así, los celos, la violencia no tienen el mismo fundamento, quizá ni el mismo propósito en hombres que en mujeres, aunque la justicia patriarcal, aunque la sociedad así quieran verlo. Nos construyeron diferentes a los hombres y nos evalúan y juzgan con sus propios mecanismos; desventajas al crearnos-socializarnos; desventajas que se suman al juzgarnos, al vigilarnos.

El llamado padre del psicoanálisis acertó en que hay diferencias constitutivas entre hombres y mujeres; erró en el origen de las mismas y en sus consecuencias (suponer que la heterosexualidad y la maternidad en nosotras son intentos de obtener un pene; en lugar de mirar que el deseo de ambos son imposiciones del sistema), él planteó que la envidia por el pene convierte a las mujeres en lo que somos; supongo es otro el origen; pues ello implica que la envidia es innata y sólo de las mujeres. Otra autora, también europea que ahora no recuerdo el nombre, refiere que al contrario, los hombres envidian de las mujeres su capacidad de producir vida; creo que parte del mismo supuesto, de que la envidia es innata y en este caso exclusiva de los hombres; Yo digo que somos estructuralmente diferentes porque el sistema patriarcal y misógino nos construyó así para mantenerse viable. Y por eso en las ciencias y en las artes y en la política y en la economía hegemónicas no es nombrado este sistema y por eso desde la disidencia una y otra vez lo visibilizamos, para señalarlo desde la denuncia para recordar porque es necesario destruirlo; pero no sólo, desde las disidencias hay que construir otros mundos feministas.

Hace falta pues, que lo que los hombres han nombrado como ciencias; las hagamos desde nosotras y quizá llamarlas brujerías o hechicerias y reconocerlas como formas nuestras de crear conocimientos desde nuestros modos. Y seguro que habrá, de por si, no uno sólo, sino muchos modos de construir conocimientos. O retomar la palabra ciencias y hacerla nuestra, recuperarla para nosotras, pues quizá fue un robo, uno más y digo esto porque tal vez resulte que al hacer la historia desde nuestra mirada, de esto que se llama ciencia, resulte que, en su origen hay mujeres con capacidad para mirar más colores, recolectando plantas que matan y plantas que sanan; mujeres que mientras amamantan tienen la posibilidad de mirar los cielos, las estrellas y pensar sus observaciones; en fin, mujeres creando conocimiento que luego les arrebataron y la excluyeron de esas tareas de observar, sistematizar, analizar y compartir conocimientos.

Y lo mismo con las artes, revisar la pertinencia o no, de mantener la palabra ya no sé si hecha o robada por los hombres para nombrar esas actividades que desde la estética cuestionan lo que hay y proponen lo que puede haber y entonces quizá nosotras llamarles artes femeninas, o artes de nosotras, o Artas.

Y desde nosotras, quizá, las artas y las ciencias no estarían divididas y jerarquizadas, ni cooptadas por las elites; ni tendrían héroes y hombres ilustres; serían colectivas, horizontales, múltiples y disidentes; seguro que tendríamos la humildad para sostener que las teorías son posibles explicaciones que pueden cambiar cuando cambia el nivel de conocimiento que tenemos y no nos aferraríamos a defender una teoría como universal porque sabríamos, de por si, que no tenemos todos los datos de una vez y para siempre. Y no habría canones que legitimen o excluyan una práctica por ser o no racional; entretejeríamos como de por si lo hacemos,lo hacen ya muchas, la razón y la emoción en el cuerpo que vive en la tierra y así, no tendríamos conocimientos enciclopédicos y necrófilamente fragmentarios; pues el referente sería la vida en acto, la digna vida entretejida a la vida.

Recuperar la historia de nuestros cuerpos, de las ciencias y las artes; recuperar nuestra voz, nuestra palabra cuestionando el lenguaje “vigilado” por los hombres cultos. Desaprender lo aprendido y cuestionarlo, reinventarnos desde una lógica intuitiva, una que algunas ya van construyendo, desde otra epistemología. No someternos a lo dado que ha sido tan poco, tan condicionado, despreciado; despojarnos de las limosnas y construir nuestros recursos desde lo que nuestro cuerpo puede a solas y en manada; reivindicar para nosotras la palabra, la carcajada, la razón, pero no las mismas de los hombres, no las que insultan, se burlan y jerarquizan, sino palabras múltiples de ida y vuelta palabras que se convierten en silencio-escucha; carcajadas compartidas, gozosas y una razón que sea propia de cada una que se entreteja con las otras, que no se imponga ni a nosotras ni a la tierra. Construir nuestra palabra escrita no para dar cátedra, no para marginar a quien no lee, no para imponer nuestra mirada y despojar de la suya a otras; sino para compartir lo aprendido, convocar a la compartición para la vida nuestra.

Para mi, esta experiencia nació de aquella observación de cuestionar mi voz lectora, de reconocerla impuesta masculinizada; de identificar con ello que me habían implantado una mirada que no dejó que construyera mi visión; que mi razón fue modelada para recibir, procesar, analizar datos, sin cuestionar el sistema que produce esos datos, que es el mismo que me instauró en mi el mecanismo para interpretarlos en todos los niveles, desde la recepción hasta las síntesis que llamo conocimiento.

Todo sobre el cuerpo es construido, todo lo humano; lo que está dentro y lo que está afuera; nuestro sexo, nuestro deseo, nuestra mirada y nuestra voz o la ausencia de ésta; todo construido por y desde un sistema que desde la lógica de la dominación, se mantiene en las sombras y se dice humano. Es una obviedad decir esto y sin embargo, necesito decirlo, decir que lo humano se basa en esa lógica que despoja, explota, desprecia y reprime a las mujeres, lo femenino, no sólo de nuestro cuerpo, sino de lo que ha sido así calificado en la naturaleza.

Y nuevamente digo, que la disidencia ha existido desde que ha existido el poder, el cuestionamiento a lo humano, es decir a la lógica de la dominación sobre la naturaleza, sobre lo pequeño, sobre lo vulnerable, sobre lo femenino; ha posibilitado la existencia de vida en esta geografía que llamamos tierra, en todos los calendarios; hacia allá comparto mis voces escritas; busco ahí, en las disidencias que se construyen desde otros espacios que el poder supone inexistentes porque están fuera de su lógica.

¿Cómo es tu voz lectora? ¿Cuál es tu historia? ¿Cómo construyes ciencia y artes? ¿Te sientes incluida en esto que ha creado el sistema?

CarteArte: Abajo y a la Izquierda en Morado

6 de mayo 2016

Hermanas Comandantas en El Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Hermanas Insurgentas en El Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Hermanas Milicianas en las comunidades Zapatistas

Hermanas Bases de Apoyo en el Ejército Zapatista de liberación Nacional

Hermanas en la Sexta

Hermanas feministas en el abajo y a la izquierda

Hermanas en los pueblos originarios

Hermanas en los sótanos del mundo donde estamos y somos.

Son tantos los dolores, tantas las rabias que compartimos y que son base de nuestras luchas junto a los compas hombres de nuestras comunidades, colectivos y otras organizaciones, contra la represión, explotación, desprecio despojo de los de arriba. Luchas a la que nosotras agregamos la lucha contra las violencias hacia nosotras de los de arriba; los gobiernos, los medios, los partidos políticos; por ser mujeres; más por ser mujeres pobres y más por ser mujeres pobres que no cumplimos sus estándares de éxito, educativos, de belleza (peso, talla, estatura, color de piel, rasgos, edad), de heterosexualidad, de vivir en familias que le sirvan al sistema; que nos atacan por existir pues y para producir más capital pues.

Saludo, honro y respeto todas esas luchas de abajo y a la izquierda que buscan destruir el terreno donde esa guerra de extermino en contra de quienes habitamos los sótanos del mundo y los pueblos originarios es posible y construir espacios donde esa guerra no tenga cabida y las armas que aspiran a no serlo, cumplan su cometido.

Hoy, sin embargo, en un acto de rebeldía femenina, reenfoco mi mirada y nos veo, a nosotras, las nosotras destinatarias de esta misiva que reivindico como arte para la vida y nombro carteArte. Y me vienen a la cabeza muchos rostros, con y sin pasamontañas, con y sin pañuelos cubriéndolos parcialmente, con y sin pintura, serios, dolidos, llorosos, rabiosos, sonrientes; escucho recuerdos de voces femeninas en todos los tonos y volúmenes. Cuerpos desnudos y vestidos, tatuados, perforados, pintados; pieles claras oscuras, requemadas, pálidas, sanas enfermas, heridas, niñas, jóvenes, adultas, viejas de todas las estaturas y tallas. Nosotras gritando, conversando, llorando, riendo, trabajando, organizándonos, siempre haciendo.

Este acto de dirigirme a muchas nosotras, me impone, me recuerda mi convicción de no protagonismos, de no usurpar y aún desde esas convicciones, con miedo a ser malinterpretada, sancionada y precisamente por ello, convierto mi acción en una práctica de arte escritural, para atreverme a hablarnos colectivamente a las muchas nosotras que se sientan nombradas para preguntar cómo viven y resisten las terceras y cuartas jornadas de luchas; de estas luchas que están dentro de las primeras que mencioné arriba. Pero que aunque estén dentro, ocupan nuestro tiempo, nuestras fuerzas y nos son absolutamente necesarias.

Me explico: Según entiendo, la tercera lucha dentro de las luchas es las resistencias que construimos para enfrentar cada intento de dominación (mandándonos y venciéndonos), suplantándonos, imponiéndose, de los compas hombres de nuestros colectivos, agrupaciones, comunidades, contra nosotras. Luchar contra todos sus protagonismos que callan nuestras voces y propuestas. Luchar contra las suposiciones de ellos, de que nuestras actividades en las luchas tienen que seguir los mismos modos que en nuestras casas donde también nos someten y en nuestros trabajos donde nos explotan, es decir: serviles a ellos.

Y luchamos contra las miradas y expresiones de suficiencia, condescendencia cuando hablamos de nuestros sentires, cuando expresamos nuestro pensamiento construido-destruido-en reconstrucción desde otros parámetros diferentes a los que nos ha impuesto el sistema, con los que nos ha programado; en que se privilegia todo lo que los hombres suponen, asumen suyo porque los han programado para ello. El pensamiento y la palabra son ejemplos de lo humano, que los hombres, también abajo y a la izquierda, exigen como propiedad exclusiva.

Luchar contra todos los acosos, toqueteos, agresiones sexuales, expresiones misóginas, violaciones, amenazas que los compas hacen en todos los espacios; suponiendo que o tienen derecho a ello o que nos halagan al hacerlo o ambas cosas u otras que ellos asumen.

Luchar desenmascarando las violaciones que, me indigna reconocer, comenten compas de las luchas de abajo y a la izquierda, donde, me da rabia reconocer, también padecemos acosos y abusos, en espacios de luchas ¿fuego amigo? ¿daños colaterales?.

Y luchar contra esta, que llamo la primera dominación, antes que la dominación de la naturaleza o la del hombre sobre el hombre (esclavitud); la dominación primaria es la perpetrada, sostenida y sostén del sistema; la de la dominación de los machos sobre las hembras; que se construyó al simbolizar y dar significado a la cópula como un acto de dominación y luego, se naturalizó. Lo natural es la cópula entre animales machos y hembras como una forma de reproducción de lo vivo. Todo lo demás, el amor romántico, la heterosexualidad que implica acceso permanente e irrestricto de los hombres a nuestros cuerpos; eso no es natural; es una construcción social, igual que la idea de que somos complementarios pero desde la subordinación de las unas a los otros.

Nuestros genitales en la cópula para la reproducción se corresponden en forma y funcionamiento, pero obligarnos a tener coito en nombre del amor romántico o hijos e hijas en nombre de la familia, eso no es natural, es también construcción social que nos vulneran siempre a nosotras. La excitación sexual no es irrefrenable en los hombres, ni su mirada lasciva es natural, son construcciones sociales.

Hermanas, ¿cómo luchan contra todo esto? Yo alzo la voz en mi colectivo, tomo el micro cuando considero que tengo que hacerlo, opino, propongo, discuto (sin escucha de parte de los compas claro) Y sobre todo busco a mis hermanas compas, insisto, me rehago para convivir con las mujeres que como yo construimos también estas luchas, no sólo las primeras, sino todas ellas. Y trato, de construir momentos, opciones, donde no haya lugar para esta guerra de dominación de los compas contra nosotras.

¿Cómo retoman los medios de abajo nuestras luchas, nuestras denuncias?¿nos nombran? ¿se organizan diferente respecto a las mujeres o igual que los otros medios? ¿Cómo se suman los hombres de abajo y a la izquierda a nuestras luchas? Porque entiendo que, la lucha contra el capitalismo es de todas y todos abajo porque padecemos todas y todos; más nosotras que ellos; y entonces, me pregunto ¿cuáles son las luchas de los hombres de abajo y a la izquierda? Me cuestiona suponer si será la misma de los de arriba de mantener sus privilegios.

¿Cómo compartir estas experiencias de resistencias de nuestra tercera jornada de lucha dentro de las otras luchas tan necesarias todas? Porque así como el capitalismo nos traspasa, nos condiciona, nos atrapa, nos sujeta, a hombres y mujeres, acá donde yo habito, en este sótano del mundo, la relación de dominación de los hombres sobre nosotras también nos traspasa, nos construye, en todos los espacios, aún en los de lucha y resistencia. Y así como en el capitalismo las mujeres vivimos dobles y triples jornadas laborales unas con paga y otras sin paga obligadamente para sostener al sistema, así en los espacios de luchas, vivimos estas triples y cuádruples jornadas para sostener, no minar las otras luchas; pero ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuánto desprecio? ¿Hasta cuánta represión? ¿Hasta cuánto despojo? ¿Hasta cuanta explotación? Todas expresiones de la guerra de dominación de los hombres de arriba y de abajo hacia nosotras de abajo.

Confieso, que cada vez más, acá en mi sótano, comparo a los hombres con el gobierno, el sistema y así como las y los Zapatistas han denunciado que los de arriban no ven y no escuchan a las y los de abajo; así, pienso-siento, los hombres de abajo y a la izquierda nos hacen lo mismo a nosotras; a ratos nos toleran (porque les somos útiles, como los de abajo a los de arriba, incluso necesarias). Pero nuestros dolores no les duelen, no reconocen su dominio sobre nosotras y menos que es construido y mucho menos que debe ser destruido, porque parece, no quieren perder privilegio alguno.

Y aquí, aclaro, escribo de lo que vivo, veo, pienso, siento. Quisiera saber, cómo, ustedes, hermanas, resisten esta lucha dentro de la lucha. No puedo no mencionar, no quiero no decir, que en las comunidades Zapatistas (lo sé por los comunicados –donde nos nombran desde hace años- por su convicción de construir un mundo donde las niñas nazcan y crezcan sin miedo, por lo trabajado en la Escuelita de la Libertad según las y los Zapatistas, por lo compartido en el semillero, por su Ley Revolucionaria de Mujeres) si notan esta lucha y la han venido develando y un compa reconoce su machismo y su reticencia a renunciar a el; reconoce la guerra que se está batallando en este terreno de dominación de los hombres sobre las mujeres. Luego de este apunte al margen, regreso para compartir mi reflexión sobre la cuarta de las luchas, si, porque hay una cuarta, también sin paga, también dentro de las otras luchas y ésta muchas veces a solas contra el sistema completo.

Me refiero a reconocer en mi, esa construcción social en la que me enseñaron y aprendí a sentirme incompleta sin un hombre al lado, a creer que sería decente sólo al cobijo de un hombre que me diera su apellido; a aceptar que mi sexualidad debía ser sólo con un hombre que me amara y al cual podría servir para siempre; a asumir que mi palabra y mi voz valían menos que las de cualquier hombre; menos aún que la de un hombre letrado y mucho menos aún que la de un hombre letrado y europeo; a anular mi instinto y dejar de confiar en el y tener, siempre, que buscar el consejo/aprobación/guía, de un hombre: hermano, padre, cura, maestro, compa, amigo; a creer sin cuestionar que me tenían que gustar los hombres y que tenía que agradecer que cualquier de ellos me mirara; aún cuando esa mirada alertara a mi instinto desfallecido, anulado; y a suponer entonces, que las mujeres eran potenciales rivales, si, por la atención de los hombres; a aceptar acríticamente que las cosas pueden cambiar y “mejorar” sin trastocar lo básico, es decir, sin poner en tela de juicio la relación de dominación a la que me he estado refiriendo como terreno de esta guerra que vivimos nosotras: la dominación de los hombres sobre las mujeres, que implica: el despojo de nuestros cuerpos para su gratificación sexual, el despojo de nuestra capacidad de pensar, hacer propuestas y organizarlas, al convertirlo en privilegio suyo; la explotación que vivimos al trabajar sin salario dentro de los espacios domésticos y de lucha para mantener y sostener al sistema, al que sea. Represión ante la expresión de nuestras emociones, reclamos, exigencias, dolores; represión en forma de violencia física, verbal, psicológica. Y discriminación de ellos hacia nosotras al no cuestionar y al contrario, exigir todos sus privilegios, siempre, pues en cada privilegio, esta devaluada una cualidad nuestra y una nueva responsabilidad impuesta para nosotras, para sostener esos privilegios).

Aprendí que mi cuerpo debía ser frágil y renuncié a los músculos que pueden protegerme; ahora ando desaprendiendo eso, como desaprendo paso a pasito que no dependo ni de la mirada, ni de la validación de ningún hombre y si necesito las miradas nuestras, siempre.

Me enseñaron y aprendí ya adulta a suponer, equivocadamente, que los compas de abajo y a la izquierda, veían nuestros dolores y les dolían y les dolían también las violencias que sólo nosotras vivimos por ser mujeres. Y a creer absurda mente que todas las mujeres, incluidas las de arriba y las que aspiran al arriba, comprendían los dolores de las mujeres de abajo.

Y ando aprendiendo que “nosotras” se construye política y éticamente, no por asignación sexual, ni por roles de género; sino desde la clase social que somos.

Todo esto lo he creido, lo he vivido, lo he padecido y para mi representa mi cuarta jornada de lucha dentro de las luchas; porque implica tiempo, esfuerzo, dolor; cuestionar toda mi construcción social, pensar-hacer para revertirla, desaprender y aprender todo el tiempo, otros supuestos que no den lugar a la dominación básica y así, supongo a ninguna otra dominación.

Esta cuarta jornada me obliga a no amedrentarme frente a los hombres, a dudar de mis reflexiones, de mis modos y formas construidos desde mi ser sometida y al mismo tiempo, evitar reproducir los modos construidos desde ser dominadores que han legitimado los hombres, como los modos correctos. Observarme, destruirme, protegerme de los intentos constantes de dominación, reconstruirme a partir de otros modos que no existen; construir los modos, aprender de mis hermanas, de mi madre, de mis compas, mis hermanas, de mi hija.

Hermanas, si quieren, pueden y encuentran modo de robarle un tiempo a tantas luchas, compartamos cómo enfrentamos esta cuarta jornada; pido sus experiencias para aprender de las nosotras que estamos haciendo estos nosotras.

¿Cómo vivir el abajo y a la izquierda en morado? ¿Cómo construir otros mundos sin la dominación de hombres sobre mujeres? ¿Cómo proponer, enfilar estas luchas a la construcción de otros territorios donde estas luchas no sean posibles en tanto las partes beligerantes no puedan existir?

He pensado mucho en los 7 principios ético-políticos de las autonomías Zapatistas como la ética para mi vida y mis relaciones; los he propuesto y trabajado como guía para tomar decisiones en nuestra práctica sexo-afectiva y recientemente con una propuesta para nosotras, de cómo combatir la violencia hacia nosotras. Anexo el cartel con la propuesta y ojalá que esta carteArte reciba sus miradas, encuentre sus sentipensares y vuele de regreso transformada desde cada una de las nosotras que somos.

Si nos alcanza el poco de tiempo para intercambiar correspondencia; propongo que las respuestas/propuestas/apuestas no sean privadas ni públicas, sino con muchas destinatarias, muchas leyéndonos, escribiéndonos entre nosotras. Nos hablo a nosotras porque desde ahí veo la posibilidad de construir mundos donde lo vivo nazca y crezca sin miedo, con la posibilidad de reconocer su vulnerabilidad y su perseverancia. Para ello, según lo miro, necesitamos aún el morado del feminismo entretejido en el abajo y a la izquierda, feminismos que buscan las raíces de la dominación y las desvela, las reconoce y lucha contra ellas; feminismos que caminan con y desde el abajo y a la izquierda coloreando de morado nuestro andar.

En esta carteArte, de la cual asumo toda responsabilidad, leo las voces de muchas nosotras con las que he hablado, convivo, he visto en vídeos, he leído. A todas: Gracias.

Desde un pedacito pequeño y costero de los sótanos del mundo; sin opciones de compartir presencialmente esta carteArte en el CompArte por la Humanidad. Abajo y la izquierda en Morado.

6 de mayo de 2016

Una hermana en La Ley Rebelde de NosotrAs en Abya Yala.

VIVAS NOS QUEREMOS

NUNCA MAS UN MUNDO SIN NOSOTRAS

VIVA LA LUCHA ZAPATISTA

VIVA EL FEMINISMO que camina desde el abajo y a la izquierda

VIVOS LOS QUEREMOS; nos falta 43 y miles mas de hombres y mujeres dignas y dignos.

CONSTRUIR MUNDOS DONDE QUEPAN MUCHOS MUNDOS

Ley Rebelde de NosotrAs en Abya Yala (En construcción)

4 de abril 2017

La idea se está gestando, apenas estamos convocando, apenas nos estamos encontrando. De ninguna manera es un producto terminado ( y no lo será porque si queremos que sirva a y refleje nuestras luchas, tendrá muchos cambios y adecuaciones según cada una de nosotras, cada colectiva y agrupación en la que interactuamos, cada lucha nuestra) porque queremos que se entreteja desde las muchas que somos nosotras, quienes decimos YA BASTA a este sistema que nos asesina y asesina a quienes comparten su vida con nosotrAs, que nos desaparece, que nos despoja, nos explota, nos desprecia al convertirnos en población excedente, nos reprime y busca dominarnos, vencernos. NosotrAs decimos: No nos vendemos, no nos rendimos, no claudicamos.

Apenas vamos construyendo las NosotrAs que redactemos la Ley como reflejo de nuestras praxis y una guía de opciones para las mismas. La presentamos como una semilla apenas, una semilla que queremos germinar entre nosotras, las nosotras que soñamos, que estamos construyendo. Proponemos esta Ley, como una hebra que nos una en la búsqueda, en las luchas y resistencias que se van floreciendo, arraigando… Reconocemos tanto la Ley Revolucionaria promulgada por las mujeres del EZLN y Bases de apoyo, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y los ejemplos de las mujeres que luchan en los pueblos originarios, en las ciudades, barrios y calles como motivaciones y fuentes de enseñanza para esta Ley.

Las definiciones básicas para la Ley (quiénes somos, dónde estamos, contra qué luchamos y cómo construimos nuestras resistencias):

Patriarcado: De acuerdo con el feminismo comunitario[1] de Bolivia es “’´el’ sistema de todas las opresiones, todas las discriminaciones, todas las dominaciones que vive la humanidad: hombres, mujeres y personas intersexuales en conjunto con la naturaleza y en el que históricamente, estas opresiones han sido construidas sobre el cuerpo de las mujeres.”

Para Maria Galindo[2] también boliviana, integrante del colectivo Mujeres Creando, el patriarcado es “un sistema de opresiones, es decir la construcción de todas las jerarquías sociales superpuestas unas sobre otras y fundadas en privilegios masculinos”.

Así, la primera definición señala que el patriarcado se construye desde el cuerpo de las mujeres y en el segundo planteamiento se resaltan los privilegios de los hombres. Así cada privilegio masculino, implica entonces, un despojo femenino. María afirma, además, que la opresión de las mujeres en las sociedades, funciona como articulador de una serie más de opresiones, por lo cuaĺ es imposible desmantelar una sin desmantelar el eje principal.

Nadia Roso, Lesboterrorista, define al patriarcado[3] como “la apropiación individual y colectiva de la clase mujeres por parte de la clase hombres, sostenida ésta por el régimen heterosexual[4] (binario, opuesto, complementario, creador de la diferencia sexual y de los géneros), resultando en un orden social jerárquico basado en esa división de sexo-género y en la explotación de un grupo-clase social por el otro”. Aclara que para ganar en claridad habría que explicar las características de cada clase (que no grupo biológico) sexuada. Y la relación de una con un completo simbólico entendido como lo masculino y otro entendido como lo femenino como organizadores del mundo y cosmovisión”.

Feminismo: Toda acción de cada mujer, que individual y colectivamente en todos los calendarios y geografías, ha luchado y lucha contra los patriarcados y su patriarcalidad[5] para destruirles, construyendo opciones para la vida digna, en acto.

Nosotras: Quizá si retomamos puntos claves, podemos construir las definiciones de las colectividades de nosotrAs. ¿cómo definimos las nosotrAs que vivimos y donde nos relacionamos?. Acá proponemos pensar sobre nuevas colectividades en femenino, haciendo énfasis en ¿Qué nos duele? Y ¿cómo resistimos? Y de eso que nos duele y nuestras resistencias ¿con quiénes las compartimos?; no se trata pues de pensar o de ver lo que está lejos, sino mirar lo que nos pega, nos duele y cómo reaccionamos ante esos dolores. Partimos de que esos dolores y esa rabia pueden organizarse para resistir, para no dejarnos vencer; se trata pues, de no negar el dolor, sino de hacerlo palabra y acción partiendo siempre de quienes somos, de dónde estamos, de con quienes convivimos. Para la construcción del nosotrAs partimos de nuestros cuerpos y de nuestros dolores; también de nuestras historias, experiencias y recursos. A veces por los contextos, por las edades, las prioridades son diferentes y todas son válidas; quizá el único límite es qué tanto nuestras prioridades buscan asimilarse en el sistema actual y sólo reformarlo y qué tanto buscamos y accionamos para construir otras formas, otros modos, otras relaciones que no estén regidas por ese sistema de opresiones que se ha construido sobre nuestros cuerpos. Y creemos también que las diferentes resistencias (es decir los diferentes dolores organizados con los modos propios de cada colectividad, de cada una de nosotrAs en nuestros lugares y momentos) pueden entretejerse para apoyarse, sin jerarquizar las luchas; haciendo acuerdos sobre los qué, los cómos, los cuándo, los dónde y los para qué en este acompañarnos.

Rebelde: Porque creemos que mientras exista este sistema dominador, seguiremos luchando de toda las formas que encontremos, no bastará con que cambie una parte del sistema, digamos el económico; para nosotras es necesario que caiga el sistema completo; por ello también es necesario ir construyendo otros sistemas, desde otras cosmovisiones.

Ley: Retomamos la palabra Ley en primer lugar como homenaje a la Ley Revolucionaria que nació desde las mujeres Zapatistas en 1993, el primer levantamiento, antes del levantamiento del 1 de enero de 1994. También le llamamos Ley porque es un conjunto de ideas que buscan construir acuerdos. Es una Ley muy otra porque no está dictada por una Ley superior, ni se busca que la cumplan autoridades, es más un faro guía para nosotras.

Abya Yala[6]: Porque reconocemos la necesidad de mirar abajo, a lo olvidado, a lo nombrado de otros modos, pensado de otros modos y porque reivindicamos nuestra necesidad de aprender de nuestros pueblos originarios, aprender de manera crítica y focalizando las resistencias de las mujeres en los pueblos originarios y como parte de ellos.

NosotrAs en Abya Yala, nos hemos puesto de acuerdo para construir esta Ley como un aprendizaje de nuestras hermanas en la lucha de las comunidades Zapatistas, de otros pueblos originarios, de colectividades en las ciudades sótanos del mundo, en los barrios; y al mismo tiempo reconociendo que vivimos en contextos diversos. Decimos nosotras quienes tenemos un cuerpo leído como mujer y fuimos construidas a partir de ahí para ser femeninas, para pensar-sentir-hacer-mirar-relacionarnos-historizarnos-organizarnos en femenino desde el binomio heterosexual[7].

Expresamos nuestra Ley no en términos de derechos y obligaciones; sino en términos de opciones; porque reconocemos que es una lucha permanente en tanto el patriarcado exista y por ello, nuestra convicción es sostener la rebeldía desde la resistencia y luchar construyendo autonomías en nuestros contextos más cercanos. Y porque no estamos pidiendo nada, ni esperando a que nos den del arriba, sea este arriba los hombres de izquierda o el estado feminicida; por el contrario, reconocemos las luchas de todas las mujeres como construcciones de opciones para nuestra vida; de las que podemos aprender, compartir e ir entretejiendo para construir otros mundos.

La Ley está pensando como un faro, una guía que nos permita construir, en nuestros espacios, relaciones que se escapen de la lógica de dominación que imponen el patriarcado y el capitalismo. No buscamos que atiendan la Ley Rebelde ni el estado, ni las y los de arriba; con ellas y ellos no buscamos diálogo porque sólo nos quieren dominar o nos ignoran; para ellos sólo tenemos las exigencias que no dejaremos de gritar con nuestras acciones y nuestra palabra. El encuentro, las redes de acción que buscamos tejer son con nuestras hermanas y compañeras que luchan por una vida digna, por construir un mundo donde quepan muchos mundos en el campo y en las ciudades.

Pensamos que La Ley nos puede ayudar a mirar la vida de nuestros colectivos y colectivas, de nuestras organizaciones, de nuestras familias, de nuestro interior, para cuestionar ese patriarcado que nos invisibiliza, que nos niega, que nos violenta aún en espacios de resistencias.

Con la convicción de vivir, Decimos YA BASTA a los feminicidios; exigimos que el sistema político-económico-cultural que hace posible los feminicidios sea destruido desde abajo y a la izquierda en morado porque VIVAS NOS QUEREMOS!

NosotrAs, quienes proponemos esta Ley Rebelde en Abya Yala, expresamos nuestra convicción de que la lucha no está al lado de los partidos ni las instituciones del estado y de las empresas; sino en la construcción de autonomías ya sea entre mujeres o en espacios mixtos, donde podamos replantear las formas en que nos pensamos-sentimos-hacemos-mirarmos-relacionamos-historizamos-organizarnos y crear otras opciones que sean opciones para la vida; la nuestra.

La propuesta es que esta Ley se sostenga a partir de nuestra acción, tendrá tantos cambios como sean necesarios y siempre desde el acuerdo entre las nosotras que nos convoquemos. Quienes así lo decidamos la daremos a conocer a los compas de nuestras organizaciones para que sepan que estamos construyendo nuestra mirada y nuestra acción y que pueden caminar junto a nosotras si respetan esta que es nuestra Ley. Es decir, cada colectividad, cada una de nosotrAs decidirá cómo hacer acción la Ley, como integrarla a su praxis e irla construyendo desde esa praxis; como dos modos de lo mismo.

La organización de las opciones, es la que sufre el cambio más drástico en esta versión de la Ley[8]. En principio habíamos recuperado los 5 campos de acción (cuerpos, espacio, tiempo, movimientos y memorias) del feminismo comunitario boliviano como guía organizadora; ahora, a raíz de profundizar en nuestra propia reflexión y considerando los 7 principios ético-políticos del mandar obedeciendo de las y los zapatistas; consideramos 7 dimensiones del hacer en el nosotras que estamos siendo. Y es a partir de estas 7 dimensiones entretejidas en cada hacer que organizamos las opciones, (que evidentemente se incluyen en los 5 campos de acción del feminismoComunitario boliviano), es decir, que creemos que las 7 dimensiones son constitutivas de cada acción en los 5 campos; por ello, Enlistamos todas las acciones, al mismo tiempo que reconocemos que un campo afecta a otro y éste a otro; queremos resaltar que todas las acciones enlistadas son afectadas por los 5 campos y constituidas por las 7 dimensiones que nosotras miramos. Así, si una acción, por ejemplo que afecta al cuerpo, es decir a nuestra materialidad, no es revisada desde lo social y desde lo político, ético, estético, lógico, afectivo, creemos que necesita ser profundizada para que sea radical (para que vaya a la raíz y golpee el sistema patriarcal-capitalista-colonialista-etc.) Y no sólo, incluso mirar la acción del cuerpo en tanto materialidad, desde otros aspectos materiales como la economía; así los cuestionamientos se entretejen y se fortalecen para que la praxis sea radical. Proponemos imaginarnos las 7 dimensiones como un espiral, donde cada dimensión tiene un color (negro, blanco, café, rojo, verde, amarillo, azul) que se entreteje con las otras 6 dimensiones y generan otros colores como el morado por ejemplo. Así cada acción es una espiral en 7 dimensiones, con 7 hilos tejiéndose.

Quienes suscribimos la Ley, buscamos desde NosotrAS construir opciones con las 7 dimensiones entretejidas, desde la rebeldía y la resistencia para construir mundos donde quepan muchos mundos. Creemos que las 7 dimensiones son básicas y necesarias, no jerarquizadas. Así cada acción que realizamos para corporalizar y concretar cada opción, está constituida por las 7 dimensiones entretejidas y por ello hay que intencionarlas todas en conjunto, visibilizándolas, sin dejar atrás alguna o para después o suponiéndola ya resuelta. En cada dimensión sugerimos algunas preguntas a plantearnos para profundizar en su comprensión y nos sirvan para situar la reflexión de nuestras acciones pluridimensionales:

Dimensión material: (corporalidad, territorialidad. lo económico y la creación-producción-reproducción; producto de la vida en estas 7 dimensiones, que para el caso de nosotras incluye nuestra potencia -que puede o no experimentarse- de crear-producir vida[9] , además de la nuestra, otras y producir alimento de nuestra carne: leche materna, además de todo lo que producimos con nuestro trabajo vivo). E incluye el continum eros-tánatos como devenires en esta dimensión. Así como el continum fragilidad-perseverancia. Esta dimensión es el soporte de la vida y de nuestras luchas e implica la revisión exhaustiva de cómo sostenemos la vida, de cómo producimos para la vida y de cómo corporalizamos las otras dimensiones en lo individual y en lo colectivo. Reconocer en nosotras y en la vida la fragilidad y la perseverancia, no como opciones que se excluyen, sino como elementos constitutivos de todo lo material. Cuestionar-me-nos ¿Cómo expreso mi ser frágil y perseverante? ¿Cuándo y cómo inicié/dejé de suponerme frágil por ser mujer? ¿Cómo comparto mi fragilidad y perseverancia en las relaciones que construyo? ¿Cómo entretejo ésta dimensión con el resto sin suponer ninguna más o menos importante? ¿Qué, cómo y Para qué construyo en compañía? ¿Cómo reconozco la materialidad de lo que no soy yo? ¿Cómo anulo aquello que obstaculiza la vida en acto? Y aquí recuperar cómo nuestras ancestras, nuestras contemporáneas y nuestras descendientes nos comparten sus formas de resistir en la vida en acto. Pues desde la Ley asumimos que todas nosotras, de todas las edades tenemos experiencias de resistencias por el sólo hecho de haber nacido en un cuerpo leído y haber sido subjetivadas desde ahí como mujeres.

Dimensión lógica: construcción del pensamiento (creación de la racionalidad). Visibilizar las categorías de la lógica patriarcal-patriarcalizada y abandonarlas: ésta racionalidad es dicotómica e implica, para el caso de los hombres: ser en sí-,ser para sí, expandirse/; y para las mujeres, nosotras: ser en otros, ser para otros, contraernos. Cuestionar las opciones aparentes que no anulan el terreno de la guerra actual contra nosotras para que los hombres sostengan sus privilegios. Esta lógica es además de dicotómica o trinitaria,[10]jerárquiza, genera taxonomías que asignan características predefinidas a los cuerpos y nos obligan a actuar en consecuencia. Aprender de las cosmogonias de los pueblos originarios y sobre todo de las mujeres en éstos, poniendo atención en sus formas de resistir desde sus modos de organizar el mundo, sus pensamientos, sus ideas y de construir el tejido de la vida. Y quienes como muchas de nosotras hemos sido lejanas de la vida en los pueblos originarios, necesitamos mirar hacia allá y no hacia europa, ni hacia estado unidos o hacia el pensamiento de los hombres; sino hacia las mujeres en los pueblos originarios de Abya Yala. ¿Lo que pienso me sirve para vivir o vivo para pensar? ¿Cómo clasifico, leo mi realidad? ¿Cómo entretejo mi pensar con mi sentir, con mi actuar y con el resto de las dimensiones? ¿Cómo problematizo lo que vivo? ¿Para qué construyo pensamiento? ¿Desde dónde miro lo que miro? ¿Cómo comparto lo que pienso? ¿Cuestiono las formas de pensar que me han impuesto desde la academia androcéntrica, colonialista, blanquizada y euronortecentrista? ¿Cómo construir otras formas de pensar-organizar lo que llamamos realidad?.

Construir categorías que no jerarquicen es el reto central del proceso de despatriarcalizar.

Dimensión afectiva: Reconocer que la afectividad ha sido señalada como una categoría inferior y femenina respecto a lo racional masculino; dejar de culparnos por sentir y apreciar que somos seres con la capacidad de vivir afectos; y que éstos se entretejen con las demás dimensiones dándoles lugar en el cuerpo que también somos. Preguntarnos, preguntarme ¿Cómo expreso mis afectos, mis sentires? ¿Cómo los entretejo con las otras dimensiones? ¿De qué manera me afectan los afectos de mi entorno? ¿Cómo construyo desde mis afectos? ¿Uso mis afectos y los afectos de otras personas para convencer o para vencer? ¿Busco compartir mis afectos sin imponerlos? ¿Mis afectos me permiten compartir mis pensamientos para convencer sin vencer? Y sobre todo, reconocer que también nuestros afectos han sido aculturizados, por lo tanto algunos nos aprisionan, pero hay otros muchos, despreciados por el patriarcado, como acoger, compartir, colaborar; que nos han ayudado a construir redes afectivas para la vida nuestra, de nosotras. Visibilizar nuestras formas de lucha que desde la afectividad nos han arropado y cobijado en este mundo tan desolador para nosotras.

Recuperamos algunas palabras de Nadia Rosso, para seguir pensando esta dimensión:

“ ..atributos…que aumentan nuestras capacidades y potencias, como la empatía, amorosidad, escucha, reflexividad, cuidado entre nosotras, la cercanía con nuestra cuerpa, la capacidad lingüística. Estas son, además, cualidades que el patriarcado desdeña y desecha: el “exagerada, histérica” es la relación estrecha con nuestras emociones. El “parloteo, chisme” es nuestra capacidad de reflexividad y construcción de conocimiento horizontal. El “sensiblona, chillona” es nuestra capacidad empática y emocional. Nuestra inteligencia social, lingüística y emocional, por ejemplo. No ser invasivas, acosadoras e intrusivas es algo reivindicable. No resolver las cosas a golpes sino hablando. Sí, muchas cosas de eso que han dado en llamar “feminidad” son reivindicables. Curiosamente todas esas son devauladas por el patriarcado.”

Dimensión ética: los modos en que construimos nuestras relaciones. Visibilizar en mí y en las nosotras que construimos, la actual construcción y lectura dicotómica de la realidad desde donde se crean relaciones normativas, es decir morales; donde la medida de toda la humanidad, es decir los hombres, reglamentan cómo deben ser las relaciones. Así pues, es necesario cuestionar las categorías lógico- éticas como producto cultural y construir categorías desde otros fundamentos y potenciar otros devenires lógico-éticos-afectivos-estéticos-políticos-sociales-materiales. Mirar abajo y a la izquierda en morado hacia los pueblos originarios que construyen relaciones multidimensiones consigo mismos y con su entorno, sin olvidarnos de mirar con atención a las mujeres en esos pueblos, que han resistido a los patriarcado ancestrales-originarios. Reconocer la singularidad en cada relación y aprender desde el asombro y del descubrimiento de las singularidades de lo que soy y de lo que es. ¿Me relaciono desde la moral del debe ser impuesta por las instituciones patriarcales? ¿Cómo puedo romper esas inercias? ¿Cómo atiendo mis relaciones para que la singularidad se mantenga? ¿Desde dónde vivo las relaciones que tengo con mi entorno, incluidas las personas? ¿Para qué construyo mis relaciones? ¿Busco servirme de mis relaciones o servir en ellas? ¿Construyo relaciones verticales u horizontales con mi entorno?

Dimensión de lo político: (obviamente no partidista, ni de gobierno de estado): Recuperar para nosotras, la necesidad de encontrarnos para construir nuestro “bien vivir”. Cuestionando en primer lugar la dirección de desarrollo:

a) Expansión/contracción actual, que somete a los pueblos originarios, a los sótanos del mundo y las mujeres en tanto clase socio-sexual, a una contracción en todos los ámbitos mientras el planeta sufre los modelos expansionistas, extractivistas y predadores del capitalismo patriarcal y

b) Visibilizar los modos de lucha que nacen desde la contracción-resistencia[11] de los pueblos y en los sótanos del mundo y sobre todo de las mujeres en los pueblos y en los sótanos para seguir resistiendo, es decir, viviendo y construyendo opciones para que esa vida sea digna desde la autonomía.

c) Imaginar e ir construyendo y aprendiendo de quienes ya lo andan haciendo desde la resistencia-contracción-expansión-autorregulándose, mirando los modos de la tierra como ser vivo.

En lo político, además, cuestionar si miramos sólo al futuro como lo exige el capital o tenemos otras formas de mirar el tiempo, los tiempos largos de la tierra, de las culturas, de la vida individual, del sol y la luna; si tenemos una concepción lineal del tiempo o si vamos construyendo tiempos para la vida, no para el capital. El tiempo de la redención, es el tiempo del ahora, el tiempo aquí, entretejido con el futuro y el pasado. Y recordar que todo lo personal es, no sólo político, sino multidimensional, como aquí lo expresamos. Así que, a mirar la dirección de desarrollo y los tiempos con los que vivimos y preguntarme-nos ¿Mis tiempos son sólo para producir y consumir o busco que sea tiempo para la vida? ¿Cuál es la dirección de desarrollo para mi vida? ¿Desde dónde mido el tiempo: desde las necesidades de producción y consumo o desde mis necesidades vitales y de las necesidades de mí alrededor? ¿Mi idea de relacionarme con éxito es mandar? ¿Mi idea de desarrollo es acumular y apropiarme sin importar si despojo a otras y otros? ¿Obedezco los tiempos de mi cuerpo, de la naturaleza y del entorno para la vida? ¿Cómo comparto mi tiempo con mi entorno?.

Dimensión estética: Visibilización de la posición de quién percibe respecto a lo percibido, haciendo conciencia desde dónde percibimos la realidad y hacia dónde se enfoca nuestra atención y para qué. Es decir, revisar si miramos desde o hacia lo que suponemos el centro o el arriba, lo importante, lo que importa o si reconocemos nuestra posición periférica y desde abajo en tanto subjetivadas mujeres y en nuestro caso desde los sótanos del mundo. Y también clarificar si aspiramos, anhelamos ir hacia el centro/arriba o queremos que no haya centros ni arribas para que así el terreno de la guerra se anule[12]. ¿Cuál es mi posición ante el mundo? ¿Qué percibo? ¿Para qué percibo, es decir para que enfoco mi atención a lo que la enfoco? ¿Mis críticas a lo percibido van con propuestas? ¿Reconozco que mis propuestas son eso o las presento como imposiciones? ¿Cómo entretejo esta dimensión con las otras 6 para mantener conciencia sobre mi posición? ¿Para qué necesito la dimensión estética en cada una de las luchas que sostengo en el día a día? Dimensión social: En esta dimensión se entretejen nuestras historias como parte de una colectividad.Cómo me construyo y expreso las demás dimensiones en un calendario y geografía específicas en compañía de un grupo de sujetos también delimitados por las otras 6 dimensiones? ¿Para qué me acerco o me alejo? ¿Desde dónde busco compañía? ¿Qué comparto y qué me guardo? ¿Reconozco que las maneras como me relaciono son sólo algunas entre otras muchas formas o asumo que son las únicas existentes? ¿Me asumo como líder o cómo seguidora en cualquier relación? ¿Escucho y aprendo en mis relaciones sociales? ¿Soy consciente que puedo cambiar las formas en que me relaciono para dejar de seguir o liderar y construir relaciones horizontales y comunitarias?

Así, mantenemos nuestra convicción de entretejer en cada acto, en cada acción estas 7 dimensiones que están también en construcción-recreación:

Otras lógicas: Construcción de categorías simbólicas-teóricas, para organización horizontal y espiral de nuestros saberes-haceres-sentires-miradas-historias-relaciones-organización.

Otras estéticas: desde abajo y hacia abajo, desde y hacia nosotrAs

Otras éticas: relaciones singulares-comunitarias

Otras afectividades: potencias en nuestro cuerpo, desde nuestros acontecimientos y para la vida digna. Sin imponer a otros cuerpos, reconociendo nuestra interdependencia con la tierra.

Otras Políticas: Para nosotras nada, para todas todo. Otra forma de organizar el mundo que no parte de binomios jerarquizados

Otras perspectivas sociales: Historia construida entre todas sin heroínas, colectivas, comunitarias.

Otras materialidades: Desde la tierra y los cuerpos para la vida en acto.

Desde estas dimensiones entretejidas en el hacer, entonces, para la vida, la vida nuestra, en acto y digna, construimos:

1) Opciones para que el género binario y jerárquico no nos oprima desde nuestro nacimiento, asignando menos valor a nuestro cuerpo sólo por tener vulva y ser leído como mujer, mientras vamos construyendo otros modos de organizar el mundo.

2) Opciones para crear individual y colectivamente estrategias de autodefensa frente a la violencia feminicida del sistema, mientras exista. Es decir, reconocernos con la capacidad de hacer músculos, planes, alianzas, memoria, para mantenernos alertas, ágiles y fuertes frente a las amenazas continuas.

3) Opciones para despatriarcalizar y descolonizar nuestro pensamiento y nuestra acción. Y así visibilizar y denunciar a quienes desde los feminismos blancos y euronorcéntricos siguen colonizándonos desde su posición hegemónica no autocrítica, hablando de Abya Yala y usurpando espacios e invadiendo procesos desde su pretensión de universalidad.

4) Opciones para decidir sobre nuestro cuerpo y salud, en todas las esferas incluida la reproductiva; así como de conocer remedios naturales, usarlos e intercambiar estos conocimientos entre nosotras.

5) Opciones para ejercer nuestra sexualidad como decidamos y vivir dignamente las relaciones afectivas y sexo-afectivas que construimos.

6) Opciones para pensarnos y nombrarnos en femenino y desde lugares diferentes a la sumisión, abnegación y el ser para otros. Mientras siga existiendo este sistema binario y jerárquico. Y que en los mundos que construimos desde abajo y a la izquierda se contemple como un imperativo permanente.

7) Opciones para alimentarnos saludablemente sin poner primero a los hombres de casa, en el trabajo o en los espacios organizativos y de lucha, ni a los estándares de belleza impuestos por el heteropatriarcado-capitalista.

8) Opciones para recuperar y resignificar el lenguaje para que ya no nos excluya, ni nos insulte, ni nos menosprecie. Incluso recuperar palabras que nos permitan una mejor compresión y construcción de nuestros mundos no capitalistas, no patriarcales, no colonialistas, no sexistas, no clasistas, no capacitistas. Palabras como feminismo, patriarcado, género, sexo; pero no desde la visión occidental academicista, sino desde nuestra posición política-geográfica y de clase en tanto mujeres en Abya Yala. Incluso las palabras ley que la ha secuestrado el estado despojándola de su significado de elección; y convertirlas en herramientas nuestra para cuidarnos nosotras mismas.

9) Opciones para denunciar (en la familia, en las redes, pública y legalmente) las agresiones en forma de abusos, acosos, violaciones, que perpetran contra nosotrAs y exigir del estado respuestas pertinentes, en tanto exista ese sistema, al cual queremos destruir. Al mismo tiempo que generamos opciones de autodefensa feminista contra éstas violencias.

10) Opciones para seguir exigiendo a los diferentes niveles del mal gobierno, mientras exista, que deje de legislar sobre nuestros cuerpos y nuestras relaciones afectivas y despenalice el aborto; pues al “legalizarlo” genera ilegalidades; es decir, al poner un marco de legalidad, deja fuera situaciones que se convierten en crímenes. En nuestro cuerpo gobernamos nosotras, no el estado, la religión ni los hombres.

11) Opciones para que sean visibles, con reconocimiento y respeto nuestras formas de organizarnos, de construir, de autogobernarnos, procurarnos salud y educación; desde nuestros modos como mujeres en resistencia.

12) Opciones para anular el terreno donde es posible esta guerra que busca mantenernos dominadas en tanto cuerpos sexuados leidos mujeres – subjetivadas desde ahí- y en tanto viviendo en los sótanos del mundo. Anular desde la autonomía, para ello necesitamos dejar de ser lo que somos, reivindicando las estrategias y herramientas que hemos construido en resistencia para crear un mundo donde quepan muchos mundos desde nuestras formas y modos.

13) Opciones para construir espacios de educación, crianza, salud, creación artística y científica despatriarcalizante para nosotras, para nuestras hermanas, madres, hijas, tias, abuelas, compañeras, amigas.

14) Opciones para usar nuestro tiempo en conversar, reproducir la vida, descansar, entre nosotras, compartir la vida, las penas, las alegrías y nuestras resistencias.

15) Opciones para que nuestro quehacer dentro de casa y en las organizaciones de lucha y resistencia sea reconocido como trabajo nuestro, vivo y con momentos de dignidad en tanto se suma y posibilita la vida colectiva. Y cuestionar las cargas de trabajo para que se redistribuya de forma justa dentro y fuera de casa y de los espacios organizativos.

16) Opciones para producir con nuestros medios, modos y formas, nuestra vida y no regalarle nuestro tiempo al capital, ni consumiendo ni permitiendo que nos exploten con los salarios que nunca son justos.

17) Opciones para exigir al estado, mientras exista y a nuestros compas que vamos a habitar las calles, nuestros hogares, nuestros lugares de trabajo y nuestras organizaciones de lucha y queremos hacerlo sin padecer el acoso, la violencia verbal, física, sexual. Y construir mecanismos de autodefensa feminista para que ello ocurra. (nota: revisar el numeral 9 para desambiguar)

18) Opciones de recuperar tierra para habitarla nosotras con nuestros modos y en nuestra compañía.

19) Opciones para acercarnos a los pueblos originarios de donde descendemos, y de los que el capitalismo patriarcal y colonialista nos desarraigó o lo intenta permanentemente.

20) Opciones para bloquear, eliminar y reportar a quienes nos insulten en las redes sociales. E incluso crear redes exclusivas para nosotras y que nos permitan seguir entretejiéndonos también desde la distancia. Y encontrar los modos de usar software libre para reemplazar el privativo que nos vulnera. Dejar de ser consumidoras también en el cibermundo. Al mismo tiempo que reconocemos que la violencia en las redes es sólo un reflejo de las otras violencias feminicidas y misóginas constitutivas del sistema que buscamos anular.

21) Opciones para crear espacios autogestivos donde nuestras voces sean escuchadas y respetadas.

22) Las opciones para participar activamente en la toma de decisiones, en la construcción de acciones, como participantes y responsables tanto en nuestras unidades de convivencia (familia, amistades, etc) como en nuestros espacios de lucha.

23) Las opciones para transitar libremente por el territorio de Abya Yala; pues las fronteras las ha impuesto el patriarcado y las ha reforzado el capitalismo con su absurdo de propiedad privada. ¿Cuánto terror, sangre y violencia hacia nosotras ha provocado este absurdo?

24) Opciones para vivir en el presente digno, sin dejar de mirar el pasado y sin que nos acose el no futuro que nos impone el capitalismo patriarcal.

25) Opciones para construir categorías cosmogónicas: lógicas-efectivas-éticas-materiales- políticas-sociales-estéticas que nos permitan comprender mejor nuestras luchas y para qué éstas sean fructíferas y nos permitan además desaprender lo que el patriarcado capitalista nos ha impuesto, reconociendo que nos construyeron diferentes a los hombres y para servirles a ellos y luego han intentado hacernos creer que somos iguales.

26) Opciones para reunirnos sólo mujeres sin que ello sea motivo de insulto, sospecha, desprecio u otras formas de violencia. Nosotras, de las mismas y diferentes edades, cuidando que el adultocentrismo no se imponga ni someta a las más jóvenes; ni las más jóvenes desprecien a las de otras edades.

27) Opciones para crear redes con otras mujeres en colectivas y de manera individual, que viven y luchan en otros continentes y que también se rebelan contra el capitalismo, contra el patriarcado, contra el colonialismo.

28) Opciones para denunciar que el patriarcado nos ha despojado de nuestros cuerpos y de nuestro placer; para servir a los hombres, sus necesidades, sus anhelos, dejando atrás los nuestros y sometiéndonos a trabajo sin paga, como esclavas. Y reapropiarnos no patriarcalmente de lo que hacemos para la vida digna y en acto.

29) Opciones para exigir al estado y al capital, mientras existan, que cese la guerra de exterminio a la que estamos sometidas y que nos regresen a quienes nos han desaparecido.

30) Opciones para crear nuestros medios y redes de información para romper los cercos informativos-mediáticos y conocernos, saber de nosotrAs para cuidarnos entre nosotras, aprender de nosotras y con nosotras.

31) Opciones para ser adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona si así lo decidimos u optar por otras agrupaciones disidentes, siempre al margen de los partidos políticos y sus agrupaciones parapartidistas, estatales y empresariales. Y expresar en estas agrupaciones nuestras demandas, nuestras miradas y nuestras opciones.

32) Opciones para visibilizar las estrategias de resistencia que tenemos y aumentarlas en otros ámbitos de acción; es decir, que quienes estén resistiendo desde las artes puedan, si así lo deciden, aprender oficios o formas de producción de alimentos, salud, educación, y viceversa. Y que cada aprendizaje se sume a la resistencia como una acción permanente para la vida.

33) Opciones para revisar, cuestionar y modificar nuestros patrones de consumo para evitar seguir enriqueciendo el capital y que nuestros recursos, incluidos nuestro dinero, apoyen otros procesos autonómicos.

34) Opciones para aprender los modos de resistir de nuestras ancestras consanguíneas y de lucha, de nuestras compañeras y hermanas, de nuestras hijas y descendientes.

35) Opciones para construir y compartir nuestra mirada entre nosotras y en nuestros contextos, de manera horizontal.

36) Opciones para crear colectivamente nuestros pensamientos y nuestros modos de hacer y estar en el mundo desde nuestros cuerpos situados en calendarios y geografías de manera pluridimensional.

37) Opciones para poner por escrito con lápiz, bordado, pintado, en danzas, canciones, grafittis y otros medios, nuestras historias para compartirlas con otras que son parte de estas nosotras que somos .

38) Opciones para expresarnos de forma oral y escrita con las palabras que sabemos, con el tono que usamos y que esto no nos ponga en desventaja frente a otras palabras, a otros tonos, otras experiencias (resistir el clasismo, el academicismo colonialista, racismo y adultocentrismo).

39) Opciones para elegir la palabra frente al silencio para compartir con otras nuestras historias y luchas. Sin despreciar los silencios que tan necesarios han sido en nuestras luchas. Que cuente nuestra palabra y nuestro silencio.

40) Opciones para denunciar como el sistema heteropatriarcal-capitalista nos quiere despojar también de nuestras luchas y se ha apropiado, banalizado y pervertido, herramientas como la perspectiva de género para convertirla en un discurso vacío desde la equidad de género que no genera cuestionamiento alguno hacia este sistema feminicida.

41) Opciones para visibilizar como los privilegios de los hombres en este sistema, obstaculizan nuestras luchas no sólo desde la violencia explícita, sino desde la intromisión en nuestros procesos organizativos; apropiándose de nuestras reflexiones para luego dárnoslas como lecciones con su voz autoritaria. Por ello, construimos también opciones para abandonar la tarea de educar a los hombres, para hacer el patriarcado “más amigable” “menos violento”. Nosotras luchamos para que el patriarcado ya no exista más.

42) Opciones para que podamos denunciar la violencia obstrética que se vive en las instituciones de gobierno y que procesos reproductivos como parto y aborto sean realizados en lugares donde seamos respetadas, acompañadas dignamente; sea en casa o en espacios que nosotras elijamos.

43) Opciones para decidir desde nuestra experiencia la manera en que queremos vivir nuestra ancianidad y nuestra muerte. Que no siga el estado patriarcal, mientras exista, quitándonos la posibilidad de tomar acción para considerar nuestra vejez y nuestra muerte como parte de nuestra vida colectiva, como de por sí, es.

… El alcance de esta Ley: Creemos que nos permite refleccionar sobre nuestra praxis individual y colectiva e identificar cuánto nos ha penetrado –constituyéndonos- el patriarcado y su patriarcalidad, de cuánto nos ha despojado y cuánto tenemos por construir. Al mismo tiempo nos puede ayudar a mirar las prácticas patriarcales machistas en nuestras organizaciones, en nuestros espacios de convivencia, que dificultan el caminar en la construcción de otras relaciones y también puede darnos pistas de los reclamos y exigencias que estamos sosteniendo frente al estado patriarcal y capitalista mientras exista. Al mismo tiempo que nos permite visibilizar todos los frentes de lucha que hemos construido y sostenemos desde las nosotras que somos. Hacemos nuestras las 13 demandas del EZLN y quienes habitan Los Caracoles Zapatistas y queremos construir las opciones para que se cumplan cabalmente también para NosotrAs desde y en autonomía:

➔ Tierra,

➔ Vivienda,

➔ Trabajo,

➔ Alimentación,

➔ Salud,

➔ Educación,

➔ Cultura,

➔ Información,

➔ Independencia,

➔ Democracia,

➔ Libertad,

➔ Justicia y

➔ Paz

(fuente: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/… ).

Nosotras agregamos:

➔ Vida

Introducción a los feminismos: una mirada desde los sótanos del mundo

Texto producto del curso “Introducción a los feminismo” Facilitadora: Luisa Huerta Organizado por: Generadoras A. C.

¿Cómo construí este texto? Como un caracol: a partir de una serie de preguntar retomadas del pensamiento crítico Zapatista, reviso los contenidos, reflexiones, análisis compartidos con Raiza, Andrea, y Luisa , aplicando cada pregunta al tema completo, por eso es como un caracol, porque regreso una y otra vez al tema pero haciéndole preguntas diferentes. La mirada en este texto es desde y para nosotras en los sótanos del mundo; comparto para mirar y remirar, refleccionar, recuperando en estos procesos aquello que nos permita seguir construyendo nuestra historia y nuestra praxis. Seguramente hay quienes no coincidan con esta historia y está bien, esta es sólo una mirada desde acá a los feminismos de los que estoy aprendiendo y viviendo.

¿Qué dicen-hacen? ¿Quiénes?

“el germen de la resistencia se encuentra en la parte subalterna de cualquier relación de dominación”

A partir de la idea de que desde la primera relación de dominación han existido reacciones disidentes en y desde la parte subalterna, que se negaron y niegan a aceptar la alienación de su ser-hacer en construcción y partiendo de la idea de que la primera relación de dominación fue contra el cuerpo-sexuado de las mujeres, de nosotras; Creo que lo que ahora nombramos como feminismo con diferentes adjetivos, ha sido una práctica presente en las diferentes culturas en todos los tiempos; no sabemos como eran nombradas esas luchas, al menos no desde quienes las construían como estrategia de sobrevivencia; pero palabras como brujas, expresan la forma en que eran nombradas mujeres de conocimiento y con autonomía aún antes de la palabra feminismo.

Ahora bien, la palabra feminismo, que nace en Europa, nombra, en su nacimiento, una serie de acciones organizadas de y por mujeres desde un cierto horizonte de lucha, en tiempos específicos: buscaron el derecho al voto por ejemplo e igualdad de derechos en los regímenes políticos-estatales que los hombres.

La palabra feminismo y su historia en Europa y en Estados Unidos, específicamente entre población blanca, es la más conocida actualmente en parte porque esas mujeres y quienes les sucedieron, tenían acceso a la academia, a la escritura y los recursos para publicar sus plataformas y en muchos casos, sus reivindicaciones fueron capitalizadas (robadas) por los regímenes a quienes ellas cuestionaban. Y ellas desde sus luchas, no visibilizaron otras luchas de otras mujeres, con otras condiciones; por ejemplo, de mujeres negras, esclavas, pobres, lesbianas; que también vivían en estos países y que también estaban construyendo sus luchas pero de otros modos e incluso con otros horizontes.

Al hacer su historia, las feministas blancas europeas y norteamericanas, buscaron recuperar las historias de luchas de otras, que ellas consideron sus iguales; por ejemplo, Olympia de Gouges que lucho en la Revolución Francesa o Mary WallstoneCraft activista Inglesa; en lo que llamaron la primer Ola del feminismo en la cuál mencionan también acciones hechas por mujeres blancas en favor de la emancipación de las mujeres blancas europeas y norteamericas. Esta historia del feminismo está bastante bien documentada y organizada por olas; actualmente, según este modelo, los feminismos se encontrarían en la 4° Ola. De entre las autoras más reconocidas encontramos a Simone de Beauvoir, Francesa que vivió ya en el siglo XX. “Lo personal es político” y “No se nace mujer, se llega a serlo” son dos frases que expresan el pensamiento de ésta feminista que cuestiona la construcción de las mujeres desde la otredad.

Otra francesa, Monique Wittig, también del siglo XX y considerada parte de la segunda ola del feminismo blanco europeo-norteamericano, argumenta la idea de que no sólo el género (mujer-hombre) es una construcción social, sino que el mismo constructo-práctica: sexo, es una construcción social e incluso afirma que la heterosexualidad es un régimen político que sostiene y es sostenido por el sistema cultural-económico-religioso actual.

Estos planteamientos (Lo personal es político, no se nace mujer… y no sólo el género, el sexo es una construcción social y la heterosexualidad como régimen político) los retoman y profundizan feministas actuales como Karina Vergara Sánchez, Nadia Rosso, Luisa Huerta, Julieta Paredes, Adriana Guzmán, Maria Galindo, Lorena Cabnal y Ochy Curiel y complejizan, desde sus contextos en Abya Yala el análisis al reconocer lo que han llamado Matrices de Dominaciones (el entretejimiento de la clase, raza, género y sexualidad) que genera condiciones específicas en las que las relaciones de dominación, desde el género y la sexualidad se acentúan generando pauperización, despojo, discriminación y violencia hacias las mujeres pobres, lesbianas, de pueblos originarios, etc. Como lo expresa también Gloria Andalzúa, feminista Chicana, que falleció apenas en el 2004 cuando habla de su ser mujer chicana, enferma y luchadora.

Y no sólo retoman conceptos, sino que las mujeres en Abya Yala crean conocimientos a partir de sus propias prácticas libertarias. Ellas no suelen ejercer su praxis feminista desde la academia, rechazan la onegeización del feminismo y reivindican los modos propios en la construcción de procesos autonómicos.

Así pues, si bien hay diferentes definiciones de feminismo; recupero la del feminismocomunitario de Bolivia que dice: “Feminismo es la lucha de cualquier mujer en cualquier parte de la historia, en cualquier parte del mundo que lucha o se rebela ante un patriarcado que la oprime o la quiere oprimir”.

¿Por qué?

Las luchas disidentes de las mujeres, en todos los tiempos y en todos las culturas, al menos en la historia que conozco y alcanzo a entender; partieron del hecho de vivirse oprimidas o privadas de privilegios que los hombres en esos contextos y tiempos si gozaban. Fue de esos malestares que nacieron las luchas de lo que hoy llamamos feminismo.

Frente a la pregunta ¿contra qué luchamos?[1] Los feminismo pueden dar diferentes respuestas algunas sistémicas y otras radicalmente antisistémicas; de la que yo quiero escribir, es la respuesta de los feminismos radicales, que expresan que su lucha es contra el sistema patriarcal que tiene como base la heterosexualidad. [1] Pregunta que también retomo del pensamiento crítico Zapatista

No es casual que muchas feministas no blancas, pobres y no heterosexuales en Abya Yala, aunque también en Estados Unidos y Europa, hayan visibilizado a partir de el siglo pasado y este, que la relación subalterna de las mujeres respecto de los hombres, sostenida por todas las instituciones del sistema, es la que sostiene al sistema mismo; pero no sólo, sino que el género en tanto construcción se entreteje con la raza, la clase y la sexualidad, también construcciones sociales binarias de dominación/subalternidad, para constituirse en la matriz básica de dominación, que sustenta y posibilita la hegemonía del patriarcado y del capitalismo actuales.

Y es a partir de visibilizar este sistema actual, que han podido, ellas, develar otras trampas, como la naturalización de la orientación sexual, de la maternidad desde el “instinto materno”, la unión heterosexual que valida el matrimonio como única forma “correcta” de vivir, y los señalan como dispositivos que el sistema ha creado para mantener a las mujeres en esa posición subalterna para explotarnos; pues el trabajo no remunerado que se hace en casa, en nombre del amor a la familia como base de la sociedad, es lo que sostiene al actual sistema capitalista y por ese mismo sistema es que se mantiene la propaganda insidiosa de tener hijos e hijas: para crear ejércitos de pobres que trabajen en condiciones de esclavitud y para que consumamos: por ello, afirmar que todo lo humano es una construcción social que crea-afecta-condiciona nuestra relación con lo biológico, con la vida; implica un cuestionamiento permanente frente a todas las sujeciones que vivimos.

Feminista como Gloria Andalzúa, Chicana, pero no sólo, retoman los malestares en el cuerpo, para problematizar su ser mujer, su identidad lesbiana como doblemente marginalizada. Malestares que además de echar por tierra el ideal de salud de la modernidad capitalista, nos indican aquello que nos duele de la relación con el propio cuerpo, nuestras conductas y sistemas de percepción e interpretación impuestas, con las demás personas, a partir del lugar que el sistema patriarcal nos asignó al designarnos “mujeres” y de los roles que se van sumando, impuestos, como la feminidad, la heterosexualidad (que Ochy Curiel, analiza en tu obra: La nación heterosexual), pero no sólo. Es desde el cuerpo, que se van construyendo las pocas fugas y que son castigadas desde lo social por su cuestionamiento al mismo, como la lesbiandad, no como una orientación o práctica sexual, sino como una posición política que rechaza el papel que el sistema le ha dado a los cuerpos con vulvas y que cuestiona con su existencia la infalibilidad del sistema, que lo reta al apostar por vivir la vida con, entre y para nosotras y no para los hombres como lo dicta el sistema patriarcal.

Nad Ros Y Luisa Huerta, Lesbofeministas y Lesboterroristas, en la redes sociales del internet, comparten una provocadora afirmación: ¡Alesbiánate, es posible!. Esta acción política es percibida por mujeres y hombres no feministas como un atentado contra las buenas costumbres heterosexuales obviamente y a raíz de ello, las han amenazado incluso de muerte.

Desde el cuerpo, sus malestares y sus placeres, muchas feministas, que reconocen la heterosexualidad como impuesta y al sistema patriarcal como el origen de esta imposición, expresan su lesbiandad públicamente, políticamente como en el caso de Ochy Curiel, Adriana Guzmán, Julieta Paredes, Leonor Silvestre (quien se autonombra “torta”, una expresión argentina para referirse a las lesbianas), María Galindo entre otras.

¿Cuándo-dónde?

Las feministas blancas, europeas y norteamericanas, de los siglos XVIII, plantearon su lucha desde el sistema “para mejorarlo” y volverlo “incluyente”, aceptando las premisas del sistema sin cuestionar la raíz; desde mi punto de vista eso mismo hacen en la actualidad las feministas instituciones incluso en los países de Abya Yala, que desde el gobierno o desde sus oeneges, buscan incorporarse en la mejor de las condiciones al sistema, sin tener en cuenta al resto de la población atravesada no sólo por el género, sino por su sexualidad, por la clase y la raza que vive pauperizada, endeudada y en condiciones de extrema pobreza y trabajos en malas condiciones, sin seguridad, sin futuro como consecuencia del sistema económico que se sustenta en el patriarcado y se llama capitalismo neoliberal; el cual reprime, explota, discrimina y despoja a las poblaciones para robarles sus riquezas en forma de trabajo esclavizantes, despojo de territorios y en el caso de las mujeres, además, con el trabajo no remunerado en casa y de cuidado de personas enfermas e hijas/os pequeños.

Los feminismo institucionales (incluidos muchas veces las academias universitarias) generan procesos de blanqueamiento a blanquización; es decir, “formando” a las mujeres desde los ideas de europa-norteamérica blancas, para que imiten en lo posible, incluso la apariencia física, no sólo el discurso, los modos y los horizontes de luchas que son evidentemente sistémicos.

Otro fenómeno que se dan en estos feminismos es la relación jerárquica/asimétrica con mujeres que no tienen las mismas condiciones de las militantes, incluso por condición de nacimiento; así se sobrevalora lo que surge en europa y norteamérica blancas y se desprecia o devalúa lo que surge en Abya Yala; se aprecia lo que surge en las universidades que tienen modelos de pensamiento eurocéntrico y se menosprecia lo que teorizan y sistematizan feministas que hacen su praxis en la calle, en los barrios, incluso en y desde los pueblos originarios

Ambos fenómenos son copiados por las feministas institucionales en los países de Abya Yala.

Pero, mujeres en Estados Unidos, afrodescendientes, que vivieron en exclavitud, en el siglo XIX, por ejemplo Sojourner truth, alcanzaron a ver que no era desde los ideales del sistema opresor desde donde había que luchar, sino desde los cuerpos situados y con su cuestionamiento ¿No soy yo una mujer? Cuestiona no sólo al sistema, que le negó por 40 años su status de persona, sino incluso al feminismo blanco de su tiempo. Ella no fue a la universidad, no era blanca; pero desde ese calendario y geografía corporalizado, nos dejó la tarea de cuestionarnos ¿Desde dónde? Y también otros grupos culturales como las Chicanas y más recientemente en en siglo XX desde el feminismo comunitario boliviano, guatemalteco, desde la lucha de las mujeres en las comunidades Zapatistas, por ejemplo, se problematiza su ser mujer desde su cuerpo, desde sus dolores, desde sus sueños, desde su cultura y desde la condición asimétrica que viven respecto de los hombres que les implica doble o triple jornada laboral; no desde los sueños de las y los colonizadores.

¿Para qué?

Si no nacemos mujeres, sino que llegamos a serlo ¿qué sistema posibilita que esta construcción sea desde la asimetría, desde la sumisión?

Los feminismos que no cuestionan la raíz del sistema actual y buscan ser parte de el, pero no la parte oprimida, llamados por algunas autoras como Nadia Rosso, heterofeministas, buscan mejorar su calidad de vida dentro del sistema actual.

En cambios los feminismos radicales por ejemplo, de mujeres creando con Maria Galindo, en Bolivia, buscan construir alternativas que al mismo tiempo que apoyen a las mujeres precarizadas por el sistema, cuestionen al mismo; con acciones “estridentes”, creativas, disruptivas como pintas en las calles, una radio y comedor comunitarios, además de formación política, apostando a la acción rebelde, subversiva, insurrecta; al margen siempre del gobierno y cuestionando al capitalismo.

Las Lesboterroristas, que también habitan en una ciudad, acá en México, cuestionan la vida en pareja, no sólo la heterosexual y reivindican la posibilidad de construir burbujas separatistas, es decir, habitadas sólo por mujeres, donde se alian para vivir desde el placer y la lucha política, pero no para la vida en general, sino para su vida, situada, en contexto; no buscan ser heroinas de una revolución para todas; construyen en el día a día opciones para vivir dignamente en este sistema que les niega esa posibilidad. También Karina Vergara Sánchez, reivindica el feminismo separatista, además del Lesbofeminismo.

El feminismo comunitario de bolivia, según yo, ahora vive una situación compleja, pues asumiéndose lesbianas y radicales, le han apostado al proceso revolucionario que inició en 2003 en el gobierno del país, acompañando a quienes ellas llaman: hermano Evo. Y si bien mantienen una actitud reflexiva y crítica en su programa “Despatriarcalización Ya”, es evidente que no su agenda política ha quedado parcialmente condicionada a la agenda del gobierno en turno.

Ellas, en sus dos libros publicados: ¿Qué es el feminismo comunitario? E Hilando fino, han sistematizado de manera muy interesante el pensamiento feminista desde el crisol de la cultura Aimara. Para mi su trabajo teórico es de una riqueza incuestionable y quiero confiar en que lo defenderán frente al poder que implica ser parte de un gobierno, aunque éste se llame de izquierda.

También en 2003, pero en Guatemala, Lorena Cabnal, inició con una mujer llamada Maria y otras mujeres de su comunidad Maya Xinka, en la montaña, la acción/reflexión, vivencia de lo que años después, en 2010, llamarían Feminismo comunitario, sin conocer el feminismo comunitario boliviano. Ellas también reconocen que su pensamiento es diferente al pensamiento eurocéntrico y lo reivindican; al mismo tiempo que acuñaron el concepto de patriarcado ancestral originario para señalar que el patriarcado no llegó a Abya Yala con los colonizadores en el siglo XV, sino que ese patriarcado se encontró (hizo un entronque según concepto del feminismo comunitario boliviano y en el que coinciden las feministas comunitarios de Guatemala) con ése otro patriarcado, lo que significó precarización en la vida de las mujeres de las culturas en la Abya Yala, quienes además fueron usadas por los hombres de sus culturas como moneda para negociar privilegios con los colonizadores.

Las mujeres en las comunidades rebeldes Zapatistas, al mismo tiempo que se han formado en la resistencia desde 1983, pero no sólo, sino desde la llegada de los colonizadores y seguramente antes, por aquello del patriarcado ancestral originario; han ido construyendo condiciones, opciones para crear otras formas de relación entre hombres y mujeres que aporte a su paradójica guerra de “anular el terreno de su realización y las posibilidades de sus contrincantes[1]” en la tarea que se han puesto de construir mundos donde quepan muchos mundos. Con la Ley Revolucionaria de las Mujeres, que defendieron en asamblea general en 1993; las mujeres zapatistas, nos convocaron a cuestionar las leyes que nos han impuesto; al mismo tiempo que se pusieron como tarea, luchar, además de por su cultura como pueblo originario, luchar por una vida digna para ellas. Y con su praxis de más de 30 años nos muestran, al menos a mi, que es posible resistir, que es necesario. [1] Primera carta del SCI Marcos a Luis Villoro, 2011. Es una cita textual que me permito porque creo que atraviesa el quehacer feminista de las mujeres rebeldes Zapatistas y que a mi misma me pone a pensar ¿cómo aplicar ese principio a mi ejercicio de despatriarcalización.

Hay muchas colectivas autónomas en las ciudades. Mujeres de todas las edades, organizándose para resistir a la violencia contra nosotras que viene desde todos los niveles y dimensiones del sistema; en los pueblos, como en Cherán Michoacán fueron las mujeres, como en las comunidades Zapatistas; quienes urgieron a los hombres a resistir y quienes han sostenido con su ejemplo, la lucha.

Mujeres, como las madres de los estudiantes de Ayotzinapa, de los 43 desaparecidos y de los asesinados; que se han visto obligadas (como lo dijo la Tia Bertha Nava) a cuestionar lo que antes no cuestionaban, a dejar sus casas, sus familias para buscar a sus hijos, verdad y justicia; igual que las madres de las desaparecidas en los países de Abya Yala, incluidas las abuelas de la Plaza de Mayo; que se han politizado cuando el horror llegó a su familia. Todas estas mujeres, muchas veces invisibilizadas en sus luchas, resisten y aprenden en la convivencia entre ellas, que el sistema capitalista y patriarcal tiene que caer, pues es el origen de las masacres que padecen en carne propia.

Otra feminista en ciudad, en este caso Argentina, Leonor Silvestri, desde su formación universitaria que cuestiona, desde su condición de Chron, desde su lesbiandad y actitud crítica frente al feminismo “de las buenas intenciones” y al sistema; busca fugarse del heteroimperio como ella lo nombra, con herramientas que el mismo sistema le proporcionó, pero utilizándolas desde su mirada insurrecta, reinterpretándolos, buscando por ejemplo desde la filosofía, autores que se escapan de la lógica platónica-aristotélica; se autoemplea dando talleres, escribiendo y haciendo ella misma el trabajo de vender sus libros y talleres (que comparte libremente en redes posteriormente); busca alianza con quienes ella llama órdenes menores; es decir, con tortas y putas, según su propia expresión; su expresión “devenir manada” expresa su intención de cuestionar todos los dispositivos con los que el poder crear a los sujetos; dice ella: sin sujetos no hay sociedad. Sin embargo no conozco su crítica al racismo y al colonialismo, ni identifico su posición respecto a recuperar las genealogías nuestras, de mujeres a lo largo de las historias.

¿Cómo?

Los modos de lucha de los feminismos han sido mútiples: Tomar las calles marchando, haciéndo mítines, performance, haciendo arte callejero, pintas, batucadas; ha sido uno de los más generalizados; tanto para exigir, denunciar, pero también para provocar el encuentro entre nosotras.

Hacer huelgas para presionar en busca de mejores condiciones laborales; algunas con consecuencias terribles como la que se conmemora el 8 de marzo, en la que murieron quemadas más de 100 mujeres que reclamaban reducción de horario y aumento salarial.

Las feministas institucionales, buscan puestos de mando en los diferentes niveles de gobierno y en las empresas privadas, asumiendo que entre más mujeres haya en esos puestos habrá mejora en las condiciones de vida de todas las demás; lo que entraña una simulación, pues las mujeres que acceden a puestos de mando son quienes no cuestionan frontalmente las políticas económicas

Las burbujas separatistas de las Lesboterroristas; sus espacios-tiempos-procesos exclusivos para mujeres.

Las redes de feministas comunitarias por ejemplo que existe en países como México, Bolivia y Guatemala.

Creando proyectos exclusivos de mujeres como en las comunidades zapatistas

Creando conceptos, como entronque patriarcal (Feminismocomunitario Boliviano), como patriarcado ancestral originario (feminismo comunitario en Guatemala), como matriz de dominación (Ochy Curiel), como heteropatriarcado (Lesbofeministas) o heteroimperio (Leonor Silvestri), despatriarcalización (Maria Galindo); y reinvidicar, otros como feminismo, patriarcado, mujer, mujeres y construirles significados propios desde nuestros contextos, para apropiarnos de este lenguaje que nos impusieron y les impusieron a los pueblos originarios; nombrar procesos en las luchas feministas con las lenguas de los pueblos originarios como pacha warmi o pacha kuti, incluso nombrar nuestro continente como Abya Yala y no con el nombre que le dieron quienes lo invadieron.

Todos estos procesos en el lenguaje/pensamiento/acción forman parte de las luchas feministas, al igual que nombrar todo en femenino para visibilizar la misoginia del lenguaje castellano. Esta acción reivindicativa se suavizó en las instituciones hasta vaciarla de contenido al menos en México, despolitizándola y “disminuyendo su potencial como cuestionamiento”; en los noventa le decían lenguaje con enfoque de género y en la actualidad le llaman lenguaje inclusivo; nunca lenguaje feminista obviamente; pero ahora buscan incluso volver a invisibilizar a las mujeres en el lenguaje; esto en las instituciones de gobierno, oficiales; en las redes sociales, las feministas nombran cuerpa, abraza, corazona, amora, reivindicando un lenguaje propio, creado por y para nosotras.

Creo que incluso nombrar los procesos que visibilizamos, que problematizamos, como feminismo, feminidad o sororidad, seguir cuestionándolos, resignificándolos, protegiéndolos de los intentos fagocitantes del sistema; es parte de los cómos de las luchas feministas. Incluso conceptos que visibilizan la extrema violencia del sistema contra las mujeres: feminicidio y femicidio; el primer elaborado en México por Mercedes Lagarde y el segundo usado en países como Ecuador y Guatemala y ambos son reinterpertaciones de palabras inglesas como gendercide o femicide.

Reconocer nuestro cuerpo como territorio de lucha como lo plantean muchas feministas, promover y practicar el autocuidado, la autodefensa feminista, reivindicar el potencial de nuestro cuerpo para crear músculos que nos permitan defendernos de la violencia feminicida, además de las redes entre nosotras por supuesto.

Cuestionar la heterosexualidad implica incluso, cuestionar la forma en que vemos nuestro propio cuerpo, aprender nuevas formas de relacionarnos con esta cuerpa, sin misoginia, sin gordofobia, sin racismo, sin colonialismo.

Crear alianzas entre mujeres; pero como dice Ochy Curiel, no por el sólo hecho de ser mujeres, sino desde los propósitos y los fines de nuestras luchas; alianzas puntuales y no a ultranza. Para recuperar, construir-reinventar nuestras genealogías y criticar el racismo y el colonialismo, además del capitalismo y neoliberalismo todos sostenidos y sostenedores del patriarcado

Hacer análisis radicales y prácticas coherentes en otro de los modos de lucha de las feministas en Abya Yala, reconociendo las matrices de dominación, incuida la matríz binaria de género que apuntala las condiciones que pauperizan la vida a partir de la clase social, de la cercanía con el poder y actuar en consecuencia, evitando cumplir los mandatos de consumir y dedicar nuestra vida al trabajo mal pagado del sistema capitalista.

Generar opciones de intercambios y trueques de saberes y productos que necesitamos para la vida; sin que impliquen estos procesos la explotación de otras personas.

Otras formar de lucha, han sido hablar desde el cuerpo y en primera persona abandonando y con ello denunciando la falacia de objetividad y universalidad del pensamiento eurocéntrico.

Desde los feminismos radicales que mantiene una alerta permanente para evitar la misoginia en general y la culpabilización de las víctimas de violencia; que es tan frecuente en la sociedad y en el sistema de justicia del sistema.

Y en estos feminismos, se visibilizan los conocimientos de nuestras madres, abuelas y ancestras, sus saberes para recuperarlos y mantenerlos vivos; pues en general esos conocimientos, por ejemplo, sobre herbolaria, le son molestos al sistema porque disminuyen ganancias a los laboratorios, farmacias y médicos.

Historizar nuestras luchas, entretejarlas en la distancia y en el tiempo, para visibilizar y reconocer esas luchas ancestrales, esas luchas que permitieron que ahora sigamos luchando, que le dijeron al sistema que no es infalible y en parte por esas luchas, es posible que sigamos resistiendo. En este proceso es importante reconocer por un lado, las posibilidades de la escritura para tener un registro externo a nuestra memoria y que puede llegar a más personas y perdurar en el tiempo y ahora aunando a opciones que tenemos con el internet; sin dejar de lado los otros modos de historizar como son las artes, los cantos, los bailes, los cuentos e historias de nuestros pueblos originarios y que necesitamos tener presentes para no suponer a la escrita como la única historia; pensar en crear incluso otras formas de historizar y ahora que lo pienso, creo que muchas feministas, quizá usan los tatuajes en este sentido.

Y que no se nos olvide, que no se me olvide, que hay otras historias, otras luchas, otros modos, que decidieron no dejar evidencias para evitar darle armas al sistema para aplastar otras luchas; así pues, seguramente hay otros cómo que no sabremos y eso nos convoca a pensar en esas mujeres, en esas feministas que lucharon y de las que nunca hemos escuchado, de las que no sabemos nada y considerar ¿cómo historizar sin que esto implique darle herramientas al enemigo?.

Otra forma de lucha es identificar cuáles estrategias-tácticas-acciones subersivas han perdido su fuerza, cuáles se han vuelto diversas, es decir, cómodas para el sistema y crear formas, acciones, incómodas, disidentes, que cuestionen, que confronten, que abonen a nuestra vida.

Ante el planteamiento de Aude Lorde: “Las herramientas del patrón, no desarman las casas del patrón” me pregunto ¿cuáles de las herramientas del patrón nos fueron robadas por el patrón? Y pienso en la frase de Leonor Silvestri: “Tomar las armas y correr, robar las armas y huir”. Que las armas y las herramientas nos sirvan para hacer la grieta más grande, para construir nuestras burbujas, para devenir manada, para construir mundos donde quepan muchos mundos.

Y como nuestras disidencias continúan, pues el heteropatriarcado multiplica sus ataques, dejo algunas ligas y sugerencias donde podemos seguir y compartir estas luchas…

Continua…

Lecturas del curso:

  • Marta Fontenla en el “Diccionario de estudios de Género y Feminismos”. Editorial Biblos 2008
  • Alda Facio, leer: “El patriarcado y sus instituciones”, “El lenguaje ginope” y “La familia patriarcal”
  • Karina Vergara Sánchez, mexicana, Vive
  • Nadia Rosso,mexicana, lesbofeminista, vive
  • Rosa Ynés (Ochy) Curiel Pichardo, colombiana, vive. “Yo ya no creo en una solidaridad feminista trasnacional así por así”
  • Monique Wittig, Francesa, falleció en 2003 ü Gloria Anzaldúa, Chicana. La prieta
  • Audre Lorde, afrodescendiente estadunidense, murió en los 90. La hermana, a extranjera (1984)
  • Mercedes Jabardo (editora). Feminismos negros, una antología
  • Sojourner Truth. Afrodescendiente, estadounidense, nació esclava, murió libre ¿No soy yo una mujer?
  • Adriana Guzmán y Julieta Paredes , bolivianas, viven, feministas comunitarias. ¿Qué es el feminismo comunitatioo?
  • Lorena Candal, Guatemalteca, Maya Xinka, feminista comunitaria, vive
  • Maria Galindo. Mujeres Creando No se puede Descoloniar sin despatriarcalizar, boliviana, vive
  • Luisa Huerta, mexicana, lesbofeminista, vive.
  • Raiza Zeballos Zeballos, Boliviana, vive
  • Andrea, vive.

Otras fuentes:

  • Leonor Silvestri, Argentina
  • El pensamiento crítico Frente a la Hidra Capitalista. 2015, México

La estética patriarcal es percibir desde y hacia arriba en el pasado-futuro ¿y tú qué?

10 febrero 2017

La paradoja de la guerra zapatista, es que no busca vencer al enemigo en el sentido clásico. Es una guerra que trata de anular el terreno de su realización. Esta frase tomada de un intercambio epistolar, en el marco del movimiento Zapatista, me ha servido para reflexionar sobre una guerra, que sostiene a la guerra del capitalismo de la que hablan en el intercambio que menciono[1]. Me refiero a la guerra del patriarcado, donde se busca exterminar en el sentido clásico a las mujeres, pero no sólo, se busca que las mujeres seamos autómatas al servicio de los hombres y sus instituciones; que pensemos lo que ellos necesitan que pensemos, que hagamos lo que ellos necesitan; que sintamos lo que a ellos les conviene; que nos organicemos para seguir sirviéndoles.

Hemos planteado que cada hacer humano (y el patriarcado lo es) tiene 7 dimensiones: lógica, ética, estética, de lo político, social, afectiva y material (ver notas anteriores).

La idea de la equidad en el sistema patriarcal, respecto a hombres y mujeres, implica de entrada la trampa de asumir que la meta es la que ya alcanzaron los hombres ricos, blancos, educados y occidentales u occidentalizados; son el ideal a alcanzar. Así, los hombres en general, respecto de las mujeres, tienen, más posibilidades de alcanzar el ideal; si es que no consideramos los entrejimientos de opresiones por ejemplo para los pueblos originarios. El ideal es no sólo referido al dx médico a partir de los genitales que define quién es hombre y quién es mujer, sino, ¿dónde nació, pertenece al occidente o a los pueblos “salvajes o arcaicos”? En fin; quiero enfocar mi mirada en preguntarme; frente a la idea tramposa de la equidad occidental ¿Por qué querríamos correr hacia donde corren los hombres? ¿Por qué querríamos tener lo que tienen ellos? ¿Por qué nosotras anhelamos aspirar a lo que aspiran ellos? Mi respuesta es sencilla: porque nos han impuesto la mirada patriarcal y ésta le conviene a los hombres en particular y al sistema patriarcal en lo general, con las ganancias para el capitalismo y para el neoliberalismo –clones ambos del patriarcado- La idea de equidad es imposible en este terreno; pues el patriarcado implica y es dominación de los hombres sobre las mujeres. ¿Queremos seguir manteniendo este sistema?

Es una trampa que impone el quehacer patriarcal desde su estética, pero no sólo, la idea-acción de que tenemos que lograr, hacer, anhelar lo que tienen los hombres, lo que hacen los hombres, lo que persiguen los hombres, los modos de los hombres. Esto me hace recordar la idea de Freud de la envidia por el pene, obviamente Freud tiene una estética patriarcal y desde ahí miró el mundo, se miro a sí mismo y se vivió en el pináculo.

Poner a lo masculino propio de los hombres, según el arreglo heterosexual –la dimensión política del hacer patriarcal- como medida de lo humano y de lo que nos rodea; impone de por si, una fragmentación entre lo que es humano y lo que no se mira como humano y entre quienes son hombres y quienes no lo somos. Es según veo, el terreno de la guerra: imponer la estética masculina como ideal para percibir el mundo y sostener el régimen heterosexual como organización de lo humano; pero no sólo, el terreno de la guerra es el patriarcado y sus dimensiones que nos obliga a percibir de forma fragmentada y que sin embargo actúan como un solo hacer, con un propósito: sostener lo masculino como lo más elevado.

Y es por esta dimensión estética del patriarcado, que anhelamos el arriba, le hablamos al arriba y éste son los hombres. ¿Sigues teniendo a los hombres como tus interlocutores?

Interpelar al patriarcado implica cuestionar desde y hace dónde miramos. Y ahora hago un ejercicio a partir de la propuesta Zapatista del pensamiento crítico. Preguntarnos, quién dice –hace-, qué dice –hace-, desde dónde y hacia dónde lo dice –hace-, para qué? Tomar esas preguntas y ponerlas como espejo de nuestras acciones.

Así, si la dimensión política del patriarcado es la heterosexualidad como régimen obligatorio de cómo organizamos lo humano para vivir en grupo; la dimensión estética es lo masculino, entendido como el arriba. Así cuando alguien dice o hace algo, nos preguntamos, desde el patriarcado ¿qué tan alto está en la escala del conocimiento o del reconocimiento, de la economía? ¿Qué tan alto está en la escala del poder?[2] Y desde el patriarcado, entre más alto se esté, más “peso” tiene su palabra; es decir, entre más poder tiene, más verdad contiene.; esto, aclaro, desde el patriarcado. Así, la palabra masculina tendrá siempre más peso que la femenina en cualquier terreno del patriarcado, en cualquier dimensión, incluso en la que llaman equidad de género, lenguaje inclusivo.

¿Qué dice –hace-? Para el patriarcado, implica hacer una comparación entre eso que dice o hace ese alguien, respecto al ideal masculino de todo lo humano. Y en la medida que esté más cerca de ese ideal, entonces es más válido, más progresista; más moderno; más racional; atributos todos del ideal de lo masculino del patriarcado que vivo.

¿Para qué se dice -hace-? La estética del patriarcado crea, canones, crea estándares, escalas, todo jerarquizado y hasta arriba lo masculino, la mirada masculina sobre cómo debe ser el cuerpo de las mujeres, la mirada masculina sobre cómo han de ser las luchas de emancipación de las y los pobres y de entre este grupo el grupo de las mujeres. La estética patriarcal divide entre lo culto y lo no culto e impone reconocimiento para lo primero y desprecio para lo segundo. Con el único propósito de mantener lo masculin, ahora de la modernidad, como la medida de lo humano, como la meta a alcanzar, como aspiración última, suplantando la aspiración legítima por la vida digna y en acto.

El problema es que la estética patriarcal es necrófila porque al imponer ideales humanos; desplazó el principio de la vida en acto y digna como imperativo del mirar, del percibir. Impone los deseos[3] masculinos como necesidades para la supervivencia, ocultando que lejos de lograr la supervivencia, la percepción patriarcal nos lleva a la destrucción de lo vivo.

La estética patriarcal aspira a mandar sobre lo que no es masculino, a destruir lo que no cumpla sus estándares humanos-masculinos, a suplantar la aspiración legítima de la vida, por la vida digna; aspira también, y actúa para ello, a imponer su mirada, su percepción, negando cualquier disidencia, cualquier resistencia, creando la guerra de los sexos, para vencer lo que no es masculino, busca servirse de lo que ha construido como femenino y todo ello para subir, para alcanzar el ideal masculino de lo que lo humano ha de ser, según su mirada.

Y por esta mirada, es que los hombres llegan e imponen siempre: si es en una lucha ellos hablan, ellos deciden; si es en la cocina, llegan los hombres y se convierten en grandes chefs, robando a las mujeres, recetas propias y quitándolas del escenario; si es en el diseño de ropa, son los grandes diseñadores los que marcan tendencia; si es en la ciencia, en la política, en la economía y es obvio; el mundo está construido desde esta mirada patriarcal, así pues está hecho a su medida y para ellos. Por eso necesitamos construir otros mundos, definitivamente no patriarcales y por ello, la necesidad de despatriarcalizar nuestro hacer para posibilitar otros haceres.

Es esta estética patriarcal la que normaliza el horror necrófilo de los feminicidios, etiquetándolos como “consecuencias no deseadas por educación incorrecta” o acciones de monstros, cuando ha construido a los machos de la especie humana como hombres con estética patriarcal; y desde ésta mira lo que no es hombre como inferior, como usable, como desechable. Desde esta estética se normaliza la prostitución aunque genere ganancias eróticas y económicas a los hombres a costa de la explotación de mujeres empobrecidas. Y desde esta estética, las violaciones sexuales sistemáticas al interior de las familias a niñas y niños por años, no son un hecho suficiente para cuestionar la existencia de ésta.

Es esta estética la que nos urge a huir de espacios, territorios que no se parecen a las modernas ciudades llenas de comodidades que han construido los hombres para su goce y disfrute, a costa de la explotación y despojo a las que someten a pueblos completos, a culturas milenarias. Y cuando no queremos huir para alcanzar el ideal moderno de lo masculino, entran otros mecanismos, otros dispositivos para ahuyentarnos, para aniquilarnos, para que no estorbemos; porque eso si, si nos resistimos al ideal masculino de la estética patriarcal, nos convertimos en estorbo.

Y es también esta mirada patriarcal y patriarcalizante impuesta, que no gritamos de terror ante el enfoque extractivista que para sostener la carrera de las armas y la tecnología, hiere, destruye la tierra a la que pertenecemos, para robarle sus minerales, los cuales, por cierto, también necesitamos para reproducir la vida, la nuestra.

En este ir y venir de ideas en el intercambio entre mujeres; planteamos que además de, desde a dónde y hacia dónde percibir; la estética implica también ¿cuándo? Pues no es lo mismo percibir desde la nostalgía del pasado o desde la idealidad del futuro ignorando el hoy que es el cuando de la vida. El hoy con raíces en el pasado vital no idealizado.

Y nosotras, miramos abajo y en la periferia en morado…

[1] Intercambio epistolar entre el Subcomandante Insrugente Marcos y Don Luis Villoro Toranzo, en 2011. En las dos primeras cartas se menciona la frase del propósito de la guerra Zapatista.

[2] Recuerdo acá mi definición de poder: acumulación de privilegios por parte de un sujeto o grupo a costa del despojo de opciones de otras personas.

[3] Definidos como necesidades pasadas por la conciencia –ya patriarcalizada-

1 propuesta: 14 preguntas. 3 ejercicios. 2 posdatas-propuestas-espejos

6 fde marzo 2017

Frente a la idea de que nos han construido patriarcalizadas en un sistema patriarcal, reconocemos al mismo tiempo, que las nosotras en resistencia hemos ido construyendo modos despatriarcalizantes, modos que son fugas a lo establecido por el Heteropatriarcado; modos despreciados por el poder e invisibles a quienes ahí habitan; modos clandestinos que se mueren con nosotras y modos que vamos tejido entre nosotras.

El pensamiento crítico Zapatista, como un modelo de lectura de la realidad y guía para la acción liberadora, nace en el abajo y a la izquierda contra el capitalismo y es una propuesta para la organización anticapitalista. Con los pueblos originarios, nosotras, compartimos el espacio subalterno de los binomios Colonizadores/colonizadoas; Occidentales/no occidentales-occidentalizadoas. Ricos/pobres. Y si bien el movimiento Zapatista está compuesto por hombres y mujeres; parece que hay una problematización respecto al binomio hombres/mujeres, en el que parte del movimiento queda en el arriba –por su cuerpo y su subjetivación- en el contexto de los patriarcados tanto conquistadores, como originarios y en el entronque patriarcal. Pero en los análisis Zapatistas no se omite, ni se niega el binomio; hay algunos indicios de problematización de su realidad que es fractal de la nuestra y nos comparten un modelo que queremos poner en acción y proponer para que otras nosotras lo puedan usar y mirar con telescopio y con microscopio, mirar entre todas y de muchos modos, no sólo directamente, sino también fugazmente, de ladito, con los ojos biscos, para detectar otras cosas.

Acá retomamos las preguntas, algunas, 13 específicamente -no decimos que aquí se agotan- del pensamiento crítico Zapatista. Son las que hemos encontrado, de este modelo para mirar la realidad. Como feministas antipatriarcales y para la acción despatriarcalizadora en el abajo en la periferia y en morado, agregamos una para visibilizar como cada acción afecta diferente a mujeres y hombres porque hemos sido construidos diferentes, con propósitos diferentes para servir al sistema; por tanto nuestras resistencias son diferentes, pero con potencia de alianzas si luchamos contra el patriarcado y el capitalismo desde abajo y a la izquierda, en la frontera en morado.

Hasta donde alcanzamos a entender el pensamiento crítico Zapatista, tiene su marco de sentido en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que organizada en 6 ejes y desde el caminar preguntando hacen una lectura de la realidad y un accionar anticapitalista-liberador : I. De lo que somos, II. De dónde estamos ahora, III De cómo vemos el mundo, IV. De cómo vemos a nuestro país que es México, V. De lo que queremos hacer y VI. De cómo lo vamos a hacer. Estos ejes orientan las 14 preguntas que hemos identificado para esta propuesta, incluida la que nosotras agregamos.

1)¿Qué? 2) ¿Para qué? 3) ¿Cuándo? 4) ¿Quién? –hace la acción, hace el análisis- 5) ¿Por qué? 6) ¿Desde dónde? 7) ¿Hacia dónde? 8) ¿Cómo? 9) ¿En Dónde? 10) ¿Con quién? 11) ¿Contra quién? 12) ¿y tú qué? 13) ¿Qué sigue? Y 14) ¿Cómo nos afecta por ser mujeres? Es decir, por estar en abajo en el binomio fundante de lo humano.

Ahora bien, para nosotras, el patriarcado es el terreno de la guerra y tanto el capitalismo como el neoliberalismo son clones de éste para perpetuarlo; así pues, son las acciones feministas las que nos liberan del patriarcado, cada vez, no de una sola vez y para siempre, sino en cada paso. Como terreno de la guerra, el patriarcado es el soporte de toda acción, por tanto necesitamos tener claridad de éste, al mismo tiempo que necesitamos la mirada crítica para construir nuestras acciones y éstas realmente abonen a la liberación y no se conviertan en acciones fagocitadas por el patriarcado.

Creemos que necesitamos tener algunas definiciones claras, de conceptos básicos, como patriarcado, heterosexualidad, poder, feminismo, fetichización-tabú, potencia, vida digna, mujer, hacer LESMAPE. Compartimos algunas definiciones de algunos conceptos en notas anteriores (las invitamos a leerlas con miradas propias y a compartirnos sus reflecciones)

La palabra fetiche, que no habíamos integrado al análisis, se refiere al objeto que se produce o genera como resultado de la absolutización de un elemento de una relación entre variables, condicionantes, determinantes y que al absolutizarse produce a su vez dos fenómenos: a) rompe las relaciones con las otras variables, factores, determinantes, condicionantes y b) niega, ocultándolas, tanto las relaciones, como a las otras condicionantes, variables, factores. Creemos que para que el fetiche siga existiendo, necesita que lo que niega se convierta en tabú (prohibido, negado), pues de lo contrario, el fetiche pierde su propósito de legitimar-dar sentido a algo que no tiene sentido en la vida. La dominación de los hombres contra las mujeres no tiene sentido en la vida biológica; por ello el patriarcado necesita un fetiche “hombre”. La heterosexualidad como servicios obligatorios de las mujeres hacia los hombres, para satisfacer deseos (necesidades pasadas ya por la conciencia patriarcal); no tiene sentido en la vida, por ello se crea el fetiche que le da sentido: amor romántico y así, cada sin sentido, es decir, sin propósito para la vida digna y en acto, necesita un fetiche que absolutiza algo y niega su relación con la vida, al mismo tiempo que oculta otros elementos necesarios para la vida.

Así pues, el ejercicio de mirar la realidad desde el pensamiento crítico Zapatista con mirada feminista, nos permite compartir en 2 cuadros, nuestras respuestas a las preguntas enlistadas arriba, respecto del patriarcado y de las acciones feministas. Recuperar el pensamiento crítico Zapatista la proponemos aquí como una herramienta organizativa. Responder las preguntas nos abre la posibilidad de ponernos de acuerdo desde la praxis. Como siempre, la invitación queda abierta para que ustedas, nosotras, compartamos más preguntas, otras respuestas, otros qué para mirar juntas y accionar desde las alianzas posibles. La primera mirada remite a la caracterización del patriarcado, que para nosotras es ¿contra qué luchamos? Es, según nosotras, la cabeza primera de la hidra.

La segunda mirada es hacia nosotrAs, o quizá sea la primera que nos pemite hacer la caracterización del contra qué, respondiendo cómo. Reconociéndonos en ese qué contra el que luchamos y reconociendo además, cómo nos afecta de manera diferente ese qué respecto de los hombres y suponiendo que este terreno donde la guerra es posible, implica que cuestionemos lo que somos y lo que hacemos para construir otros mundos donde quepan muchos mundos sin patriarcado. Implica justamente, dejar de ser lo que somos, reividicando críticamente lo que el poder ha despreciado y construyendo desde y donde el poder destruye.

Como cada nota, como cada pensamiento que compartimos, este es una invitación, un guiño, una provocación para compartir, para construir juntas, una propuesta, desde abajo, en la frontera en morado. ¿Cómo mirar con este lente de 14 preguntas que se tiñe de morado y rebeldía?

Compartimos adicionalmente una tabla donde hicimos el mismo ejercicio en torno a la patriarcalidad y sus categorías constitutivas. Es realmente el ejercicio cero de recuperar el pensamiento crítico zapatista como marco para el análisis en profundidad de las características constitutivas de la patriarcalidad como la racionalidad que sostiene al patriarcado.

Y agregamos un formato propuesto para practicar el pensamiento crítico Zapatista para acciones feministas:

Pd1

No es común que hagamos agregados a las notas mensuales, sin embargo, hoy, compartimos algunas preguntas que son algunas textuales del video Leonor Silvestri, sesión 4 del taller: Mala Víctima en youtube https://www.youtube.com/watch?v=Do2aE-z2Q8Q Leonor se hace algunas preguntas y creemos que pueden servir para evaluar nuestras acciones, en el marco de la mirada crítica. Invitamos a ver el video al mismo tiempo que reconocemos que las preguntas aquí vertidas no están en el orden de aparición del video, no están redactadas como ella las mencionó e incluso están modificadas, desde nuestro horizonte de comprensión actual. Cada pregunta aquí es responsabilidad de la interpretación de quien escribe. Y nuevamente la invitación para pensar-reprensar-responder-agregar desde nuestros calendarios-geografías-cuerpos y haceres.

1.- ¿Abro espacios para acciones-palabras-discursos libertarios o sigo abriendo éstos para machos que buscan “privilegios” y me quieren mostrar el feminismo verdadero? Es decir ¿Con quiénes busco interlocución, con hombres, con gobiernos, con los mercados, las agencias de financiamiento, con expertos o entre y para nosotras?

2.- ¿Mis acciones potencian mi capacidad de obrar y la de mis aliadas? O por el contrario, nuestras acciones nos generan o son precedidas de pasiones tristes? ) El odio como el motor para destruir los mecanismos que capturan nuestra capacidad de obrar vs el odio como alegría compensatoria (Deleuzze)

3.- ¿Qué tanta importancia tiene la difusión de la acción como un acto particular y protagónico? ¿Omitimos reconocer a las mujeres-acciones de ellas que lograron por ejemplo la liberación de presas? ¿cómo me organizo para cada acción: de forma jerárquica, crítica, horizontal o prefiero lo individual?

4.- ¿Potencio cantidad vs posición crítica que incomoda, en cada acción? (el devenir resistencia es minoritario) ¿uso el potencial disidente como fuga o como optimizador-eficientador del sistema, es decir, mantener los arribas y abajo en beneficio de los de arriba?

5.- ¿Mi acción busca capitalizar el dolor/malestar de una-s mujer-es en beneficio de una agenda política definida previamente, sin importarme lo que quieren- necesitan esas mujeres?

6.- Mi lenguaje busca continuar con la corrección política? O por el contrario, intenciono nombrar las cosas de manera tal que sea claro quién violenta (ejemplo heternorma como políticamente correcto y heterosexualidad como interpelación que incomoda – el centro del heteropatriarcado violento-; me nombro en femenino o sigo buscando lenguaje incluyente que sigue negándonos)

7.- ¿Mis acciones buscan organización/sublevación o por el contrario la petición de mano dura de las autoridades? ¿Sigo creyendo en el aparato carcelario como instancia de justicia? ¿Por qué alegrarme de las denuncias cuando reconozco que el sistema de justicia actual, es un medio legal de despojo? ¿Entiendo que la aprobación de una ley en favor de las mujeres ocurre cuando le conviene al gobierno en turno?

8.- ¿En qué lugar de las pasiones alegres pongo mis acciones para la liberación? O ¿sigo prefiriendo la represión que ejerce el sistema? ¿Quién denuncia a quien aborta? ¿Quién denuncia a las mujeres que ejercen su autodefensa legítima?

9.- ¿Mi acción busca privilegios para algunas a costa del despojo de las más oprimidas?. Es decir, ¿contextualizo desde el Heteropatriarcado/heteroimperio moderno-capitalista-neoliberaral la situación o veo los problemas como aislados y las acciones para resolverlos igual?

10.- ¿Mis acciones buscan la igualdad en este sistema o construir otro sistema, donde el derecho a la vida digna no sea un privilegio sólo para hombres, blancos, europeos, heterosexuales?¿los hombres son mi modelo a seguir, mi ideal a alcanzar?

11.- Reconozco que cada acción la abordo desde mi horizonte de comprensión incluidos mis prejuicios o me asumo como jueza o referente moral?

12.- ¿Identifico los modos masculinos-siempre hegemónicos-, en los hombres y en las mujeres, así como los modos en resistencia de las mujeres o supongo que los modos de resistir tiene pretensión de universalidad como los modos hegemónicos?

13.- ¿Alcanzo a diferenciar entre institución patriarcal (incluido el lenguaje, el pensamiento, la heterosexualidad y el matrimonio, la familia capitalista, etc.) y conocimientos del sistema reivindicables, precisamente porque son despreciados por el poder? ¿o supongo que hay partes salvables del sistema? ¿Lo instituido no institucional como posibilidad de acción? ¿Para pensar hay que desconfiar de lo establecido?

14.- ¿Sigo creyendo en mis acciones que los violadores, feminicidas, capitalistas y gobernantes son monstruos, locos o malos o por el contrario, reconozco que son hijos sanos del patriarcado?

Pd2

Hace un tiempo escribí esto sobre acompañar y ahora quiero compartirlo acá, como una propuesta más para mirar nuestras acciones-reacciones frente a la experiencia de la violencia vivida por otras mujeres.

Anular el terreno de su realización (de la guerra)y las posibilidades de las contrincantes (nosotras incluidas). Dejar de ser lo que somos (Un párrafo tomado y modificado de la carta primera que el SCI Marcos le envía a Don Luis Villoro, a inicios del 2011). Poner en el centro a quien fue agredida, pensar en ella, en lo que ella necesita, siente y vive, es según alcanzo a entender, una forma de construir en la práctica nuevas relaciones que anulen el terreno de la violencia. Cuando frente a una agresión a una compa, pensamos primero en la teoría, en la manada, en el qué dirán quienes están fuera o suponemos que otra persona es quien mejor sabe lo que necesita quien vivió la violencia, anulando el dolor y la capacidad de la o las agredidas, estamos suplantando e imponiendo acciones en nombre del “debe ser”.

Cuánto por aprender a escuchar, respetar y acompañar a quienes viven agresiones sexuales en los espacios de izquierda. Cuanto por aprender a construir otras relaciones no asimétricas.

Yo digo, creo, que algo sencillo es preguntar-escuchar-atender:

a) ¿Qué necesitas?,

b) ¿Qué quieres hacer?,

c) ¿En qué puedo acompañar?

Así las respuestas nos guían en la relación ética, es decir, particular y no suponemos, imponemos, invisibilizamos, revictimizamos ni ignoramos a quien vivió una agresión en un espacio que se suponía seguro o en cualquier otro espacio ; es decir, preguntando-escuchando evitamos los modos hegemónicos. Al mismo tiempo que le pregunto a la víctima qué necesita, me pregunto a mi (en este caminar preguntando)

d) ¿Cómo estoy?

e) ¿Puedo acompañar sin imponer, sin vencer, sin suplantar, sin destruir, sin servirme de la situación, sin subir, sin mandar? Si la respuesta a ésta pregunta es no, quizá lo mejor sea guardar silencio y alejarme para no hacer más daño, para no convertirme en cómplice.

Mientras pregunto y me pregunto, es importante contextualizar, también desde el cuestionamiento para entrejer los acontecimientos individuales al contexto de violencia que vivimos las mujeres en este patriarcado y de esa manera entretejer cada lucha con las otras luchas que estamos dando las mujeres por nuestra vida y la vida en el planeta:

f) ¿Reconozco que esa violencia en particular es posible porque hay una violencia estructural que así lo permite y que esa violencia estructural nos afecta diferente si somos mujeres?

g) ¿Reconozco mi acción como feminista o me supongo defensora de derechos humanos desde la pretensión patriarcal de la universalidad de derechos humanos o me supongo más allá del feminismo libertario?

Desde abajo en la frontera en morado

La patriarcalidad: la cabeza primera de la hidra.

6 de abril 2017

En este proceso de construir un marco de encuentro para nuestras luchas y resistencias; que le hemos llamado Ley Rebelde de NosotrAs en Abya Yala, y que continúa en construcción; nos hemos encontrado con la necesidad de plantear un término: Patriarcalidad. Las invitamos a que nos sigan en esta lectura y se integren en las reflexiones sobre este concepto y sus implicaciones para conocer mejor a nuestro enemigo, contra quien luchamos y resistimos por nuestra vida en acto y digna.

En primer lugar, renunciamos a nombrarla como cabeza madre o como cabeza corazón por las implicaciones negativas contra la capacidad de dar vida y construir afectos que implican ambos conceptos. Damos el adjetivo de primera pensando justamente en la reflexión central de este planteamiento. Nos referimos a que es la jerarquización el proceso cognitivo y de acción que a lo largo de lo que llamamos historia de la humanidad devino patriarcado y que tiene sustento en un sistema que estamos llamando aquí: patriarcalidad.

Creemos que así como el colonialismo tiene un sistema que lo soporta y ha sido nombrado como colonialidad; de la misma forma, el término patriarcalidad nos permite profundizar en la comprensión para golpear correctamente y destruir este proceso histórico milenario llamado patriarcado. Sabemos ya, por la vivencia de los pueblos originarios y de las mujeres a lo largo de la historia, que la forma de destruirlo y resistir, es construyendo, con otros modos y otras formas.

Ya hemos enlistado algunas definiciones del patriarcado en el texto de la Ley Rebelde de NosotrAs en Abaya Yala, ¿Qué es entonces, la patriarcalidad? Anotamos 7 afirmaciones sobre lo que definimos como patriarcalidad. Y afirmamos que ésta traspasa todas las acciones humanas. No las desarrollaremos, porque la propuesta, invitación, convocatoria, es que cada lectora construya sus preguntas, sus reflexiones, incluso sus objeciones y aportes y podamos compartir para seguir construyendo:

1. Patriarcalidad es una categoría que usaremos para visibilizar los haceres patriarcales que como todo hacer tienen al menos 7 dimensiones: lógica, afectiva, ética, estética, política, social y material en todos los campos de acción humana, encaminados a legitimar el patriarcado en tanto proceso histórico de dominación no sólo externo-material, sino interior desde donde se construyen las subjetividades de ser hombre, ser mujer, en un sistema patriarcal, que al jerarquizar lo que construye como diferente, despoja, desprecia (niega), reprime y explota lo que ha sido construido y es visto y tratado como el abajo.

2. Definimos la patriarcalidad, también como ese anhelo y accionar de hombres y mujeres[1] patriarcalizados, de seguir habitando el territorio patriarcal, que contiene los territorios del ser hombre y del ser mujer desde este sistema e implica de por sí, dejar intocado el acto primero de jerarquizar lo que se organiza/se clasifica. Patriarcalidad, así entendido, es el anhelo de ser quien parte y reparte el pastel llamado poder [2]para obtener privilegios.

3. La patriarcalidad es pues, desde esta mirada, el maestro titiritero de una marioneta con dos lados: la modernidad como frente y la colonialidad como trasero y soporte. Es lo concreto (lo más amplio) que explica lo abstracto (patriarcado, esclavismo, feudalismo, monarquías, imperios, neoliberalismo, capitalismo)

4. La patriarcalidad, es también, aquello que resisten los haceres feministas antipatriarcales y despatriarcales. Es pues el sistema operativo en ese computador donde hay un archivo en el escritorio llamado modernidad-capitalista-neoliberal y un archivo borrado, negado y devaluado pero activo y actuante llamado colonialidad. Sin la patriarcalidad, no se comprenden ni la modenidad, ni la colonialidad a no ser que les digan naturaleza humana y ya sabemos que el patriarcado no es naturaleza humana, sino construcción histórica.

5. La patriarcalidad, es también, el sistema de cambio donde se usa la moneda que tiene 2 caras: la modernidad y la colonialidad. Y es desde este sistema de cambio, que primero se clasifica para jerarquizar los cuerpos sexuados y luego, partiendo de ésta lógica, se jerarquiza el color de piel dejando lo claro arriba y lo oscuro abajo; la naturaleza que se contrapone a lo humano y queda en el abajo; el conocimiento arriba y la emotividad abajo. El lugar de nacimiento, la orientación sexual (creada primero en binomio y luego jerarquizada, como el sexo, el género, el conocimiento), creándose así prácticas que la teoría descolonial categoriza como: geopolítica del conocimiento, diferencia colonial, frontera y exterioridad. Categorías que colaboran en la construcción de otras formas de ser y estar en el mundo (opción descolonial, que no partan de esa jerarquización de los tonos de piel y lugar de nacimiento); y que aplicadas como categorías para analizar y comprender la patriarcalidad, coadyuvan en la construcción de opciones para hacer en el mundo otro tipo de organización no jerarquizada y que no devenga dominación; e incluso, si la opción descolonial surge de quienes hemos sido colonizadas y colonizados, las opciones despatriarcales se están construyendo, desde hace milenios desde quienes habitamos la frontera y la exterioridad por la construcción que nos hizo mujeres a partir de nuestro cuerpo sexuado con vulva y es necesario visibilizar esta despatriarcalización en nuestros procesos de liberación que abonan a la vida en acto.

6. El patriarcado y su patriarcalidad habitan el territorio de la imprecisa fecha del nacimiento de la humanidad como tal y siguen vivos y ejerciendo su dominio en cada cuerpo y en cada relación; construyendo historias locales desde el diseño global, o globalizante, porque las resistencias también continúan vivas y construyendo.

7. La patriarcalidad es entonces, la acción de construir arribas, dentros y territorios a partir de la clasificación y jerarquización de los cuerpos sexuados y que luego se extenderá a otros ámbitos, a otras características que se clasifican y jerarquizan para dominar a la parte del binomio que queda abajo, sumándose siempre a la primera clasificación-jerarquización (y lo que queda fuera, abajo y en la frontera, se constituye negativamente, desde la negación). Es decir, clasificar para jerarquizar y desde esas jerarquizaciones construir relaciones marcadas por la represión, explotación, despojo y desprecio hacia todo lo que arriba no es; así los hombres construyen relaciones con esas características hacia las mujeres; pero no sólo, sino hacia la naturaleza entera y para ello, necesita un hacer patriarcal que legitime y de sentido a esas relaciones. Ahora bien, desde el anhelo construido, quienes quedamos en los abajos, construimos relaciones desde los mismos categorías, pero en la negatividad y éstas son las relaciones incluso con nosotras mismas, que tienen un potencial disidente y creador desde el malestar que nos producen, pero no sólo, sino desde las alianzas que podemos hacer desde esa frontera invisible para los hombres, desde esa exterioridad y desde ese abajo.

Ahora bien, creemos que es posible agregar algunas reflexiones para ganar en claridad y diremos brevemente que la patriarcalidad como todo hacer, tiene 7 dimensiones (y cada hacer patriarcal tiene, además las 7 categorías de la patriarcalidad que explicamos más adelante en este mismo texto):

Dimensión lógica: Desde donde construimos significados e interpretamos el mundo y tomamos decisiones. La lógica de la patriarcalidad es de jerarquización vertical. Donde los hombres quedan arriba de las mujeres; la razón sobre la emoción, los hombres blancos sobre los hombres no blancos, los ricos sobre los pobres, los norteeuropeos sobre quienes habitamos otras geografías, la heterosexualidad sobre otras prácticas sexuales y así en cada relación posible, se construye un binomio, se jerarquiza y se suman a los otros binomios para profundizar la diferencia y se actúa en consecuencia.

Dimensión afectiva: Entendida como todo aquello que nos afecta, es decir, provoca algo en esto que somos, tanto externo como interno. La patriarcalidad niega la afectividad como algo deseable, desconectando desde ahí nuestra relación con lo que no somos y se patologiza-criminaliza, por ser una dimensión que queda abajo en el binomio: razón-emoción. Se regula para ser vivida en lo privado y en el marco “adecuado”. Se convierten también, las emociones, es un bien usado para producir y para generar consumo; se “sataniza” el malestar emocional y se convierte en mercado de las farmacéuticas y en elemento para deslegitimar lo que las mujeres hacemos, construimos, pues somos histéricas, demasiado emotivas, exageradas, según la patriarcalidad.

Dimensión normativa (en contraposición a la dimensión ética): Esta dimensión alude a las formas en que respondemos a los estímulos percibidos como externos. Las relaciones desde la patriarcalidad, se reglamentan y se convierten en ámbito de la moral. Lo particular y la especificad de la experiencia humana se “cataloga” como “anormal”. Salirse de lo moralmente correcto en las relaciones, es también patologizado, convertido en pecado. La moral es utilitarista y sigue la lógica de “me sirves, me relaciono, ya no me sirves, te desecho”. Sales de la norma y te excluyen. La norma, la medida son los hombres, los ricos, los europeos y norteamericanos, blancos, heterosexuales, racionales.

Dimensión política: La organización de las relaciones dentro de las comunidades son para sostener los arribas a costa de los abajos. Esta dimensión se refiere a la forma en que organizamos el mundo desde lo humano y actualmente el régimen político es la heterosexualidad que pone a los hombres por encima de las mujeres y nos obliga a nosotras a servirles a ellos. En las sociedades llamadas democráticas, el sistema político partidista se convierte en un mecanismo para que los ricos sigan acumulando a costa del despojo de las y los pobres y los hombres a costa de los despojos a las mujeres. Quienes llegan a puestos de autoridad en el sistema político buscan no servir, sino servirse, volverse de arriba y no volver a bajar; sin importarles destruir, imponer, vencer. No buscan representar porque no les interesan quienes están abajo, los suplantan porque saben, que en el actual sistema es un camino para llegar arriba y quedarse ahí.

Dimensión Estética: Aquí aludimos a explicitar el lugar desde donde miramos el mundo y hacía donde miramos-accionamos a partir de este lugar. La patriarcalidad genera anhelos, deseos de subir o de sentirnos arriba; ser bellas como dice el patriarcado que las bellas son: blancas, delgadas, colonializadas, altas, ricas. Nos genera estándares de lo bello y deseos de alcanzarlo al mismo tiempo que genera mecanismos que nos sostienen justo en la otra parte del binomio jerarquizado. Y a los hombres la patriarcalidad les genera anhelos de poseer y de tener poder[3] es decir, privilegios.

Dimensión Social: Esta dimensión del hacer, se refiere a la realidad de que vivimos en grupo, sons interdependientes con otras personas y con el entorno; sin embargo, la patriarcalidad, construye “historias” de héroes -es decir, los de arriba- con algunas salpicaduras de heroínas, que desde su genial individualidad llevan a las masas sin rostro y sin intelecto hacia un estado “superior” más o menos civilizado” según pierda o gane éste. Si el héroe pierde, sus motivos son leídos como fascistas, dictatoriales, antidemócráticos; e igual son leídos, si los modos del héroe y sus masas, no corresponden con la norma de democracia que dictan los centros del poder político: europa-norteamérica. Se construyen héroes y sus contrapartes: monstruos como la delincuencia, el narco y el terrorismo, para dar sentido a la acción heroica de los héroes; sólo que nos ocultan o intentan ocultarnos que éstos y aquellos, le sirven al mismo amo: al capital financiero patriarcal, que con cualquiera de sus marionetas desaloja territorios para extraer materiales, gases o líquidos que le produzcan ganancias. Y usan esos héroes y esos “monstruos” (incluido el consumismo y la mercadotecnia) para asustar a las comunidades, para “implantarles” deseos, para construir desconfianzas y así romper los tejidos sociales que durante años se han construido en los pueblos, en los barrios, en las colonias. Lo individual impera o intenta hacerlo sobre lo comunitario.

Dimensión Material: Todo lo que queda fuera de los cuerpos-territorios de hombres ricos dueños del capital financiero; es convertido en mercancía y susceptible de generar ganancias a partir del plus valor que le da el trabajo vivo de hombres y mujeres que quedamos fuera. Desde el binomio jerarquizado hombre-mujeres; nosotras quedamos abajo y somos despojadas de nuestro cuerpo y si somos pobres quedamos doblemente abajo y los despojos y explotaciones aumentan y si además somos no blancas y tenemos alguna condición leída como discapacidad, las opresiones aumentan, los despojos se acumulan; nos quitan nuestro cuerpo, nuestra voz[4], nuestros modos y nuestras luchas; todo es convertido en mercancía que alimenta un mercado del horror porque es carne su mercancía, son órganos sus mercancías, porque son dolor y muerte el soporte de sus ganancias.

Las religiones nos despojan si somos mujeres, los hombres nos despojan si somos mujeres, los gobiernos nos despojan con sus leyes contra el aborto si somos mujeres. Y la tierra conceptualizada en femenino es también apropiada individual y colectivamente por los hombres.

Así, brevemente, miramos, que las personas y colectividades en resistencia nos enseñan, que es necesario que cada una de nuestras acciones interpele estas 7 dimensiones de si, que al construirse fragmentadas, dicotómicas y aisladas son necrófilas; al mismo tiempo que nos convocan a construir haceres desde otras categorías, otros modos, otras miradas, otras voces, otros horizontes, otras relaciones, otros para qué, desde dónde y hacia dónde. Para empezar, reconociendo y visibilizando éstas 7 dimensiones de toda acción patriarcalizada. 7 dimensiones que entretejidas y desde una praxis liberadora construyen otras relaciones, otros modos, otras formas.

Decíamos líneas arriba que la patriarcalidad como racionalidad del patriarcado, tiene 7 categorías constitutivas, o mejor dicho, nosotras alcanzamos a mirar 7 categorías constitutivas de la patriarcalidad. Para construir estas categorías, partimos de 7 supuestos:

1.- Que el actual sistema está dividido en primera instancia en dos clases socio-sexuales: hombres y mujeres, construidas diferentes, para fines diferentes y que sin embargo la palabra “humanidad” con su pretensión de universalidad, oculta esa diferencia desigual jerarquizada.

2.- Que escribimos desde el par subalterno: mujeres, reconociendo nuestros despojos al mismo tiempo que identificamos los privilegios del par que queda arriba en la construcción de hombres-mujeres.

3.- Que reconociéndonos en este sistema patriarcal en el par subalterno, despojadas y obligadas a servir a quienes están arriba; hemos construido en clandestinidad a veces a solas y otras en grupos de mujeres; modos propios, que aunque negados por el arriba, nos permite imaginar otro mundo donde no vivamos oprimidas ni opresoras.

4.- Que posicionándonos en resistencia, evitamos copiar los modos masculinos (dominación-sumisión) porque éstos están orientados por el poder y buscamos mirar hacia abajo, a la vida, para que sea desde ésta y sus lógicas, desde donde aprendamos.

5.- Que la aspiración de la guerra Zapatista de anular el terreno donde ésta es posible y las posibilidades de las y los contrincantes, para dejar de ser lo que somos, nos convoca para clarificar este terreno y encontrar desde nuestros modos, los cómo para anularlo.

6.- Que el pensamiento crítico Zapatista, nos ha servido de referencia para mirar-pensar-organizar nuestra lectura de la realidad y orientar nuestra praxis, en este caso, escritural, para caracterizar una de las cabeza, nosotras suponemos la primera, de la hidra, contra lo que luchamos como mujeres que somos, en las ciudades en las que habitamos. Y que los 7 prinicipios del mandar obedeciendo nos resultan un horizonte de comprensión para profundizar en nuestros haceres.

7.-Que suponemos que cada acción de nosotras, contiene 7 dimensiones: Lógica, ética, social, material, afectiva, política y estética; por ello les llamamos haceres, en el sentido de que cada hacer es una expresión de todo lo que somos. Éstos pueden estar orientados por el poder o por la vida; en el primer caso hablamos de haceres patriarcalizados y en el segundo caso haceres despatriarcalizantes.

En la definición de poder que compartimos arriba, encontramos que hay una relación explícita entre quienes acumulan privilegios y quienes somos despojadas, despojados para que ello sea posible. No limitamos el despojo a nosotras, porque reconocemos la historia de despojo (y resistencia) de los pueblos originarios y porque creemos que la tierra como todo lo que existe tiene dignidad y eso es de lo que nos despojan cuando nos construyen-convierten desechables, prescindibles.

Hemos encontrado en la praxis Zapatista, una herramienta para caracterizar la patriarcalidad. Nos referimos a los 7 principios ético-políticos que guían la praxis en los caracoles Zapatistas. A partir de cada principio y su opuesto hemos construido 7 categorías que señalamos como constitutivas de la patriarcalidad:

1. El subir patriarcal

2. El servirse patriarcal

3. El mandar patriarcal

4. El imponer patriarcal

5. El suplantar patriarcal

6. El vencer patriarcal

7. El destruir patriarcal.

A continuación haremos una descripción de cada una de las categorías para ir ganando en claridad. Antes de continuar queremos comentar que además de los 7 principios Zapatista, hemos retomado las 4 ruedas del capitalismo (Represión, explotación, desprecio y despojo) para construir estas categorías que proponemos guía para leer la realidad y la propia praxis. E incluso encontramos que las 7 piezas del rompecabezas mundial, que el EZLN publicó en el 1997, nos han ayudado a hacer estas construcciones conceptuales para comprender en profundidad al patriarcado, al que queremos anular y sobre todo para usarles como microscopio y telescopio que nos ayuden a mirar qué sigue.

Insistimos, cada hacer nuestro tiene entretejidas las 7 dimensiones y en tanto patriarcal, está atravesado por las 7 categorías, que sólo para profundizar en la comprensión, las separamos; pero en el hacer van juntas, aunque suponemos que si una cambia, vuelve más frágil al patriarcado y más posibilidades de despatriarcalización tenemos.

Primera Categoría constitutiva: El subir patriarcal

El subir patriarcal. ¿qué es el subir patriarcal? Es el resultado de los haceres con que se han construido arribas-abajos, centros-periferias, territorios-fronteras, hombres-mujeres.

Suponemos que inicia como remanente de nuestra historia de antes de nombrarnos humanos; pues ya en los grupos animales, los lugares más seguros para las crías de mamíferos son el centro de la formación en movimiento, los espacios altos en los árboles y los territorios que demarcan como su hábitat. Desconocemos cómo es que de ser estos lugares de las crías como individuos con necesidades de protección, se volvieron el lugar de los hombres ricos del planeta; pues lo que si logramos ver es que los hombres ricos que quedan por encima, lo que están buscando, de la peor manera para el resto de la humanidad, incluso para la vida misma, es garantizar su supervivencia; sólo que, según miramos, no los guía la lógica de la vida, sino la lógica del poder; pues han construido la vida como un privilegio para sí, negando al mismo tiempo la dignidad a lo que ellos no son.

Siguiendo el modelo del pensamiento crítico zapatista (que nos guiará en la descripción de todas las categorías), tener un lugar seguro que garantice su supervivencia, es el para qué del subir patriarcal, convertido en privilegio, que implica a su vez el desprecio por lo que se construye como lo otro, como lo que no se es. Quienes quedan en el arriba de cada binomio que se construye, esperan –y crean estrategias para que así ocurra- que quienes quedamos abajo nos resignemos a la posición en que somos colocadas, colocados y que perdamos la esperanza de que esto cambie, seamos personas o culturas completas. Quienes se construyen en el arriba, buscan que quienes estamos abajo, ahí nos quedemos, para así no tener que bajar nunca.

Quienes están arriba hacen todo lo que está a su alcance para no bajar, quienes están abajo y tienen haceres patriarcalizados, aspiran a subir, convirtiéndose en cómplices, mercenarios/as de sostener los binomios desiguales. Así, hay quienes se sostienen en los arriba, en los centros y en los territorios a costa del desprecio y la opresión de quienes habitamos los abajo, las periferias y las fronteras y tenemos que estar alerta de que nuestros haceres no busquen subir a costa de otras y otros; es decir, mantener una posición crítica hacia el subir patriarcal. Para ello, es necesario reconocer nuestra posición en cada binomio y sospechar de quienes pretenden desconocer o reconocer la implicación de los binomios jerarquizados en la organización de todo lo humano.

Para hacer más sencilla la explicación: enlistaremos las 14 preguntas (13 del pensamiento crítico Zapatista, +1 feminista) que compartimos en el anexo 2 de este texto, para puntualmente describir las 7 categorías:

1) Qué: El subir patriarcal

2) Para Qué: Para estar en el lugar que les garantice su supervivencia aún a costa del desprecio por la vida y existencia de todo lo que quienes están arriba no son.

3) Cuándo (calendario) En el proceso de convertirnos en lo que ahora llamamos humanidad.

4) Quién: grupos humanos que organizan lo humano en binomios jerarquizados

5) Por qué: En algún momento del inicio de la construcción de lo que hoy llamamos humanidad-humanos, en lugar se seguir las lógicas de la vida, los hombres se constituyeron como los “necesitados” de permanecener en el lugar seguro del grupo, tanto material como simbólicamente y eso implicó construir a las mujeres como las encargadas de sostener esa necesidad; al mismo tiempo que se nos construyó como sospechosas de querer quitarles los privilegios obtenidos y por tanto peligrosas.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Quienes arriba están buscan no bajar jamás, quienes abajo estamos podemos anhelar el arriba si no estamos cuestionando nuestra patriarcalización.

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política) Hacia arriba

8) Cómo: Organizando el mundo en binomios y jerarquizando los elementos del mismo. Construyendo como imprescindibles los arriba, los centros, los territorios y al mismo tiempo despreciando lo que queda en los abajos, en las periferias, en las fronteras.

9) En donde (Geografía): Donde hay humanas y humanos. En cada acción de cada humana y humano patriarcalizado; incluidos nuestros pensamientos y afectos, que para nosotras son haceres también. Tanto en los territorios como en los cuerpos, el subir patriarcal atraviesa todo y por eso ha de ser visibilizado para encontrar los modos de anularlo.

10) Con quién (alianzas): Con los iguales, con los arriba. Y quienes habitamos los abajos, podemos ser cómplices de los arriba en un intento de subir.

11) Contra quién: Contra las y los diferentes, contra quienes hemos sido construidas como abajos, como periferias, como fronteras.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): Quienes viven en los arriba (que se acumulan), en los centros y en los territorios, no tienen interés en mirar los abajos, las periferias, las fronteras. Quienes vivimos en los abajos por ejemplo, por ser mujer, pero en el arriba por ejemplo en cuanto a educación, o nacionalidad, negamos la forma en que colonizamos los abajos que no habitamos y reproducimos la patriarcalidad del patriarcado.

13) Qué sigue[5]: Quienes viven en los arriba de los binomios jerarquizados, en los centros y en los territorios, no tienen interés en mirar los abajos, las periferias, las fronteras. Quienes vivimos en los abajos por ejemplo, por ser mujer, pero en el arriba por ejemplo en cuanto a educación, o nacionalidad, negamos la forma en que colonizamos los abajos que no habitamos y reproducimos la patriarcalidad del patriarcado.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Nacemos habitando el abajo que nosotras consideramos fundante del patriarcado; somos construidas para servir a los hombres en el arriba. Somos construidas para ser apropiadas por los hombres, para servirles, para ser para otros. Vivimos la muerte suspendida, es decir, la certeza de que viviremos sólo mientras los hombres así lo quieran y cuando lo dispongan nos asesinan, nos violan, nos desaparecen, porque nos viven como sus propiedades. Creemos que esta categoría nos permite profundizar en cómo haber nacido en el debajo de este binomio nos lleva a construir haceres muy otros, aún cuando nos reconocemos patriarcalizadas.

Segunda Categoría constitutiva: El servirse patriarcal

1) Qué: Son: los haceres con los que se apropian de lo que no es suyo,

2) Para Qué: sostener como privilegio el servirse a costa del despojo de otras y otros, de quienes esperan conductas de sumisión-esclavitud, desarraigo; para que no defendamos ni nuestros cuerpos, ni los territorios que habitamos.

3) Cuándo (calendario): Una vez que se han construido los binomios jerarquizados. Desde le inicio de la humanidad, hasta hoy, mientras leemos esto.

4) Quién: Los que quedan en los arriba, centros, territorios o anhelan llegar ahí

5) Por qué: Lo suponen un hecho natural “la supervivencia del más apto”. Se apropian, acumulan y se expanden para aumentar sus posibilidades de supervivencia.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política) Desde el poder

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política) Hacia el poder

8) Cómo: Construyendo relaciones de amo-esclava, de propietario-proletario, de patrón-trabajadora, de humano con alma-salvaje hombre fuerte-mujer débil y despojando, para apropiarse, del trabajo vivo, de los territorios que habitan los colocados en la posición de salvajes, de los cuerpos de las mujeres débiles o sin alma o brujas. Construyendo también estados con gobiernos que con las leyes despojan a los muchos-muchas en beneficio de los pocos; creando instituciones como dios y la iglesia, que señalan como elegidos por áquel, a quienes han de gobernar sobre el resto y con esta institución se apropian de grandes territorios y de todo lo que han ellos, incluidas las personas, ya construidas como salvajes, herejes, mujeres, etc.

9) En donde (Geografía): Hasta lo que entendemos ha ocurrido en todos los grupos humanos.

10) Con quién (alianzas): Con el resto de personas, culturas que quedan en el arriba/centro/territorio hombre, rico-moderno-culto-guapo-heterosexual-capacitado

11) Contra quién: Contra quienes hemos sido construido para ser para otros, salvajes, sin alma, apropiables, prescindibles

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿Te sirves de las y los otros porque supones que tienes derecho de ello? ¿aspiras a hacerlo? Te supones superior y con derecho de ser servido por otras y otros que según tu, están en posición de inferioridad?

13) Qué sigue: Sostener la guerra contra los pueblos originarios, quienes han mantenido la resistencia de que el sistema se apropie de su trabajo vivo, de sus cuerpos, de sus culturas, de sus territorios, para desarraigarlos, para que claudiquen, para que se rindan, se vendan, para que se mueran. Aumentar el ataque sistemático en las ciudades para que quienes estamos abajo, consumamos más, produzcamos más, generemos más ganancia, para que nos desarraiguemos hasta del cuerpo que somos y se lo entreguemos a las farmacéuticas, a las cosméticas, a la ciencia para que le sigan sacando provecho.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Forzadas a subjetivarnos femeninas para estar al servicio de los hombres y al servicio del capital y del neoliberalismo y del colonialismo y de la modernidad, si, de los clones del patriarcado.

Tercera Categoría constitutiva: El mandar patriarcal

1) Qué: Acumula desde la explotación para obtener el privilegio de mandar y espera obediencia y sumisión

2) Para Qué: Para controlar, desde el mandato, su contexto y disponer del mismo para aumentar sus posibilidades de sobrevivencia de su estilo de vida.

3) Cuándo (calendario): Aún hoy, desde el inicio de lo que llamamos humanidad.

4) Quién: Arriba los que acumulan, abajo quienes vivimos explotación

5) Por qué: Porque es la manera en que los de arriba, suponen de garantizar su existencia

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Mandan desde el arriba y mirando al arriba, disfrutándolo o anhelándolo[6].

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Hacia la conservación/aumento de sus privilegios que garantizan, desde su lógica, aunque ello implica la destrucción de la posibilidades de vida del resto de la humanidad. Es decir, hacia arriba

8) Cómo: Acumulando los cuerpos de nosotras, las tierras, las herramientas, los medios de produción, de distribución y legales de despojo, al mismo tiempo que crean instituciones y prácticas que legitiman esta acumulación que se sostiene en la explotación. Y cooptando cualquier disidencia para convertirla en dispositivo para optimizarse[7].

9) En dónde (Geografía): En cada acción-relación, en las geografías donde el patriarcado moderno se ha impuesto o lo intenta machaconamente.

10) Con quién (alianzas): Los de arriba se alían entre ellos para seguir acumulando y con quienes anhelan el arriba.

11) Contra quién: Contra quienes, construidas como abajo, como periferia y como frontera, vivimos la explotación.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿Anhelas el arriba? Quienes viven en los arriba (que se acumulan), en los centros y en los territorios, no tienen interés en mirar los abajos, las periferias, las fronteras. Quienes vivimos en los abajos por ejemplo, por ser mujer, pero en el arriba por ejemplo en cuanto a educación, o nacionalidad, negamos la forma en que colonizamos los abajos que no habitamos y reproducimos la patriarcalidad del patriarcado. ¿Te posicionas en cada relación respecto a qué arribas habitas?

13) Qué sigue: Hacer lo necesario para que se mantenga la organización del mundo como es actualmente, porque de eso dependen sus privilegios, coptar, fagocitar, utilizar cualquier disidencia para “reformar” y optimizar el sistema, ponerle rostro “amable” “verde” “moderno” a cualquier nuevo modo de “subir, mandar, servirse, etc para seguir mandando, es decir, acumulando poder.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Estereotipos de construirnos como incapaces de valernos por nosotras mismas al mismo tiempo de no considerar trabajo nuestras acciones.

Cuarta categoría: El imponer patriarcal

1) Qué: Expandirse, reprimiendo a otras/as, de quienes se espera desinterés, docilidad

2) Para qué: Para mantener el privilegio de imponer sus deseos, su superioridad.

3) Cuándo (calendario): Aún hoy y desde que se constituyeron los binomios arriba-lugar seguro-abajo lugar inseguro hombres-arriba/mujeres-abajo.

4) Quién: Quienes están arriba en los binomios de género, de clase, de nacionalidad, de orientación sexual.

5) Por qué: Suponen, porque así han sido construidos, que es la forma de garantizar o al menos aumentar las posibilidad de mantener su estilo de vida y con ello su sobrevivencia.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Desde arriba o anhelando estar ahí

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Hacia arriba siempre

8) Cómo: Construyéndose dueño de lo existente al mismo tiempo que se niega la dignidad de lo existente y se le asigna una utilidad en función de quienes se nombran dueños. Volver propiedad lo que se habita y se necesita para existir y hacerla privada, es decir, de acceso a sólo unas y unos cuantos. Romper los ciclos de expansión-contracción, componer-descomponerse para la vida y mantener una perspectiva de crisis permanente que justifica la expansión continua para conseguir lo necesario. El problema es que lo necesario es para el poder y ya no para la vida.

9) En dónde (Geografía): Donde la acción de lo humano ha llegado en cada geografía

10) Con quién (alianzas): Con quienes se espera compartir la vida en el arriba

11) Contra quién: Contra quienes habitando geografías, estorban en la expansión, es la imposición.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿En tus relaciones diarias, buscas expandirte aún a costa de la represión de otras y otros? ¿Qué tan necesario te resulta imponer tu punto de vista, tu idea, tu modo?

13) Qué sigue: Expandir los territorios a costa de las fronteras, construir nuevas geografías (el espacio-nuestra atmósfera). Convertir los cuerpos humanos en necesitados de hormonas, de intervenciones quirúrgicas, de cambios, que resuelvan el problema del consumo, que aqueja permanentemente al capitalismo; cuestionar desde el patriarcado a la naturaleza para legitimar esta imposición.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Nuestro cuerpo a la venta no sólo desde la prostitución, la trata, sino desde la maternidad subrogada y comercio de órganos; aprovechándose de que hemos sido construidas para otros, para servir, nos explotan no sólo con el trabajo vivo, no sólo con el trabajo impago, no sólo obligándonos a seguir ideales que no son nuestros, sino impuestos; sino además, imponiéndonos como obligación, dotarles de hijos a parejas de hombres con dinero, que buscan vivir el sueño de la familia capitalista-nuclear.

Quinta categoría: El suplantar patriarcal

1) Qué: Quien está en posición de poder, divide a quienes estamos en desventaja, creando confrontaciones internas, que garantizan para el primero, nuestra entrega incondicional y/o desinterés hacia los temas comunitarios-relacionales.

2) Para Qué: Para mantener y acrecentar su privilegio de hablar y decidir en nuestro nombre, sin conocernos, incluso sin que le importemos y poniendo sus deseos en primer lugar.

3) Cuándo (calendario) Aún hoy, en las democracias con la idea de la representatividad y en las monarquías con la idea de haber sido elegidos por un poder superior; incluso en las dictaduras en la que quien gobierna asume que sabe qué necesita cada comunidad, sin haberla escuchado siquiera[8]

4) Quién: Quien se reconoce como ideal o lo más cercano a este, quien se asume como la personificación de la pretensión de universalidad de lo humano y supone que su visión es “la visión”, obviamente, para estar arriba.

5) Por qué: Hablar en nombre del resto les otorga, a quienes lo hacen, sostener su visión del mundo y aumentar sus posibilidades de llegar al arriba para sobrevivir sin modificar su estilo de vida.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política) Desde el arriba o anhelándolo

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política) Hacia el arriba, para ser la voz y las decisiones del resto, en favor del arriba.

8) Cómo: Asumiéndose por todos los medios a su alcance como la voz de todos y todas, al mismo tiempo que niega las voces disidentes. “vendiendo” sus decisiones como la mejor opción, como la opción que evitará el apocalipsis o cómo la única opción; al mismo tiempo que sataniza las otras opciones, sobre todo las que interpelan la suya, las que se oponen críticamente a la suya y haciendo espacio a voces que son cercanas a la suya fortaleciéndola. En esta categoría sugerimos enfocar la atención en el mecanismo triple que por un lado niega la disidencia, por otro la sataniza al mismo tiempo que busca cooptarla.

9) En donde (Geografía): Donde la acción humana es desde un pasado impreciso hasta el día de hoy.

10) Con quién (alianzas): Con quienes comparten las ideas de quien asume la vocería y se benefician de ésta.

11) Contra quién: Quienes nos oponemos a ser negadas, calladas, satanizadas y cooptadas.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿Reconozco que mis deseos son mios y no representan al resto de las personas a mi alrededor? ¿Entiendo que para construir representación es necesario conocernos, hablar, encontrar semejanzas y diferencias, construir para qués compartidos?¿tengo conciencia de que la pretensión de universalidad es un mecanismo patriarcal para suplantar-negar?

13) Qué sigue: Así como la teología legitimó los arriba, luego fue la filosofía y ahora la mercadotecnia[9] lo que sigue es un ataque sistémico y sistemático contra la materialidad de la vida, para reforzar la suplantación que de ésta ha hecho el poder. La tecnología mantiene su tendencia para convertir en innecesario el trabajo vivo, que se construyó en el sistema como el medio para “ganarnos” la vida, lo que implica que al desaparecer nuestro trabajo, desaparecen nuestras posibilidad de existencia. Y los trabajos que van quedando son pauperizados, peligrosos, implican poner nuestra vida en riesgo (tráfico de órganos, producción de drogas, aplicación de pesticidas que son veneno, etc)

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: El género y sus ideales impuestos, suplantan la materialidad del cuerpo y la expresión de este malestar del género impuesto es resuelta desde el patriarcado, modificando los cuerpos en lugar de autodestruirse. Las mujeres que nos definimos feministas, lesbofeministas, lesbianas feministas estamos recibiendo ataques de parte de mujeres trans que se asumen como la voz del feminismo; sin reconocer como suplantación su accionar. Así, los ataques a nuestros modos de mujeres no vienen sólo de los hombres que se reconocen como tal, sino ahora, de hombres que con un acto de autoenunciación se definen mujeres y se abrogan el derecho de hablar en nuestro nombre y de exigir ser nombrados en todo lo concerniente a las mujeres. Además de obligarnos a no hablar de lo que en su cuerpo no ocurre, como la menstruación, el embarazo, la lactancia, etc.

Sexta categoría: El vencer patriarcal

1) Qué: Quienes están arriba, se definen humanidad, con alma, desarrollados, cosificándonos a quienes estamos abajo, para suprimirnos y suprimir nuestras resistencias, nuestros modos, nuestros haceres, dándoles significado sólo en función de la utilidad que estos tienen para sostener el arriba y el abajo intocados, es decir, para vencer, derrotándonos. Para Qué: El privilegio de vencer cualquier oposición, de construir vencedores y vencidas según su “ideal”

2) Cuándo (calendario): Como el resto de las categorías, desde un tiempo impreciso cuando se construyó lo que hoy conocemos como humanidad hasta el día de hoy; con matices diferentes en las diferentes culturas; por lo que suponemos que la antigüedad de la construcción de estas categorías rebasa los 30000 años.

3) Quién: Quienes quedan arriba, los imprescindibles, el rey como en el juego de ajedrez, tome el nombre que tome en las diferentes modos de gobierno. Contra quienes quedamos expuestos, los peones en el juego de ajedrez, en el abajo, defendiendo la frontera, en la periferia.[10]

4) Por qué: Porque construyéndose vencedores aumentan sus posibilidades de vivir sin modificar su estilo de vida, ni abandonar privilegio alguno.

5) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Desde arriba y anhelando más arriba, siempre un nuevo triunfo.

6) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Hacia arriba

7) Cómo: Definiendo el para qué, el cómo, el cuándo, el dónde, el contra quien se lucha; usando para ello todos los medios a su disposición, distrayendo de las necesidades vitales en favor de sus deseos. Manteniendo posiciones en todos los territorios ganados (sean estos territorios materiales y simbólicos) Construyendo su lucha como defensa de otros a quienes quieren vencer, derrotar.

8) En dónde (Geografía): Donde existe lo humano

9) Con quién (alianzas): Con quienes les apoyan en su propósito de vencer

10) Contra quién: Contra quienes han de ser construidos/as como derrotadas para que existan los vencedores. Contra quienes no hemos construido los medios para salirnos de esa dupla. Y contra quienes, como los pueblos originarios, se resisten a ser construidos como un polo o el otro o a ser una pieza en su juego de ajedrez.

11) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿Necesitas vencer? ¿A quiénes construyes como derrotados? ¿Cómo te posicionas en esta dupla de vencedores y derrotadas/os? ¿Supones que vencer en el sentido clásico de suprimir, de aniquilar al contrario, es el único modo?

12) Qué sigue: Sostener por todos los medios esta dupla de vencedores/derrotados-as que garantice que el terreno de la guerra permanezca.

13) Cómo nos afecta por ser mujeres: En la dupla, fuimos construidas como las vencidas, las derrotadas y el pago de esa derrota es ser para otros, siempre al servicio de los otros, de los vencedores. El feminismo radical, reconoce nuestras resistencias ante esto y por ello es tan atacado por el Heteropatriarcado.

Séptima categoría: El destruir patriarcal.

1) Qué: Destruyen para dominar, para generar pasividad que garantice sus posibilidades de elegir-discriminar

2) Para Qué: El privilegio de discriminar en el sentido de seleccionar, elegir lo que conviene para su propia vida sin importar nada más.

3) Cuándo (calendario): Desde que lo humano es, hasta el día de hoy y considerando un futuro “utópico” y necrófilo donde no dependerán ni de las mujeres, ni de la tierra para existir.

4) Quién: Quienes en el sistema, han sido construidos con derecho a elegir; los de arriba.

5) Por qué: Suponen o han construido la idea de que es la manera de sostener su vida, sin modificar su estilo de vida y reconociendo éste como el único posible para ellos e imposible para quienes no están en su situación.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Desde la posibilidad de elegir, porque están en posición de hacerlo o anhelan estarlo

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Hacia arriba, donde es posible elegir.

8) Cómo: Niegan su posición de seres vivientes en interdependencia con la vida; se suponen con las capacidades de crear un mundo donde no dependan de la vida para su existencia. Usan los medios a su alcance: ciencia y tecnología para crear ese mundo predecible, cuantificable, controlable; y disponen la organización de lo humano como medio para posibilitar tal mundo. En lo micro usan el poder, como lo entendemos en este texto, para imponer la idea de pareja, de familia, de grupo, de lucha: predecibles, controlables, claro, en su favor. Destruyen la vida para reproducir su existencia sin modificar su estilo de vida.

9) En dónde (Geografía): Donde lo humano moderno existe, donde se ha ido impuesto la idea de modernidad patriarcal.

10) Con quién (alianzas): Con quienes aspiran a compartir esa vida artificial-tecnológica.

11) Contra quién: Contra quienes, desde el cuerpo, nos sabemos entretejidas con la vida, nos sabemos vida y la defendemos.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿cuál es tu ideal de mundo? ¿Crees que la tecnología[11] es la respuesta y la no la vida con sus modos?

13) Qué sigue: Destruir los cuerpos que con su material se oponen a la creación de ganancias que se gastan en construir este mundo digital, inmaterial, mediado por dispositivos electrónicos.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Al ser construidas en el abajo, la destrucción patriarcal invade nuestros cuerpos, nuestras miradas, nuestras, voces, nuestros modos, negándolos para dejar el terreno para construirnos como mercancía útil para su servicio.

A modo de síntesis, agregamos un cuadro con los elementos básicos que usamos para construir las categorías que pusimos en la portada de esta nota.

Según lo miramos, cada categoría tiene un mecanismo de fetichización: Es decir, absolutiza un elemento de una relación, rompe la relación con la vida y niega la otra parte:

Al hacer este ejercicio de construir las categorías, encontramos que es posible servir al poder y los poderosos, obedecerles a ellos, proponer como desarrollo las maniobras extractivistas de los de arriba o por el anhelo de subir; convencer a otroas a favor de los de arriba, incluso representar a los de arriba, para saquear en el abajo y construir “progreso”; pero parece que lo que no es posible en esta racionalidad patriarcal, es bajar; para quienes están en el arriba, bajar en ceder, es perder privilegios y bajo ninguna circunstancia quieren eso. Bajar pues, es siempre, un ejercicio despatriarcalizante, si se hace honestamente y no para engañar.

Finalmente compartimos un cuadro más donde ponemos, nuestra reflexión de los efectos de cada una de las categorías de la patriarcalidad cuando se hace patriarcado. No omitimos recordar, una vez más que las categorías son constitutivas de cada acción patriarcal, aunque sean negadas, incluso ignoradas desde la pretensión de objetividad racional propia de lo humano moderno masculino. Hacemos la separación entre pachamama[16] y comunidades humanas, sólo para visibilizar algunos efectos; pero nos reconocemos en tanto vivientes, como parte de la pachamama, como uno de sus modos de ser.

Así pues, lo que vemos es que hay que seguir fugándonos del patriarcado y su patriarcalidad, fugarnos de las garras de sus clones capitalismo y neoliberalismo, al mismo tiempo que seguimos despatriarcalizándonos para anular el terreno donde la guerra es posible… Los arriba y abajo nos constituyen en tanto humanidad, por tanto están dentro y fuera de nosotras y nosotros, posicionarnos en cada hacer y en cada relación respecto a los arribas y abajos que habitamos en uno de los modos de ir visibilizando el patriarcado y seguir construyendo otros modos de ser-haciendo.

Y en esta mirada dual hacia dentro y hacia fuera, la construcción de las categorías nos muestras que la patriarcalidad hecha patriarcado traspasa toda acción humana y por tanto la necesidad de despatriarcalizar nuestros haceres. Concluimos este ejercicio escritural con la aplicación de las mismas 14 preguntas a la posición desde dónde hacemos este ejercicio:

1) Qué: Construcción de las categorías de la patriarcalidad como una aproximación para caracterizar al enemigo que tenemos enfrente y dentro de nosotras, de nuestras relaciones, de los lugares que habitamos, en el planeta.

2) Para qué: Ganar en claridad respecto a lo que enfrentamos y desde dónde lo hacemos.

3) Cuándo (calendario): En este 2017 del calendario moderno, a partir de los aprendizajes de nuestras historias de vida en conjunto con otras mujeres, feministas, lesbofeminastas, lesbianas feministas, lesboterroristas, feministas radicales, amigas, hermanas, hijas y lo que comprendemos de lo que comparten las y los compas del Zapatismo.

4) Quién: Mujeres adultas, que nos autodefinimos feministas urbanas, adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

5) Por qué: Porque en la construcción de la propuesta de la Ley, encontramos que nos hacía falta caracterizar el patriarcado y su racionalidad para comprender cabal los alcances del enemigo.

6) Desde dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Desde el abajo del par de género: mujeres. Mujeres que nos reconocemos patriarcalizadas y colonizadas desde la familia, la educación y que escribimos desde nuestra viviencia, desde nuestra comprensión, desde lo que vemos en nuestras compas y pensando en ellas escribimos y compartimos. Nuestra palabra hacia arriba, es sólo para exigir y denunciar.

7) Hacia dónde (Posición epistémica-ética-estética-política): Hacia abajo, hacia nosotras y hacia la lucha del zapatismo; hacia abajo es hacia donde buscamos construir interlocución, intercambio de saberes y haceres.

8) Cómo: Problematizando nuestra mirada y convirtiéndola en texto como lectura de la realidad para compartir aún en la distancia geográfica.

9) En dónde (Geografía): Vivimos en ciudades de Abya Yala y desde ahí vemos, padecemos la realidad y hacemos propuestas para crear otras.

10) Con quién (alianzas): Adherentes de la Sexta, feministas radicales, amigas, hermanas, hijas, mujeres cercanas. Hemos aprendido[18] del Lesboterrorismo, del lesbofeminismo, del feminismo materialista, del feminismo comunitario tanto boliviano como de Guatemala y de las propuestas teóricas de mujeres creando en Bolivia y con batallones femeninos aprendimos que un buen ritmo a seguir, es el del corazón, que es también lo que aprendemos y reconocemos a las madres de Ayotzinapa, a quienes acompañamos. Con las comunidades de los caracoles Zapatistas y sus guardianes el EZLN y con el CNI que nos convoca actualmente y decimos ¡presentes y con las luchas de los pueblos originarios que actualmente protegen la vida de su cultura, de su gente y de la tierra.

11) Contra quién: Contra la patriarcalidad y el patriarcado que se encarnan en nuestros haceres, en nuestras relaciones, en la organización de lo humano en el mundo; en nuestras comunidades. Contra quienes encarnan el poder del patriarcado acumulando privilegios a costa nuestra; contra el capital y el neoliberalismo clones del patriarcado que lo fortalecen; contra la modernidad y el colonialismo que abrieron las puertas de Abya Yala al patriarcado europeo.

12) Y tú qué (invitación a posicionarnos, a hacer autocrítica, a mirar para dentro): ¿Cómo observo la realidad, con las categorías patriarcales o cuestionando éstas? ¿Cómo llevo a mi hacer, lo que aprendo de las mujeres en resistencia, de las mujeres organizadas, de las luchas en el abajo y a la izquierda? ¿Aprendo a reconocer mi voz como valiosa para compartirla o guardo mis análisis por miedo? ¿Escuchó? ¿me organizo, nos organizamos?

13) Qué sigue: Continuar construyendo la propuestas, seguir profundizando nuestras miradas, aprender en compañía formas de irnos despatriarcalizando, compartir lo que vemos, abiertas a las otras miradas que buscamos; posicionarnos en cada acción y en cada relación en los abajos y arribas que habitamos para no colonizar haceres de otras compañeras, para no ejercer el poder patriarcal.

14) Cómo nos afecta por ser mujeres: Para nosotras, todas las mujeres vivimos el malestar de ser el abajo del par binario del género, cuando se acumulan los debajo de raza, clase, sexualidad, los malestares aumentan en nosotras y cada quien en su calendario y geografía-cuerpa, va construyendo sola y en compañía fugas, breves algunas, superficiales, otras más duraderas y radicales; la cosa es mirarnos a nosotras con atención, como nos fugamos, cómo cada una lo hacemos.

Lo que queda pendiente, es que así como hay categorías de la patriarcalidad y el patriarcado, así también alcanzamos a mirar que hay categorías constitutivas de los haceres despatriarcalizantes. Es una tarea pendiente a la que invitamos a realizar juntas, para mejor conocernos, para mirarnos y aprender de y entre nosotras.

NotAs:

[1] Mujeres que no alcanzan a mirar que nunca podrán estar arriba en el centro y en el territorio seguro; pues nunca serán hombres.

[2] Y despatriarcalizar implica no sólo denunciar que el pastel fue elaborado con ingredientes robados, que el cuchillo para partir el pastel está manchado de sangre de millones de pobres que dejaron y dejan su vida para que exista ese pastel; implica también recuperar cada ingrediente del pastel y que cada comunidad decida que prepara para alimentar su vida digna.

[3] Haceres de sujetos enfocados a obtener/disfrutar privilegios a costa del despojo de la dignidad del resto existente, y que para ello cuentan con el respaldo del grupo humano en que habita, teniendo a su alcance los medios de producción, de distribución, incluso los medios legales de despojo.

[4] Y esto ocurre en los diferentes niveles: no sólo que los hombres ricos nos despojan a nosotras, sino que nuestros compañeros, pauperizados como nosotras, con anhelos de cambiar lo económico y la “política”; evitan siquiera, cuestionar sus privilegios y cuando lo hacen, intentan con todas sus formas de mantener la mayor cantidad de privilegios, incluso a costa de construirse como víctimas del “machismo” que les favorece realmente. Hemos notado como algunos compañeros han brincado la autocrítica y se han lanzado como “feministos” a proponer y proponer, ignorándonos nuevamente; y dejándose llevar por propuesta engañosas como la idea de las masculinidades no hegemónicas, sin pensar que lo constitutivo de la masculinidad es la hegemonía, el poder.

[5] Esta pregunta como el resto, la respondemos desde la lógica de la patriarcalidad, reconociendo que hay resistencias permanentes y que construyen con sus praxis otros que siguen, desde otras lógicas.

[6] Más que la noción de izquierda y derecha –que hace referencia a horizontalidad y quizá sirva para que los hombres comprendan sus diferencias- a nosotras, nos ha servido la imagen de arriba-abajo, centro-periferia, territorio-frontera, para comprender la jerarquización y creemos que el arriba creó, en su beneficio, la idea de clase media como un engaño para construir cómplices que estando abajo, anhelen el arriba y sostengan la explotación contra los y las de abajo.

[7] La ciencia, los partidos políticos, la academia son instituciones que el sistema usa para hacer esta cooptación; colonizando procesos organizativos disidentes, pervirtiéndolos, convirtiéndolos en mercancía y luego vendiendo como disidente lo que ya es parte del sistema (la perspectiva de género institucional, lo trans –apropiado por la ciencia y la industria farmacéutica), lo queer y el feminismo que apuestan por las leyes, por reformarlas, para que les den cabida a ellos y ellas, dejando intocado el arriba y el abajo fundante y su relación de acumulación-explotación.

[8] Pendiente leer las diferentes de los tipos de gobiernos, pues las semejanzas son alarmantes.

[10] A propósito conversábamos respecto a que en el ajedrez no se encuentran las figuras ni de los mercenarios que venden su trabajo y sus armas al mejor postor, es decir, a quien más paga, ni las y los rebeldes. Por eso hemos pensando que el juego de ajedrez es un juego que da cuenta del terreno de la guerra, donde dos reyes necesitan protección y para ello usan la heterosexualidad (la reina), las instituciones (las torres, alfiles), los medios a su alcance (los caballos) y ambas partes exponen a los peones, quienes menos posibilidades de movimiento tienen y aunque los peones se jueguen maravillosamente, quien al final gana, es el rey, siempre el rey de uno u otro bando. Seguimos pensando la presencia del huarache Zapatista encima del tablero…

[11] Nosotras hemos planteado que la tecnología: desde el lenguaje humano, hasta el vestido, zapatos, herramientas para trabajar la tierra, hasta tecnologías más sofisticadas, tienen un origen vital; es decir que son el producto de grupos humanos para satisfacer sus necesidades vitales. Y que la instauración del patriarcado pervirtió incluso esa orientación vital y puso la tecnología (la ciencia, la espiritualidad, entendidas como tecnologías, la política, la ética, la estética) al servicio de sí mismo, del poder patriarcal.

[12] Referido a los 7 principios ético-políticos del Zapatismo en los caracoles Zapatistas

[13] 6 de los 7 opuestos de los principios éticos construidos por el Zapatismo en sus formas de gobierno en los caracoles. El séptimo, que es destruir lo pusimos como un hacer y no como un privilegio.

[14] Los 4 primeros (desprecio, despojo, explotación y represión, son las 4 ruedas del capitalismo, señaladas por el pensamiento Zapatista)

[15] Fetichización como el mecanismo para crear un fetiche y este como el resultado de romper la relación de variables con la vida, absolutizando una de las variables, ocultando la otra y negando la relación de éstas con la vida.

[16] Todo lo existente que entreteje y posibilita la vida. Término de una lengua originaria del pueblo Inca y hace referencia a todo lo que existe dentro y fuera de la tierra en que somos.

[17] En esta parte de la reflexión, en la que vamos, es donde encontramos coincidencias con las 7 piezas del rompecabezas mundial, que escribió el SCI Marcos en 1997.

[18] Nos hacemos cargo de esos aprendizajes, pues los hemos hechos desde nuestros horizontes de comprensión. Deslindamos a las praxis mencionadas de cualquier absurdo de este texto y lo asumimos como parte de nuestro proceso de aprende a mirar-hacer desde dónde lo hacemos.

El deseo patriarcalizado. Ser la(s) favorita (s) del amo, entre todas las esclavas.

6 de mayo 2017

a) Supuestos

a. Que toda acción humana tiene como fin último la sobrevivencia de quien la realiza. Y que en el patriarcado, el poder en tanto tecnología de sobrevivencia aumenta las posibilidades de sobrevivencia de quien lo ejerce, a costa del resto de la vida y lo existente. Por ello el poder no es una opción para la vida digna.

b. Que la violencia llamada género es una arma del patriarcado –producto y fuente del poder- para construirnos diferentes según la lectura que se hace, desde éste, de nuestro cuerpo sexuado y se construye el arriba/centro/territorio/totalidad para los hombres y el abajo/periferia/frontera/exterioridad para nosotras.

c. Que los hombres, en el sistema patriarcal, son construidos para ser para sí y como propietarios del lugar que habitan y lo que hay en él. Y las mujeres somos construidas para ser para otros y como propiedades de los hombres y a no tener para nosotras, ni nuestro cuerpo, ni nuestros deseos, incluso dejar en segundo lugar nuestras necesidades.

d. Que debido a esa construcción diferenciada, las acciones de las mujeres para sobrevivir son realizadas desde el sabernos subalternas a los hombres, siempre, aunque vivamos privilegios de clase social, nacionalidad (raza) y sexualidad,

e. Que nuestras acciones para sobrevivir, en tanto mujeres, están, en el actual sistema, invariablemente mediadas por la existencia de los hombres; es decir, que nuestra construcción nos hace saber-creer que para sobrevivir, necesitamos ser de los hombres, individual y colectivamente. Y que en ello está la trampa de hacer alianza con ellos, a quienes servimos, aunque esto implique alejarnos de quienes son nuestras iguales, las otras, las esclavas también.

f. Y que, si bien, hemos construidos fugas a esta construcción, despatriarcalizándonos individual y colectivamente; en tanto mujeres patriarcalizadas, también reproducimos al patriarcado luchando contra nosotras, construidas como rivales, como las otras, para garantizar la apropiación, que desde nuestra óptica “femenina” aumente nuestras posibilidades de sobrevivir.

g. Que la rivalidad entre mujeres de la misma clase social, de mujeres cercanas, es parte de la subjetivación a la que somos sometidas en tanto hembras de la especie, que garantiza por un lado, que no nos organicemos entre nosotras, que no socialicemos nuestros malestares comunes, que nos nos querramos. Y por otra perpetuar el sistema, manteniendo a los hombres como nexo con la vida. Así, los celos por miedo de perder la propiedad, que viven los hombres, no son los mismos celos de las mujeres que tememos perder nuestro propietario, ser abandonadas y con ello, disminuir nuestras posibilidades de sobrevivencia en este sistema.

b) De las necesidades a los deseos: de la vida al poder

Nuestro cuerpo está equipado para resolver los desequilibrios internos-externos que ponen en riesgo su existencia en tanto organización de múltiples células. Asfixia, sed, hambre, sueño-cansancio, frio-calor-húmedo-seco, necesidad de excretar, vigilia, son mecanismos que informan a la conciencia de necesidades de oxigeno, hidratantes, nutrimentos, descanso, cobijo, contacto y movilidad que el cuerpo requiere para mantener el nivel de organización celular, es decir, la vida. Hay otros mecanismos que no aparecen en la conciencia, como el recambio celular, sin los cuales no sería posible mantener el nivel organizativo al que nombramos vida.

Todo lo que el cuerpo hace en este nivel, y aún no he planteado lo sexual, ni como características de los cuerpos, ni como capacidad para reproducirse, ni como acción humana, tiene como fin último aumentar las posibilidades de sobrevivencia del mismo, como individuo de una especie. Los cuerpos humanos nacen de los cuerpos de hembras -como el resto de mamíferos- humanas, cuerpos que además, producen leche para alimentar, hasta que le salgan dientes, a las crías. Cuerpos de hembras que viven con otras y otros en organizaciones ya no biológicas, y que nombro tecnologías de sobrevivencia: los grupos humanos.

La reproducción sexual se plantea, entonces, no como una necesidad individual, sino como una necesidad de la especie de perpetuarse, de sobrevivir. El hecho de que a diferencia de las células, los cuerpos como organización compleja de células diferentes, no puedan reproducirse a sí mismos individualmente, plantea un cuestionamiento a la idea de el coito penetración pene-vagina entre un macho y una hembra, como una necesidad básica; al menos no es básica para el nivel individual, parece que si, para el nivel “especie-grupo animal”.

Las hembras estamos equipadas biológicamente para recibir el esperma, en la cavidad vaginal con el ph y la humedad adecuados, producir vida y alimentar a las crías con nuestra leche; pero no todo el tiempo, ni todas las hembras, ni durante toda la vida de la hembra. Es decir, la capacidad de las hembras para quedar embarazadas, parir y amamantar, es una capacidad temporal que algunas tenemos y algunas no. Es una capacidad temporal y periódica. Sigo hablando de la capacidad temporal, no de la necesidad, ni del deseo.

El cuerpo de los hombres está equipado para producir espermatozoides y para ponerlo en la cavidad vaginal con su pene que ha de estar erecto.

Ambos cuerpos en lo general, están equipados para satisfacer sus necesidades individuales y para reproducir a la especie cuando estén maduros biológicamente, es decir, cuando el embarazo no ponga en riesgo significativamente mayor, el cuerpo de la madre, la vida de ésta.

Así, los cuerpos de la especie hommo, -como del resto de animales- están equipados para mantenerse vivos mientras una fuerza mayor no imponga otros niveles de organización de los mismos. Y construyen tecnología para aumentar sus posibilidades de sobrevivencia. Pensamiento, lenguaje, ropa, zapatos, uso del fuego, creación de casas-chozas-champas, camas-petates-hamacas, herramientas, para labrar la tierra, para recolectar, cazar, espacios para almacenar y preservar alimentos necesarios; son tecnologías puntuales para dar satisfacción a necesidades básicas; son creaciones, igual que la organización en grupos humanos, que aumentan las posibilidades de sostener la vida humana; incluso los vínculos afectivos más allá de la primera infancia, son tecnología para la vida, que como otros animales hemos construido.

Así pues, la relación primera, es con la vida, originariamente, para las crías, representada, por la madre que nos lleva en su útero durante 40 semanas aproximadamente y que nos alimenta con la leche que su cuerpo produce, cuando le es posible, una vez que nacemos. La relación que se mantiene a lo largo de nuestra existencia es con la vida, es decir, con el nivel de organización de nuestras células y sus procesos, que dependen de otros procesos organizativos de lo existente que ya está dado y que nombraré Pachamama; el nivel de organización al que llamamos vida es una expresión de la Pachamama y la tecnología que construimos, está originalmente, orientada a sostener la vida propia, y para ello es necesario que el nivel de organización de lo existente que nombro Pachamama, se sostenga.

¿En qué momento, las tecnologías devinieron poder? ¿Qué proceso histórico posibilitó que las tecnologías de sobrevivencia estuvieran diferenciadas por género? ¿Cómo se constituyeron como privilegios las tecnologías que podían posibilitar la sobrevivencia de todas y todos? ¿Para qué se construyeron binomios subalternos como hombres-mujeres, ricos-pobres, que aumentan las posibilidades de sobrevivencia de quienes quedan arriba? ¿Qué procesos socio-históricos-racionales permiten que se legitimen estos binomios? ¿Cómo afectó a los procesos socio-cognitivos, la vivencia permanente de estar en el abajo para el caso de nosotras? Y ¿Cómo afectó a los procesos socio-cognitivos, la vivencia permanente de estar en el arriba, para el caso de los hombres?

Defino poder como haceres de sujetos enfocados a obtener/disfrutar privilegios a costa del despojo de la dignidad del resto existente.

Las necesidades vitales y las tecnologías creadas para resolverlas y aumentar las posibilidades de sobrevivencia, viven ahora una mediación: la del poder. Así, parece que entre más poder, más posibilidades de sobrevivencia como individuo y como grupo racial-familiar existen. El mecanismo que el poder construyó para esta mediación, es intervenir no en las necesidades que son mandatos biológicos para restablecer equilibrios dinámicos, sino en la conciencia de esas necesidades y en la interpretación de las mismas como deseos[1].

Un autor define la conciencia[2] como el patrón, resultado de un continuo escaneo de nuestros sentidos, de la realidad interna y externa respecto al cuerpo. Escaneo que forma parte de los mecanismos de vigilancia de las posibilidades de sobrevivencia como unidad y como especie, que desarrolla cada cuerpo a partir de sus mecanismos de percepción de estímulos, organización de los mismos, interpretación, interrelación de los mismos.

Retomo aquí, para reflexionar en torno a la conciencia y su patriarcalización, el síndrome de vigía[3] que define el Zapatismo “en que la persona que está en el puesto de vigilancia desarrolla, después de un tiempo de estar de guardia, una especie de ´percepción en bucle´ o ´constancia de la percepción´ reproduce en su percepción consciente una y otra vez la misma imagen, como si nada se alterara, o como si los cambios fueran parte de la misma normalidad de la imagen”.

La conciencia de la humanidad parece, en su mayoría, vivir el síndrome del vigía respecto al ejercicio del poder de los hombres-blancos/blanquizados-ricos, que se han puesto a sí mismos como mediación para la vida de la especie. Es decir, ese arriba, hace todo lo necesario, para mantener la idea de que si ellos viven, la especie humana está a salvo, aunque para que ellos vivan con sus estilos de vida, millones tengamos que morir.

¿En qué momento y cómo, los hombres pasaron de ser parte del grupo humano, a habitar el espacio de arriba/centro/territorio, que en los otros animales mamíferos está asignado a las crías? A este proceso lo llamo patriarcalización; justo cuando se construyeron los hombres como el arriba, como los merecedores de habitar el espacio seguro del territorio, del centro, dejando para quienes no somos hombres, el abajo, la periferia, la frontera y con ello, la tarea de proteger, sostener el arriba, el territorio, el centro. Este proceso no fue sólo de haceres en el grupo social, sino, también en los haceres de los procesos cognitivos, en la interpretación de la realidad, en la forma de construirnos hembras, mujeres, femeninas y heterosexuales vs machos, hombres, masculinos propietarios.

A esta organización de lo humano, las lesbofeministas radicales lo nombran: régimen político heterosexual que actualmente se sostiene y sostiene al patriarcado que posibilita la modernidad, el colonialismo, el capitalismo y el modelo neoliberal; pero no sólo, también los otros modelos económicos-sociales y de la política humana.

La patriarcalidad, entendida como la racionalidad del patriarcado, patriarcalizó la conciencia, generando síndrome del vigía, haciendo pasar por natural lo que natural no es, haciendo pasar inadvertida la mediación que los hombres hacen respecto a la vida de las mujeres; de tanto escanear el entorno interno y externo, la conciencia normalizó el arriba de los hombres a costa del abajo en las mujeres.

Las necesidades devinieron deseos, deseos patriarcalizados, que abonan al poder. El deseo no es respirar, sino respirar el aire más puro, aunque para ello se contamine el aire y el agua de otras y otros; ya no es ropa para protegernos del frio, sino ropa que señala género y clase social desde donde nos subjetivaron. La comida más saludable para los arriba, a costa de la experimentación y contaminación y despojo de quienes habitamos los abajos. El deseo de poseer, de dominar, de arrebatar, de vencer, de mandar, de acumular, no tienen referente en las necesidades vitales, son ya deseos patriarcales, que encuentran en el poder su fin último.[4]

El terreno de la guerra[5], según lo veo, que señala también el Zapatismo, está en esa conversión de las necesidades en deseos; que para el caso de los hombres implica el deseo de ser propietarios para aumentar sus posibilidades de sobrevivencia y para nosotras, el deseo de ser apropiadas con el mismo propósito. La vida en acto, desde la conciencia patriarcalizada, devino deseo por el porvenir ya sea terrenal o en el paraíso. Lo que hasta aquí me queda claro, es que ni el deseo de poseer ni el de ser poseída es el camino, al mismo tiempo que coincido con quienes dicen que los caminos para la vida, las soluciones, se construyen en el abajo, desde y hacia abajo.

c) Los modos de abajo.

Ahora bien, el síndrome de vigía que provocó la patriarcalización, afectó a nuestras conciencias, marcando las relaciones: los hombres naturalmente se viven en el arriba, nosotras, en el abajo; sin embargo, el síndrome del vigía no afectó por completo el cuerpo y por ello, las mujeres vivimos el patriarcado en el cuerpo, nuestros malestares son alarmas de que algo anda mal; nuestras depresiones, nuestros cólicos menstruales, nuestra molestia ante las desigualdades que vivimos por ser mujeres, las violencias que vivimos por ser mujeres, las privaciones que vivimos por ser mujeres, la rabia ante cada desaparición, ante cada asesinato, ante la pauperización de nuestras vidas; malestares que no tienen nombre, que muchas veces no nombramos, pero que nos incomodan, nos recuerdan que algo va mal.

Desde esos malestares, las mujeres hemos construido resistencias individual y colectivamente a lo largo de la historia, y al margen de las historias oficiales –patriarcales- que ciertamente nos han ignorado, a nosotras y a nuestros modos, sistemáticamente.

Las y los pobres de todas las culturas también expresan resistencias de modos diferentes, unos que los ponen en mayores riesgos de perder la vida, otros modos que sin poner en mayor riesgo su vida, tienen escapes afectivos, cognitivos, vitales:

– El llamado doble sentido del lenguaje, usado por las y los indígenas durante la colonia, en lo que ahora llamamos México, permitió a éstas y éstos, comunicarse y expresar su enojo contra los patrones, sin aumentar el riesgo de muerte que de por si vivían.

– La capoeira como arte marcial, concebido en los grupos de esclavos africanos en Brasil y disfrazado como un baile cadencioso para entrenarlo frente a los capataces, mayordomos, caporales.

– Las comunidades cimarronas y quilombos que en el sur del continente crearon las y los esclavos que huyeron de la esclavitud y se internaron en las selvas y los bosques, reuniéndose para sobrevivir.

– El ir por la tangente del EZLN, que rodeando los retenes militares, gracias al conocimiento que tienen de la selva, en 1994, evitaron la confrontación al salir de la selva y lograron tomar las 5 ciudades.

– La creación de procesos organizativos autonómicos, como en Cherán y en los Caracoles Zapatistas, por ejemplo.

– Las reuniones en las cocinas, en los lavaderos, en el rio, en el mercado, en la tienda de abarrotes, que las mujeres pobres mantenemos, donde a veces sin hablar directamente nos ofrecemos consuelo y consejo para soportar la violencia en casa, para evitar embarazos, para encontrar sentido a tanto sufrimiento.

Estos modos tienen en común, que no buscan el poder, sino sobrevivir. Tienen además la coincidencia, en tanto modos, de que son despreciados por los de arriba: además, por ser construidos por el abajo son ignorados en los recuentos históricos oficiales, es decir, no se estudian en las escuelas o se estudian pero desde la óptica del arriba. También coinciden en que no negocian con el arriba, porque claramente lo reconocen como el enemigo y no aspiran a ser el arriba, quieren vivir.

Algunos de estos modos, al luchar contra los ricos, se encontraron con otra lucha, su propio machismo, su propia patriarcalidad y descubrieron que ambas luchan tienen que ir unidas, de lo contrario, las jerarquías se mantienen y es cosa de tiempo que los unos se conviertan en ricos y las otras en pobres.

– La Visibilización de la praxis como práctica reflexionada que se enriquece, que profundiza; es otro de los modos de abajo, que sin embargo, recibió atención de la academia y se han institucionalizado algunos de sus planteamientos; aunque la institucionalización, lo que provocó, es el vaciamiento de contenido de esos planteamientos. Así aunque se hable de pensamiento crítico, en las universidades no existe la posibilidad de desarrollarlo. El Zapatismo ha recuperado desde su praxis y comparte una propuesta de pensamiento crítico para las praxis liberadoras.

– La lesbiandad como opción política, es decir, como la organización de lo humano entre, por, para y con mujeres exclusivamente, representa otro modo que desde el abajo del género ha construido praxis. Quienes se construyen lesbianas como opción política, viven violencia constante que el sistema genera ante su intento perseverante de fugarse de los deseos patriarcalizados, del patriarcado.

– En las ciudades, mujeres organizadas, interpelan al patriarcado y su violencia, desde la música en las calles, desde las artes, en eventos no institucionales, con organizaciones no institucionales; fuera de las asociaciones civiles, de las oenege, de la academia; y proponen otras formas de relacionarnos entre nosotras.

Las resistencias son múltiples y desde múltiples frentes, siempre en el abajo cuando hay radicalidad, reformistas cuando vienen de lo que se ha dado por llamar la clase media.

He hablado hasta ahora del arriba y del abajo, de hombres arriba, mujeres abajo, de ricos arriba, pobres abajo; ¿quiénes son entonces, la clase media? En términos puntuales, creo que la clase media, es el grupo de pobres, hombres y mujeres, que han accedido a cierto nivel de consumo y endeudamiento a partir de su trabajo o de oportunidades derivadas de su educación formal u otros medios, y que desde ahí, aspiran al arriba, negando su origen en el abajo. En el caso de las mujeres en la clase media, tienen derecho a la educación y a un trabajo remunerado para aumentar su capacidad de consumo, con lo que tratan de acercarse al ideal de la mujer rica, en el arriba de la clase económica; y aspirando a tener los mismos derechos que los hombres, de arriba, por supuesto. Lo que implica dejar intocada la organización de lo humano (el binomio de género)

Así, mientras las resistencias desde y hacia abajo, buscan destruir el poder; las resistencias reformistas de quienes se asumen clase media, están enfocadas es constituirse parte del arriba y copian los modos del arriba: Mandar, destruir, suplantar, vencer, imponer, servirse y subir, siempre subir.

La población en medio también se vive como arriba, respecto a los de abajo y reconoce los arriba a los que aspira. Y es para llegar arriba, que delata a quien le impide subir, bloquea, traiciona para subir. Estos modos también son copiados por nosotras en el abajo, sólo que nosotras, insisto, no aspiramos a ocupar el territorio masculino, sino a ser la favorita entre las esclavas. Así pues, delatar, bloquear, traicionar, son acciones en cualquiera de los modos del arriba que describo a continuación:

d) Cachar los modos de los arriba en nuestros modos de abajo en el binomio hombre/mujer.

Los 7 modos del arriba: Mandar, destruir, suplantar, vencer, imponer, servirse y subir que son las categorías de lo que he llamado patriarcalidad, se expresan también en los modos de las de abajo en el binomio de género; pero con una característica que alcanzo a notar: Sabiendo la imposibilidad de habitar el arriba hombre y habiendo sido subjetivadas para ser apropiadas por ellos y servirles; nosotras expresamos los modos del arriba contra nuestras iguales con el propósito no de aumentar nuestras posibilidades de sobrevivencia directamente, sino con el propósito de estar lo más cercanas a los hombres cercanos, para que esto, según nos dice la patriarcalización, aumente nuestras posibilidades de existencia.

A estos modos patriarcalizados que reproducimos nosotras, desposeídas y apropiadas individual y colectivamente por los hombres[6], contra nosotras mismas y nuestras iguales, es lo que llamo: el deseo patriarcalizado de ser la esclava favorita. Es obvio, que ya no se trata aquí ni de satisfacer las necesidades básicas para sobrevivir, ni de huir del poder; sino de asimilarnos al poder (los hombres, el estado y todas sus instituciones, las religiones, las universidades, las financiadoras, etc.) desde el lugar que éste nos coloca y sobrevivir como esclavas, de preferencia, como las favoritas entre las esclavas.

Antes de exponer los modos del arriba en el deseo de ser la esclava favorita, quiero expresar que mis reflexiones alcanzan para explicarme a mi misma algunos de mis comportamientos; alcanzan también para comprender algunas violencias que he vivido desde las mujeres cercanas y también, para mirar conductas de las mujeres que desde las instituciones, buscan reformar el sistema. Lo que escribo de ninguna manera explica la conducta de quienes se llaman mujeres trans, pues, aunque entiendo su malestar ante la violencia llamada género, fueron subjetivadas hombres una parte importante de su vida; así que supongo sus procesos desde el supuesto b de este texto.

Regreso: Entonces, me ubico en la cotidianidad, donde hay hombres cerca y cercanos todo el tiempo, que cuestionan, se burlan y se enojan cuando los excluimos de alguna reunión que sea diferente a cocinar u otros deberes domésticos, el salón de belleza o actividad laboral. Que buscan por todos los medios ser incluidos en esas reuniones, se sienten con derecho de. Suponen que si nos reunimos sólo mujeres es para hablar de ellos y mal, para mal aconsejarnos o en general para hablar de hombres y eso les disgusta, pues no pueden controlar el flujo de la reunión. Incluso suponen, algunos, que tienen aportaciones más valiosas que las nuestras para abordar nuestras problemáticas como mujeres pobres.

En esa cotidianidad, me encuentro y encuentro mujeres que sin que los hombres lo soliciten, proponemos que sean incluidos en todo, argumentamos en su favor o a favor de la equidad, decimos. Mujeres, reitero, que hemos aprendido en el patriarcado, que para existir biológica-emocional y psicológicamente, necesitamos ser apropiadas por hombres (de preferencia el amor de nuestra vida o la ciencia verdadera o el cambio verdadero, etc) y que hemos sido construidas también, desde la premisa ocultada pero evidente de que ellos son mejores que nosotras, es decir, por algo están arriba, en el lugar del privilegio, en el lugar seguro. Y en esta cotidianidad, convivo con esos hombres patriarcales y con mujeres, ellas y yo, patriarcalizadas.

Subir Construidas como el abajo siempre. Heterosexualidad: servicios gratuitos a los hombres

Imposible en el binomio de género, para nosotras. Posible en otros binomios como edad –temporalmente-, sexualidad, experiencia, nivel de consumo. Por ello es necesario estar muy atenta a la posición que ocupamos en cada binomio que habitamos. Pues aún desde el despojo-apropiación que implica habitar el abajo en el binomio de género, podemos habitar otros arriba y desde ahí buscar no bajar, incluso, renunciando al menos enunciativamente a nuestra posición subalterna en tanto mujeres.

Cuando una mujer dice que el feminismo no es necesario; que ya se logró la igualdad o que el feminismo es lograr la igualdad entre hombres y mujeres, seguramente se está posicionando desde otros arriba que con cierta cantidad de privilegios, le permiten suponerse en un lugar seguro, con altas posibilidades de sobrevivencia.

Ser mujer y ser rica, tiene más privilegios que ser mujer y ser pobre. Ser mujer, rica, blanca, tiene más privilegios que ser mujer, pobre y morena; esto ante los ojos del patrón mayor, es decir, del sistema heteropatriarcal.

Ser blanquizada, es decir, adoptar los modos patriarcales, racista de la población blanca, implica además, renunciar al color de piel y los modos que acompañan esta.

Ser formada en la racionalidad de la ciencia positivista que ofrece la educación universitaria, es adoptar los modos de pensar masculinos o nombrados masculinos al mismo tiempo que se desprecian los modos llamados femeninos, incluida la emotividad. Lo que significa renunciar a nosotras aún patriarcalizadas, disminuir con ello las posibilidades de fugas al mismo tiempo que se empieza anhelar el territorio seguro de la racionalidad masculina, a la que aspiramos, sin tocar completamente jamás.

Ser heterosexual, para las mujeres, significa estar construidas para ofrecer servicios gratuitos en todos los terrenos a los hombres y erotizar los cuerpos de los hombres que son nuestros apropiadadores. Ser heterosexual, para las mujeres, es la forma más cercana al subir patriarcal de los hombres, es adorarles, tenerles como principio y fin de nuestras vidas, de nuestros anhelos, de nuestros pensamientos-sentimientos-acciones. Realizarnos en esa adoración y suponernos mejores, es decir, por encimas, de las mujeres que optan por la lesbiandad.

Ser la favorita entre las esclavas, implica subir, no liberarnos, no fugarnos, subir y seguir esclavas.

Para cachar este modo en mí puedo preguntarme ¿Cuándo creo que mi heterosexualidad o mi experiencia o mi edad, implican ventaja sobre otras mujeres? ¿Desprecio a quienes han decidido no vivir para y por los hombres? ¿Supongo que las reuniones mixtas siempre son mejores que las exclusivas de mujeres? ¿Creo que es más importante mantener la reputación de una institución, sea la pareja, un antro, una institución, una organización, que visibilizar la violencia que se ejerce desde ahí contra alguna mujer, sea esta conocida, amiga, o desconocida?

Servirse Forzadas a subjetivarnos femeninas: Apropiarse de nosotras individual y colectivamente en su beneficio

Recuerdo una vez, que para tener entretenido a un amigo, al que le preparábamos una fiesta sorpresa, me dieron la tarea de “entretenerlo” conversando con él, pues, me dijo quien me asignó la tarea, hombre por cierto, tú puedes hablar de las cosas aburridas que a él también le gustan. Así, ciertamente, se sirvió de mi conversación de temas aburridos, en su beneficio y en el de nuestro amigo en común.

¿Nos podemos servir de todo, es decir, usar lo que esté a nuestro alcance, en nuestro beneficio?. ¿Cómo se hace eso desde el despojo que vivimos en tanto mujeres? Copiando los modos de los hombres y de las instituciones; quienes se sirven de las mujeres para apropiárselas, para violentarlas, para obtener ganancias económicas, políticas, ideológicas, etc. Nos servimos de las mujeres, nuestras iguales o de a quienes construimos abajos en otros binomios, por razón de edad, de antigüedad, de vínculo, de nacionalidad, de riqueza.

Así muchas feministas norteamericanas y europeas, se sirven de los procesos en Abya Yala y acá obtienen reconocimiento, espacios para hablar, que no tienen en sus propios países, apropiándose al mismo tiempo que despojan colonizando, saberes que no son de ellas.

Así, por ejemplo, en la cotidianidad, las mujeres nos servimos de otras mujeres para mantener nuestros propios proyectos, invitándolas a participar, pero negándoles el crédito correspondiente.

Y las lesbianas que no problematizan su patriarcado interior, se sirven de los cuerpos de sus parejas y las violan y violentan porque pueden servirse de ellas; no de otros hombres, sino de otras mujeres en posición subalterna por cuestión de vínculo afectivo.

Y así otras mujeres se sirven de sus hijos e hijas y abusan física, psicológica y sexualmente de ellas y de ellos; no se sirven de otros hombres, sino de quienes están construidas y construidos en el abajo por razón de edad y parentesco.

Del mismo modo que las mujeres en la política partidista se sirven de otras mujeres que militan en otras organizaciones para impulsar sus agendas políticas, para ganar votos, puestos y dinero, es decir, para obtener ganancias, entre éstas, ser la favorita del amo, del partido.

Y así es como mujeres con deseos de ser la esclava favorita del amo se sirven de otras mujeres que están en situación de riesgo para cubrir metas, para completar proyectos, sin construir procesos éticos de acompañamiento.

Si, detrás de este servirse de otras, está siempre, el deseo de complacer al amo, sea éste un hombre o una institución patriarcal. Es decir, nosotras nos servimos de otras y otros en posición subalterna para granjearnos la simpatía del amo.

¿Cómo cachar este modo en mí? Preguntándome qué beneficios obtengo en cada acción que realizo con otras mujeres; verificando que no haya ganancias que implique atención de hombres o beneficios de instituciones mientras pongo en riesgo a esas mujeres o a mí misma.

Mandar. Estereotipos de construirnos: como incapaces de valernos por nosotras mismas al mismo tiempo de no considerar trabajo nuestras acciones productivas y reproductivas

Y mandamos a quienes construimos en el abajo, por edad, por antigüedad, por vínculos, por nacionalidad.

Las mujeres adultas asumimos que a los hombres de nuestra edad y mayores no hemos de mandarlos, ni lo imaginamos siquiera, pero a hombres y sobre todo a mujeres más jóvenes, las vemos como inferiores y las mandamos, incluso, las mandamos callar en reuniones. Las miradas de “que joven eres aún” que se lanzan con desprecio, resultan ser eficaces, aunque no siempre.

También está la antigüedad en los grupos y la recién llegada cuando es mujer, no tiene posibilidad de proponer, el mandato es callarla: mostrarle lo incómoda que es al ser combativa, lo absurdo de discutir con los hombres del grupo; lo molesta que resulta al oponerse a los monólogos masculinos.

Y claro, también está la situación de cuando las mujeres jóvenes organizan algo y en su calidad de organizadoras, se permiten criticar el adultocentrismo de las mujeres, pocas, que llegan a sus eventos y las callan por ser ya modelos obsoletos; por no tener derecho de compartir, porque su discurso está fuera de moda, aburrido, o tienen el “privilegio”, las adultas más adultas, de haber sido madres (que las pone en un lugar más cercano a ser esclavas favoritas) y desde ese rol, intentan imponer una visión y son mandadas callar, incluso mandadas a abandonar las reuniones no institucionales, mandadas a institucionalizarse, es decir, a alinearse si quieren hablar.

Insisto, hablo aquí, de la relaciones entre mujeres, de las relaciones patriarcalizadas, donde sabiéndonos, con diferentes grados de conciencia, esclavas, reproducimos los modos de arriba, pero no contra el arriba, sino contra el abajo; es decir, para sostener las cosas tal como están o levemente a nuestro favor: ser las favoritas del amo; no para liberarnos.

Y están las mujeres que desde la academia y desde los países del norte de América y de Europa, vienen a mandar cómo ha de vivirse, pensarse, construir el feminismo en estas tierras.

Y si, todo ello, porque el patriarcado nuestro interiorizado, nos dice al oído, que no hemos de dejar que ninguna mujer nos mande, ni nos enseñe, ni sobresalga; los hombres si, claro, ellos son otra cosa, pero que una mujer suponga que tiene algo que decir: que absurdo!! Nos grita nuestra patriarcalizada conciencia. Nuestro patriarcado interior nos dice que si nosotras hemos de soportar la explotación de los hombres cercanos, bien pueden ellas, las jóvenes o viejas o recién llegadas soportar la explotación con nosotras, e incluso librarnos de algunas de nuestras tareas ya impuestas.

Y en el arriba, o mejor dicho, para que los hombres sigan arriba, el patriarcado construye instituciones incesantemente y ofrece dinero, empleos, beneficios desde ellas para que todo siga igual. Y en muchas de nosotras hay un anhelo de pertenecer a esas instituciones patriarcales y entonces necesitamos sobresalir para que nos miren, para que nos den trabajo o recursos o becas y por eso mandamos callar a las otras.

Afortunadamente, hay veces en que nos fugamos de este mandar y nos atrevemos a escucharnos, a reconocernos esclavas y encontrarnos desde ahí; a veces, en el silencio, desde la fiesta, desde las redes sociales, en un salón de clases, en una reunión de mujeres y entonces, yo encuentro que mi malestar disminuye, que puedo imaginar otros mundos despatriarcalizados.

¿Cómo es mi trato hacia los hombres en comparación con mi trato hacia otras mujeres o personas más jóvenes? ¿Creo que tengo derecho a mandar en razón de alguna circunstancia que me hace sentir especial? Sugiero este par de preguntas para cachar los modos de arriba en nuestros haceres cotidianos como mujeres que somos, en la calle, en la casa, en el trabajo, en nuestro pensamiento, en nuestras relaciones, etc.

Imponer[7] Nuestro cuerpo a la venta no sólo desde la prostitución, la trata, sino desde la maternidad subrogada y comercio de órganos para complacer a los amos hombres y al amo patriarcado capitalista

Frente a un silencio aprendido, por ser mujeres, enseñado e impuesto, imponer significa o bien, sostener el silencio para expresar nuestra posición (que puede leerse de muchas formas, según quienes estén durante el silencio) o bien, expresar una idea, que, ciertamente, en la cotidianidad encontrará poca disposición de los hombres a escucharla, una disposición de las mujeres a cuestionarla y quizá una disposición de otras mujeres para clarificarla, enriquecerla y seguirla.

Pero, si nuestro deseo es ser la esclava favorita del amo, entonces, es necesario que el amo no esté, porque si el amo está y escucha las aportaciones de las otras, podría fijarse en ellas y suponerlas mejor que yo. Así pues, nosotras cuando imponemos o deseamos imponer, nunca es al amo, buscamos que nuestro modo o nuestra idea brille y que de preferencia no se visibilice nadie más, pues puede llamar la atención, si, del amo y si, en nuestro prejuicio; diré ahora, de los amos, pensando en que el amor de la vida puede ser y de preferencia ha de ser, distinto, según cuantas mujeres estemos presentes.

Cuando usamos este modo patriarcal, esperamos docilidad de las mujeres alrededor (y en nuestros más profundos sueños, el interés de los hombres presentes), incluso desinterés, para que no puedan opinar y no opaquen la idea propia.

Quizá una manera de saber qué tan frecuente es el uso de este modo, es preguntarnos ¿Cómo me siento cuando otra mujer opina sobre una idea que yo propongo?, ¿Cómo me siento cuando una mujer habla y expresa una idea que yo tenía? ¿Cómo reacciono ante la indiferencia de los hombres presentes ante mis ideas y mis silencios? ¿Hablo diferente cuando hay hombres en las reuniones, respecto a cuando sólo hay mujeres?

El patriarcado interior se negará a responder estas preguntas y seguirá construyendo como sospechosas a las otras, al mismo tiempo que nos devalúa ante nosotras mismas con frases como: si ella habla más, quiere lucirse; pero tu tienes miedo de expresarte, no puedes. Así los malestares aumentan, los obstáculos para relacionarnos entre nosotras crecen como muros y los arriba y los abajos quedan intocados.

Imponer significa, posicionar una idea para quedar en mejor posición que el resto de mujeres presentes, para quedar bien ante los hombres presentes.

Suplantar. El mito-trampa de la rivalidad entre mujeres.

Parte de esta patriarcalización es que nos sentimos representadas por los hombres, entre más ilustres, o más rebeldes, o más santos, según nuestras convicciones; pero solemos vivir como suplantación cuando una mujer habla en plural; inmediatamente sospechamos de ella, buscamos afanosamente que beneficios le traerá ese nosotras que escribe o dice; aunque no se nombre, aunque ella se mantenga anónima; la sospecha de suplantación surge inmediatamente. Podemos preocuparnos de que tenga capacidad de convocatoria y entonces esté más cerca del amo porque le toque hablar con él en nombre del resto, nosotras incluidas; o podemos sospechar que si habla en plural busca notoriedad para que la mire el patrón, es decir, el hombre cercano.

Sospechar que alguien nos quiere suplantar, supone que quiere nuestro lugar y éste se ubica a partir del hombre más cercano o del más preciado. Y es que cualquier acercamiento con ese hombre se vive entonces como intento de suplantación, incluso aunque no se desconfíe de la mujer, sino y justamente de la estabilidad del hombre como ideal, al que se ha construido históricamente como conquistador, es decir, como apropiador de lo hay a su alrededor, sean tierras o mujeres. La sospecha crece y cualquier movimiento de la otra[8] mujer, es ya sospechoso. Y si, parece, que construir como sospechosa a la otra, es un hacer del patriarcado, que va enredando cada uno de sus modos para construirnos sospechosas a los ojos de las otras, de nuestras iguales, respecto a los hombres.

El hombre es fuego y la mujer estopa, llega el diablo y sopla, hace alusión directa a la imposibilidad de que un hombre y una mujer puedan construir una amistad sin connotaciones sexuales. Y cuando una mujer tiene pareja, el resto de las mujeres se convierten en potenciales rivales, en sospechosas de querer suplantar nuestro lugar respecto al hombre o de ser objetivos amorosos-sexuales del hombre. En cualquiera de los casos; la relación entre estas mujeres se pobla de miedos por eventos ya vividos, provocando malestar en ambas y aunque ambas reconozcan que es producto del patriarcado, pueden vivirse sin recursos para enfrentar esta situación o con miedo de hacerlo.

Por demás está decir que nos vivimos temerosas de ser suplantadas frente a posibilidades de recibir recursos, empleos, proyectos de instituciones, por eso, “ninguna mujer ha de representar a ninguna, que cada una luche por figurar”, parece ser la premisa del feminismo liberal y oenegero.

Personalmente yo he vivido el malestar por sentir que hombres me quieren suplantar en mis relaciones con algunas mujeres, relaciones amicales y políticas; que he visto disminuidas, o al menos así lo percibo, por la llegada de hombres homosexuales, que con su encanto y ligereza construyen vínculos fuertes y rápidos con compañeras, a las que temo perder. Al mismo tiempo que reconozco mi incapacidad para manejar ese malestar, ni siquiera para explicitarlo de manera apropiada; lo que una vez más, me convierte en sospechosa ¿por qué no quiere hombres cerca? Quizá se preguntarán ellas, si son muy divertidos agregarán y quizá dudarán respecto a que no quiero convivir con ellos porque soy homófoba o porque me gusta ser el centro de atención, o porque… y así el malestar aumenta y aumenta.

Las posibilidades de construir relaciones entre nosotras, sin hombres cercanos, se muestra acá, como una posibilidad para construir organización entre mujeres. Sin un hombre cerca, las posiciones han de construirse a partir de otros parámetros, que seguramente podrían compartirnos los feminismos radicales y los lesbo feminismos.

Suplantar también implica que veamos a los hombres como modelo a seguir y en lugar de construir desde nosotras nuestros modos propios, de relación, de organización, imitemos los modos masculinos, que desde el poder, buscan mantenerse en el arriba. Resulta absurdo que les imitemos cuando sabemos que no podremos llegar al arriba porque no somos hombres y en todo caso, a muchas no nos interesa el poder, ni imitar el poder necrófilo masculino.

Para identificar cuando estoy usando este modo del arriba en mis acciones, vivencias, pensamientos, en mis haceres; puedo preguntarme ¿me nombro en femenino? ¿Nos nombro en femenino? ¿Me cuesta trabajo, me provoca malestar, escuchar a una mujer cercana hablando en femenino y en plural femenino? ¿Nos nombro diferente si hay hombres, aunque sea uno, en la reunión?

Vencer. Olvidarnos de nosotras siempre en pos de los otros.

Entre las desposeídas y apropiadas, vencer no significa, como en el caso de los hombres, cosificar a lo vencido, anularlo, para usarlo luego, para nosotras significa, eliminar a otras como nosotras, para que el patrón, para que el amo, para que el hombre cercano y preciado, el amor de la vida, nos mire. Yo no quiero destruirla a ella, quiero que él la destruya simbólicamente, la anule de su conciencia. Quiero saber que yo estoy en sus pensamientos porque de lo contrario cómo me aseguro de que existo. Vencer, para las vencidas, para las derrotadas como nosotras, significa anhelar que nadie más habite el corazón y los pensamientos del hombre elegido o de la institución, según sea el caso) Y así nos convertimos en la pareja perfecta, para que el no vea a nadie más; en la amante perfecta, en la amiga perfecta; aunque para ello, tengamos que:

– Renunciar una vez más a nosotras; porque no basta con ser la pareja, ahora tenemos que ser la mejor pareja, etc.

– Implorar, con todos los medios posibles que la construida como sospechosa porque se haya acercado a él o él se haya acercado a ella, sea aniquilada, al menos simbólicamente.

Encontrar en esta aniquilación simbólica, un poco de paz, hasta que haya un nuevo indicio de que no se le aniquiló del todo o de que hay otra mujer que quiere/o es elegida para competir, claro por el hombre. Nosotras no vencemos para estar arriba, vencemos para cuidar nuestro lugar en el abajo que nos han colocado.

Competir entre derrotadas, implica reconocer que el premio no es la vida, ni el poder, sino garantizar que el amo nos prefiera por siempre-jamás.

Y hay una doble derrota, pues renunciamos doblemente a nosotras, al mismo tiempo que deseamos la aniquilación de que la vemos como rival. Ninguna gana, ambas vivimos malestar. La posibilidad de encontrarnos entre nosotras se reduce por los miedos: a renunciar a más, a ser aniquilada y por el miedo de ambas de molestar a la otra cuando es amiga, que termina siendo nuestro espejo, como igual nuestro que es.

Y se presenta acá y en los anteriores modos del arriba cuando los ejercemos nosotras en el abajo, que los afectos que a ratos nos calientan acogedoramente las entrañas, por las breves fugas que construimos, se ven enturbiados, entretejidos por los demás malestares, muchos innombrados, incluso que no llegan a la conciencia, que son sólo malestares, que se muestran en el rostro, en el lenguaje del cuerpo, ante la cercanía de la otra; que se vive excluida, que se sabe sospechosa, que también siente malestares y ambas partes de enconchan, encuentran posiciones de defensa, ante un enemigo que ni se distingue claramente, sólo se siente, en el vientre, en el pecho como un peso cada vez más grande. Y confunden sus posiciones de defensa como nuevos ataques y el verdadero enemigo, el patriarcado encarnado en los hombres con nombre y en nuestros modos patriarcalizados en el abajo quedan ocultos, protegidos, marcando el ritmo de la guerra.

Para cachar este modo en mí, puedo mirarme y preguntarme si creo que estoy renunciando a demasiado de mi misma y de las mujeres a mi alrededor para estar con ese hombre, o en esa institución.

Destruir. Obligadas a negar nuestra voz, nuestros modos, nuestras resistencias, a vivirnos irracionales, faltas de iniciativa

Las mujeres juntas ni difuntas, es un dicho que expresa muy bien, el miedo que el patriarcado tiene de que podamos reunirnos y organizarnos entre nosotras.

Las organizaciones-reuniones de mujeres (que no expresan claramente para que le sirven a los hombres) permanentemente son atacadas. Ahora desde algunas mujeres trans, que habiendo sido subjetivadas hombres y habiendo vivido desde la edad más temprana el malestar por la violencia llamada género, buscan apropiarse de las luchas de las mujeres, de los espacios de las mujeres. Encontrando una excelente disposición de muchas de nosotras, que habiendo aprendido nuestra posición subalterna, nos sentimos con la obligación de abrirles los espacios a ellos, que ahora se nombran ellas; pero no sólo, también a quienes se nombran ellos, pero se definen homosexuales y renuncian a las conductas que el género ha nombrado masculinas. Ellos también encuentran una excelente disposición para que muchas mujeres peleen en su nombre y tengan derecho a entrar a organizaciones que han sido construidas con muchos esfuerzos por mujeres. Esta disposición de algunas mujeres por incluir a los hombres en espacios no mixtos de mujeres, las enfrenta con otras pocas mujeres que defienden la organización de sólo mujeres y tales enfrentamientos provocan fracturas en los grupos, a veces su destrucción.

Y aún cuando se logre mantener los espacios sólo para mujeres, quedan las memorias de los desacuerdos, la molestia ante la radicalidad de quienes se opusieron a que entraran los aliados, los homosexuales, las mujeres trans. Y la molestia, siempre la molestia por el patriarcado, se muestra en todos los cuerpos de las mujeres reunidas y enfrentadas por y a causa de los hombres y la emoción de sabernos juntas y entre mujeres, se mezcla con ese malestar en el cuerpo, con la sospecha de que si hemos estado en desacuerdo con eso, con qué otras cosas nos enfrentaremos, lo que dificulta el proceso de construir las nosotras, que necesitamos para existir.

Y a diferencia de los hombres, que destruyen para poder elegir lo mejor para si; las mujeres destruimos para tener mejores opciones de ser elegidas, si por los hombres, si por las instituciones patriarcales.

¿Qué tan frecuente prefiero reuniones mixtas? ¿Sin que me lo pidan, defiendo el derecho de los hombres a estar en todos lados? ¿Qué tan frecuente defiendo ese derecho para las mujeres? ¿Defiendo con haceres puntuales la organización entre mujeres? ¿Guardo silencio cuando una mujer defiende la organización entre mujeres y está en desventaja respecto a quienes defienden la entrada irrestricta de hombres?. Estas son algunas preguntas que pueden orientar nuestra reflexión para identificar estos modos en nuestros haceres cotidianos.

e) Construir modos muy otros desde y hacia abajo: Anular el terreno de la guerra: despatriarcalizarnos

Quienes hayan llegado hasta aquí, seguramente tendrán curiosidad –no encuentro otra razón para seguir leyendo- y quizá malestar si contestaron las preguntas, si se sintieron identificadas en cualquiera de los modos; si les hace ruido eso de que entre nosotras y nuestras posibilidades de sobrevivencia, el patriarcado ha puesto a los hombres, tengo que decirle que no tengo respuestas únicas ni soluciones. En mi caso, sólo reconocerme patriarcalizada, reconocer que me produce cierto alivio saberme apropiada por un hombre muy lejano; como si con ese acto, estuviera a salvo de algo, que no es soledad porque está muy lejos, sino, creo, de la presión, de que me sepan sin dueño y de la incertidumbre de saberme sin dueño, sin apropiador en lo individual.

Lo que alcanzo a mirar, es que a costa de sufrimiento, vamos aprendiendo, lenta, muy lentamente unas y rápidamente otras, que la mirada es hacia abajo, hacia la periferia, hacia las fronteras que habitamos; que es urgente dejar de anhelar los arribas, los centros, los territorios seguros, porque para nosotras, mujeres y pobres-pauperizadas, desarraigadas, no existen, no son accesibles y su existencia en lo humano, pone en riesgo a la vida como la conocemos. Posicionarnos desde nuestro ser mujer en resistencia y ser pobres anticapitalistas. Posicionarnos, implica reconocer al enemigo, ponerle nombre, nombres, rostros, historias e identificar posibles alianzas, siempre abajo, siempre en la periferia, siempre en la frontera. Abandonar el anhelo de convertir la frontera en territorio, mantenerla frontera para despatriarcalizarnos.

Los feminismos comunitarios, los feminismos de la calle, el lesboterrorismo, el lesbo feminismo de las lunas, los feminismos itinerantes, las mujeres organizadas en los pueblos originarios me vibran como faros, como horizontes para aprender otros modos.

f) Organizarnos como mujeres que somos. Construir nuestros propios modos, mirarnos en nuestras hermanas que son nuestros espejos y mirar sus fugas, sus modos, sus preocupaciones, malestares, cuestionamientos, manifiestos, alianzas y construir nuestros modos propios, reconociendo el entretejimiento de las 7 dimensiones de cada hacer, cachando en cada hacer propio y en grupo, los modos del arriba y encontrar modos para abandonarlos. Encontrar los modos donde los hombres no estén entre nosotras y la vida; sino que estén frente a la vida en nuestra misma posición; eliminar las mediaciones que nos ha impuesto el poder llamado Heteropatriarcado.

g) Tejernos entre nosotras para la vida en acto y digna. Encontrarnos en la cotidianidad con mujeres, conversar, organizarnos a partir de preocupaciones puntuales, aceptar, cuando ocurra, nuestra itinerancia en los grupos, no mantener el malestar hasta que sea destructivo, saber partir y saber quedarnos; porque ciertamente, nosotras, en este capitalismo salvaje, defendemos la opción de habitar nuestro cuerpo sin mediación de deseos patriarcalizados, acá en las ciudades, donde ni tierra tenemos y por tanto hemos de desarrollar el autocuidado, hacerle caso al cuerpo y mantener la vigilancia de que no sea el deseo patriarcalizado de ser la favorita del amo, nuestro motor.

h) Reconocer ese deseo patriarcalizado, cacharlo, cacharnos, asustarle con nuestra atención protegida del síndrome de vigía[9], por el pensamiento crítico, compartiendo nuestras miradas con otras para que nos digan si miran lo mismo, mirar de muchos modos siempre desde y hacia abajo, acortar los tiempos de vigilancia

Comprar cosas que produzcan mujeres pobres, pauperizadas, racializadas como nosotras; difundir acciones de mujeres de abajo para mujeres de abajo, ayudarnos cuando podamos; conectar amigas que tienen intereses comunes. Cuidar nuestras amistades para que el patriarcado no las asesine. Ir abandonando la heterosexualidad al ritmo de nuestros miedos y de nuestra percepción de riesgo. No claudicar, no rendirnos, no vendernos.

Develar para nosotras y entre nosotras, que NO son las otras mujeres y nuestras relaciones con ellas, sino los hombres –entre más privilegios más-, el poder –en tanto acumulación de privilegios a costa de despojos-, y el Heteropatriarcado lo que nos pone en peligro. Al mismo tiempo que mantenemos vigilancia alerta y cuidadosa de cuando reproducimos los modos de arriba.

Tener presente que aunque así nos lo han hecho creer, nosotras no mediamos relaciones entre hombres y mujeres, son siempre, invariablamente, en nuestra cultura, ellos, los hombres, los que median nuestras relaciones, se interponen entre nosotras y entre nosotras y la vida –incluso entre nosotras y otros hombres- Esta certeza nos puede permitir hacer una lectura de la realidad más clara. ¿Por qué se interponen? Porque en la mediación encuentran ganancia[10], es decir, siguen acumulando privilegios, produciendo poder.

Reflexionar en torno a la idea de que los hombres de abajo del binomio riqueza/pobreza, es decir los hombres pobres[11] creen realmente, porque así se los enseñaron, que nos resultan absolutamente necesarios para nuestra existencia como individuas; que sólo ellos pueden salvarnos de la vida, como si la vida en sí, fuera un peligro para nosotras. Y no, la vida no es el peligro, el peligro es el patriarcado capitalista neoliberal en este momento. ¿Qué surge en nuestro pensamiento cuando reflexionamos al respecto? ¿También creemos eso? ¿Cómo desaprendimos esa creencia o la vamos cuestionando?

¿Cómo podemos recuperar los 7 principios del mandar obedeciendo Zapatista para despatriarcalizar nuestras necesidades convertidas en deseos patriarcales? ¿Qué aprendizajes del feminismo radical nos ayuda a despatriarcalizarnos comunitariamente?

Notas

[1] Defino deseo como necesidad pasada por la conciencia patriarcalizada. Retomo esta definición de Leonor Silvestri en uno de sus videos.

[2] Antonio Damasio

[3] http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/04/01/la-tormenta-el-centinela-y-el-sindrome-del-vigia/ Por ahora no desarrollaremos esto, pero, en resumen, el “síndrome del centinela” o vigía consiste en que:

a).- No se vigila el todo, sino sólo una parte de ese todo.

b).- Cuando se “cansa”, la guardia no percibe los cambios que se presentan en la zona vigilada porque le son imperceptibles (es decir, no son dignos de atención).

[5] Carta primera del SCI Marcos a Don Luis Villoro, 2011.

[6] Entiendo que el abajo está habitado también por hombres pobres; sólo que aún pobres, se reconocen como dueños de sí mismos, incluso con derecho a habitar la tierra en la que nacieron; ambos elementos de la subjetivación hombre-masculino, les da una serie de recursos y privilegios que nosotras no tenemos. Por otra parte, toda la ciencia moderna habla de las historias de los hombres, de sus procesos, de su forma de pensar y han supuesto, desde la pretensión de universalidad que incluían a las mujeres –y a los hombres pobres de otras culturas no blancas, no europeas ni norteamericanas, que es donde se produce el saber reconocido. Sin embargo, mis supuestos son otros y como mujer, reflexiono, es decir, miro-pienso dos veces hacia nosotras, hacia el abajo en el binomio de género, hacia la periferia y hacia la frontera que habitamos nosotras, mujeres pobres.

[7] El término imponer procede del latín. Proviene del verbo impono, imponere, imposui, impositum, formado por el prefijo im- (penetración – estar en) y el verbo ponere cuyo significado es poner, colocar, disponer, que a su vez, deriva de posinere. Este está constituido por el prefijo po- (fuera) y sino, sinere, sivi, situm que significa dejar, permitir, colocar, poner en un lugar. Esta raíz proviene de la indoeuropea *se(i) (tirar, dejar, caer, sembrar). Puede considerarse entonces, que el concepto de este término es poner, colocar dentro. En https://diccionarioactual.com/impon…

[8] A diferencia de varios autores que señalan que la mujer es el “otro” del hombre, yo supongo que el otro del hombre es otro hombre; que las mujeres somos construidas como diferentes a ellos y por tanto, podemos ser la otra respecto a otra mujer, pero no frente a un hombre. Frente a ellos somos la negación, lo que el hombre no es; por ello, no se pueden reflejar en nosotras, ni nosotras en ellos, sino como potenciales apropiadores, dueños nuestros.

[9] “Para contrarrestar eso, usamos varios recursos: Uno de ellos es la vigilancia no directa, la “visión periférica” o, en término coloquiales, “mirar por el rabillo del ojo”. Esto es que la mirada indirecta permite detectar alteraciones de la rutina. También debe de haber una explicación de esto en la neurociencia, pero creo que nos falta estudio.

Otras formas de solucionar la fatiga del centinela, son: poner dos o más vigías cubriendo el mismo punto; o reducir el tiempo de vigilancia y aumentar la frecuencia del relevo”. En http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/04/01/la-tormenta-el-centinela-y-el-sindrome-del-vigia/

Me pregunto yo si además de mirar con el rabillo del ojo, podemos aprender a mirar desefoncado, bisco, de cabeza, para mirar lo que no miramos…

[10] Igual que el sistema capitalista que media nuestra relación con la vida y nos convierte en consumidoras

[11] Porque los de arriba saben que nos están asesinando y no les importamos, para ellos somos desechables y prescindibles, somos parte del despojo para seguir aumentando sus privilegios.

Nosotras, juntas y aprendiendo.

6 de Junio 2017

Mujer, poetizAndo (Compartimos un esbozo de un texto pensado para convertirse en hip-hop, ojalá alguna de nosotras se anime a ponerle voz y ritmo)

Mujer, me digo: evita el tiempo suspendido.

Quédate contigo mujer, me digo

Haz cuerpo el tiempo, historia y memoria

Acuerpa la resistencia, aterriza tu existencia.

Que no se te olvide mujer, me insisto,

recordando mi mirada,

la historia de despojos y de insultos

que intentan construirte como nada.

Recuerda, me digo en el insomnio,

que la historia de tu clase

vive continuamente bajo ataque

de ser negada, anulada por el dominio.

Acuérpate en tu historia de mujer,

tejida con mujeres, me digo,

para que nada te tome por sorpresa

y evites así el tiempo suspendido.

Mantente alerta, sospecha, atenta

recuerda, caminas sobre campo minado

hay misoginia en este terreno, a cada paso

que ataca tu dignidad de forma directa.

Sospecha de los hombres, todos, si, nimodos

Recuerda, vive alerta, el peligro acecha

mujer, me digo, estás en medio de una guerra

ellos para someterte han sido construidos

Ni gobiernos ni hombres brindan ayuda

sin luego cobrar mujer la deuda

que para ellos cada acción suponga

sospecha cuando la ayuda de ese lado venga.

Imagina, me insisto, otro mundo posible

donde ni ser mujer ni ser pobre

sea condena y destino de muerte

construye con otras, es factible.

Intenta, mujer, resiste, no abandones

Construyamos juntas alianza, acuerdos

Para la vida nuestra con canciones

Vamos juntas, caminemos

.

A propósito de cómo acompañarnos entre nosotrAs ante la violencia estructural que se corporaliza y materializa en cada relación dentro de este sistema patriarcal-capitalista, compartimos además tres propuestas:

A) Naomi Klein en 2007, compartió tres puntos para evitar el shock, que ella define como el lapso de tiempo que transcurre entre un evento sorpresivo y nuestra reacción ante ese evento:

–Tener una historia fuerte, enraizada

–Mantener una actitud de sospecha, es decir de alerta

–Construir una imagen clara de cómo queremos que funcione el mundo.

B) En un texto previo, compartimos un modelo para acompañar la violencia que viven nuestras compañeras y la agregamos aquí porque puede resultar de utilidad para construir otros modos.

Poner en el centro a quien fue agredida, pensar en ella, en lo que ella necesita, siente y vive, es según alcanzo a entender, una forma de construir en la práctica nuevas relaciones que anulen el terreno de la violencia. Cuando frente a una agresión a una compa, pensamos primero en la teoría, en la manada, en el qué dirán quienes están fuera o suponemos que otra persona es quien mejor sabe lo que necesita quien vivió la violencia, anulando el dolor y la capacidad de la o las agredidas, estamos suplantando e imponiendo acciones en nombre del “debe ser”.

Cuánto por aprender a escuchar, respetar y acompañar a quienes viven agresiones sexuales en los espacios de izquierda; por ello, sugerimos que ante una situación de violencia, que viva una mujer cercana, pensemos en nuestro hacer e interroguémonos para aprender a preguntar-escuchar-atender: a) ¿Ya le preguntamos a la compañera: Qué necesitas?, b) Y ¿antes de organizar un plan, ya respondió ella: Qué quieres/necesitas hacer?, c) ¿Tenemos claro: En qué puedo/podemos acompañar? Así las respuestas nos guían en la relación ética, es decir, particular y no suponemos, imponemos, invisibilizamos, revictimizamos ni ignoramos a quien vivió una agresión en un espacio que se suponía seguro o en cualquier otro espacio ; es decir, preguntando-escuchando evitamos los modos hegemónicos. Al mismo tiempo que le pregunto a la víctima qué necesita, me pregunto a mi (en este caminar preguntando dual-en espiral) d) ¿Cómo estoy? e) ¿Puedo acompañar sin imponer, sin vencer, sin suplantar, sin destruir, sin servirme de la situación, sin subir, sin mandar? Si la respuesta a ésta pregunta es no, quizá lo mejor sea guardar silencio y alejarme para no hacer más daño, para no convertirme en cómplice.

Mientras pregunto y me pregunto, es importante contextualizar, también desde el cuestionamiento para entrejer los acontecimientos individuales al contexto de violencia que vivimos las mujeres en este patriarcado y de esa manera entretejer cada lucha con las otras luchas que estamos dando las mujeres por nuestra vida y la vida en el planeta: f) ¿Reconozco que esa violencia en particular es posible porque hay una violencia estructural que así lo permite y que esa violencia estructural nos afecta diferente si somos mujeres? g) ¿Reconozco mi acción como feminista o me supongo defensora de derechos humanos desde la pretensión patriarcal de la universalidad de derechos humanos o me supongo más allá del feminismo libertario?

En el apartado F donde dice “…en vive…” debe decir: en que vive

C) Y una propuesta de guía para construir cada vez, cada una nuestro plan de autoliberación-autodefensa

¿Cómo serán/son/han sido los cuentos en la resistencia antipatriarcal?: Una mirada a una posibilidad

6 de julio 2017

La narrativa “imaginaria” dirigida a niñas y niños para mostrarles como el mundo es, reproduce la lógica que construye al mundo. Los cuentos infantiles estilo Disney con su final feliz heterosexual[1] por ejemplo, son los ejemplos perfectos de esto: ocultan la violencia estructural contra las mujeres como fundante del mundo como lo conocemos en los sótanos del mundo; al mismo tiempo que impone una mirada hacia arriba: son historias de la monarquía, es decir, del arriba, o la historia de una mujer pobre-empobrecida que al ser seleccionada por el príncipe, puede aspirar al arriba. Ocultan pues, la opresión de ricos contra pobres y la opresión de hombres sobre mujeres y nos imponen la mirada hacia arriba, haciéndonos desear ser ricas y ser apropiadas individualmente[2] por un hombre.

Si una de nuestra tarea de por si, como mujeres que somos, es construir otros mundos que no se basen en la explotación de los hombres contra las mujeres, ni de los ricos contra las y los pobres y para ello necesitamos despatriarcalizar nuestra mirada, nuestra historia, nuestra lógica, nuestra afectividad, nuestra relación con lo material (incluido el cuerpo-la naturaleza y la economía) ¿Cómo ayudar a niños y niñas a imaginar otro mundo? Obviamente en primera instancia desde la materialidad de las relaciones cotidianas: cuestionando la violencia contra las mujeres, evitando reproducirla, haciendo autocrítica permanente al respecto; también construyendo otras historias-sociales, otras políticas, otras afectividades, otras lógicas, otras materialidades (en el sentido de construir nuestro cuerpo desde otros referente, nuestra relación con lo existente desde otros referentes, construir otras economías que no se basen en la lógica de la acumulación y la ganancia a partir de la explotación y el despojo), otras éticas y otras estéticas; es decir, otros haceres que visibilicen y entretejan en la misma dirección las dimensiones del hacer (Lógica, Ética, Social, Material, Afectiva, Política y Estética) que el patriarcado rompe, fragmenta, oculta y niega en sus haceres patriarcales.

Otra posibilidad, es preguntarnos ¿Qué cuentos les cuento-contamos a las niñas? Qué dicen, es decir, de qué tratan, qué historias contamos, quiénes aparecen[3] en esos cuentos, qué hace cada personaje, cuáles son las aspiraciones de cada personaje, cómo se resuelve el conflicto si lo hay, etc.

No se trata en todo caso de seguir reproduciendo la lógica patriarcal-neoliberal de: “si tu, mujer, individualmente lo intentas lo suficiente y tienes el privilegio de la belleza occidental, la inteligencia según lo define la cultura dominante, si tienes la fuerza física para seguir constribuyendo a que las cosas sigan intocadas; entonces, puedes ´emanciparte´ sin liberarte, ni destruir al heteropatriarcado ni al capitalismo, puedes ser feliz cuando seas rica, puedes ser feliz cuando encuentres tu príncipe, puedes ser feliz si te “debes”, entregas a tu país, sin que tu palabra cuente, sin que tu hacer valga, sin que se reconozca tu dignidad”.

Habrá una vez, donde los cuentos reflejen las relaciones horizontales desde la dignidad que ya muchas andamos construyendo; mientras ¿cómo han de ser los cuentos que nos contamos y contamos a las niñas?

Les compartimos una reflexión sobre un cuento que tiene por nombre: Cuento 3: La pedagogía del machete, contado en enero del 2009, durante el primer festival de la digna rabia, específicamente el 3 de enero, y como parte de la ponencia “Tercer Viento: Un digno y rabioso color de la tierra, que presenta el SCI Marcos.

Las invitamos a leer en primer lugar el cuento[4]:

El otro día, para variar, la Toñita[5] se metió sin permiso[6] en la comandancia general del ezetaelene, una fortaleza supuestamente inexpugnable (en realidad se trata de una champita).

Me encontraba yo pensando en cuáles serían los temas más adecuados para estas mesas supuestamente redondas del Festival de la Digna Rabia, cuando me di cuenta que la Toñita ya estaba a mi lado y diciéndome[7]:

“Oí Sup, no sirve que haces así”, mientras señalaba una foto tamaño natural de Angelina Jolie con pocas ropas.

“¿No sirve que haga qué cosa?”, le pregunté mientras revisaba las barreras “anti-toñitas”[8] que había dispuesto para evitar que pasara lo que ya estaba pasando.

“Pues así como haces de por sí”, dice la Toña, y agrega: “¿por qué tienes a esa señora encuerada contigo?”.

Yo encendí la pipa y le respondí: “En primer lugar: no está encuerada, yo qué más quisiera. Y en segundo lugar: no la tengo conmigo, yo qué más requisiera”.

La Toñita, como es su costumbre, se queda en una parte de la película porque me pregunta: “¿Y el tercero?”.

“¿Cuál tercero?”, le pregunté.

“Pues si hay un primero y un segundo, entonces hay un tercero. Yo me saqué tercero en la escuelita”. La Toñita ha omitido el pequeño detalle de que en esa clase sólo iban 3 alumnos.

Como no quiero entrar en polémica, le propongo que si le cuento un cuento, entonces ella se va a ir para que se lo cuente a los demás.

“Sale”, dice la Toñita y se sienta en el suelo.

Yo carraspeo y comienzo con el “Habrá una vez…”

La Toña interrumpe: “¿y va a haber palomitas?”.

¿Cómo palomitas?, le pregunto desconcertado.

“Pos sí, palomitas, como cuando vemos película”, dice la Toñita.

“No”, le digo, “este es un cuento, no una película y aquí no hay palomitas”.

“Bueno”, dice la Toñita.

Yo prosigo:

“Habrá una vez un subcomandante que era muuuuuuy malo y mucho se encabronaba con las niñas que se metían sin permiso a la comandancia a dar lata”.

La Toñita pone atención. Yo aprovecho para darle un giro pedagógico al relato, con un estilo y un método que olvídense de Paulo Freire y Antón Makarenko:

“Entonces, cuando una niña se metía sin permiso en la comandancia, el subcomandante ése sacaba un su machete y ¡zás!, le cortaba la cabeza[9] a la niña”.

La Toñita abre bien los ojos, aterrorizada.

Notando que el concepto esencial educativo se estaba captando, decidí reforzar el relato con esa técnica pedagógica marconiana que tanta fama me ha dado en los coloquios de psicología donde mucho Freud, mucho From, mucho Luria, y mucho toda la cosa:

“Y el machete no tenía filo, para que tardara más en cortar. Y estaba bien oxidado de una vez, para que la herida se infectara”.

La Toña, horrorizada, espera un final feliz.

“¿Y luego?”.

“¿Y luego qué?”.

“Pos y luego qué sigue del cuento”.

“Ah bueno, pues resulta que a la niña después le pusieron muchas inyecciones para que no se infectara”.

Y tan-tan.

“¿Tan tan? Urrr, Sup, de una vez que no sirven tus cuentos”.

“Claro que sirven”, le digo mientras la conmino a que abandone la champa.

“De balde tienes a la señora ésa encuerada, si no hay palomitas”, dice la Toñita al retirarse.

El asunto no termina ahí. La reunión que tuve con los compañeros del Comité terminó. De regreso, preparando mi mochila para movernos al cuartel, me doy cuenta de que no está mi machete.

“La Toña”, pensé y la mandé llamar.

“Oí Toñita, no encuentro mi machete, ¿no lo viste por ahí?”.

“No, pero te voy a contar un cuento”, respondió la Toñita.

“Había una vez una niña muy bonita, así como yo, y que se llamaba la Toñita, así como yo. Y entonces había un subcomandante muuuy malo que le quería cortar la cabeza con un su machete”.

“¿Y por qué le quería cortar la cabeza?”, interrumpí yo, tratando inútilmente de recuperar el control de la situación.

“Saber”, respondió la Toñita, “creo que así llegó en su pensamiento. Y entonces pues que la niña se metió en su casita de ese subcomandante a escondidas. Y entonces lo agarró su machete del subcomandante ése y fue y lo aventó en la letrina. Y tan-tan”.

La Toñita dijo el “tan- tan” ya muy lejos de mi alcance.

Así que creo que ya sé dónde está mi machete. Ahora falta recuperarlo, ¿alguien se ofrece de voluntario o voluntaria?

Tan-tan.

Ahora la reflexión que proponemos respecto a este cuento como posibilidad de construir cuentos:

¿Quién cuenta el cuento? Se abren al menos dos respuesta, el cuento nos lo cuenta el SCI Marcos, y dentro del cuento, el cuento se cuenta a dos voces, desde dos lugares bien diferentes: El Sup en tanto hombre, comandante y Toñita en tanto mujer-niña y desde cada lugar, el cuento nos deja ver cosas muy diferentes:

El personaje masculino que no tiene nombre sino adjetivo (muy malo) expresa claramente el mundo como es: hombres con el poder sobre la vida de las mujeres; El personaje femenino Toñita nos muestra sus modos de lucha para proteger su vida tanto en el cuento como en la historia completa.

Para mí, este cuento, expresa la perspectiva de caracol[10], la mirada múltiple sobre la cultura feminicida y la resistencia de las mujeres y nuestros modos de lucha.

Toñita irrumpe –y en un texto también de 2009[11], el Sup se lo reprocha: “escuché la voz de la insurgenta Erika pidiendo autorización para pasar (¿escuchaste Toñita?”)- en el espacio que habita la comandancia, es decir, tradicionalmente un espacio masculino y del poder. Llega Toñita y cuestiona, no busca agradar, sino que haciendo uso de su voz y su historia; le cuestiona el uso de fotos de mujeres como objetos de adorno. Ante el cuestionamiento, el Sup le ofrece un cuento, para “distraerla”, ella acepta, pero pone condiciones para el cuento, no es una aceptación sumisa. El cuento va de un subcomandante muy malo que corta con su machete la cabeza de una niña que entra a su espacio sin autorización. Toñita “horrorizada” e inconforme por el final del cuento, hace notar la inutilidad que el cuento tiene para ella, que aparentemente nada le aporta.

En la segunda parte, como lo narra el Sup, él descubre la ausencia de su propio machete y cuando cuestiona a Toñita, ésta responde con la misma estrategia de “distracción” que había usado él antes. Ella, al contrario del Sup, le pone nombre a la protagonista del cuento que entonces ell cuenta al Sup, su nombre. Toñita, se afirma pues, y contextualiza sobre el subcomandante malo que quería cortarle la cabeza. El Sup entonces, intenta responsabilizarla por las intenciones del subcomandante malo del cuento, preguntándole la razón de ¿por qué le quería cortar la cabeza? Ella, ahí da un giro, desobedece el cuento original, donde el motivo es porque interrumpe en la comandancia imaginaria y responde ¿a saber? Es decir, ella argumenta que la razón que el subcomandante malo tiene, es por algo que el sabe, pero no por conducta alguna de la Toñita de su cuento. Y agrega “creo que así llegó a su pensamiento”. Pareciera decir: piensa eso porque es hombre… Y continúa Toñita “Y entonces pues que la niña se metió en su casita[12] de ese subcomandante a escondidas. Y entonces lo agarró su machete del subcomandante ése y fue y lo aventó en la letrina. Y tan-tan”. Toñita aquí, pone la bota en el tablero[13] y rompe las reglas puestas por el Sub en el cuento, pasa de la imaginación a la acción y narra su hacer: pone distancia entre el arma y quien la usa en la versión anterior del cuento; destruyendo con su acción, el terreno[14] donde el final en que el subcomandante malo corta la cabeza a la niña con su machete, es posible. Es decir, Toñita se reconoce contrincante en la guerra feminicida que plantea el cuento y “anula el terreno de la guerra” no sólo en su imaginación, sino en su materialidad. La Toñita dijo el “tan- tan” ya muy lejos de mi alcance[15]. En el final del cuento de Toñita, donde el Tan-tan lo dice mientras se aleja, es posible reconocer la conciencia que ella tiene respecto a qué el cuento y la realidad son parte de lo mismo.

Rompe las reglas del juego, se afirma en su historia, mantiene una actitud de sospecha e implícitamente plantea un mundo que funciona diferente: Donde los machetes que cortan cabezas de niñas, estén en las letrinas y acciona para lograrlo.

Aquí recupero al menos 4 imágenes-categorias de la praxis Zapatista: Anular el terreno de la guerra y las posibilidades de los contrincantes, la bota en el tablero y la sonrisa en el rostro de quien la pone, los 3 puntos que en 2007, en el coloquio de Andrés Aubry, presenta Naomi Klein[16] como herramientas para accionar y evitar el shock y la mirada de caracol.

Para mi, en este texto, el Sup explicita la guerra feminicida, reconociéndola como parte constitutiva de lo que es ser hombre occidental-occidentalizado, al mismo tiempo que explicita modos de resistencia que las mujeres hemos ido construyendo y seguimos construyendo para escapar de esta guerra. Toñita expresa en la construcción de su cuento, estrategias puntuales: alerta, cambiar las reglas del juego, accionar sin enfrentar, pero radicalmente; une la imaginación con la acción: Rompe las reglas del cuento y de la guerra, al no aceptar que la culpabilicen de la intención de cortar cabeza con su machete, que tiene el subcomandante malo y al tirar el machete a la letrina.

La mirada de caracol nos sirve para leer la realidad y encontrarnos en ella, leernos a nosotras y encontrar la realidad en nuestra mirada, pensamiento, acción, deseo. Al mismo tiempo nos permite construir otras opciones de acción usando estrategias puntuales y radicales.

Es importante explicitar en nuestras conversaciones con las niñas, que la historia y los cuentos del mundo como lo conocemos en los sótanos del mundo están hechos por los hombres y por los hombres ricos y su propósito es mantenernos en nuestro lugar: ellos arriba, nosotras abajo.

Pensamos que esta es una posibilidad de construir cuentos desde y en la resistencia antipatriarcal y sugerimos que hay una estructura: ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra historia? ¿Contra qué luchamos? ¿Para qué? ¿Cómo luchamos? ¿Con quiénes hacemos alianzas? ¿Cómo es el mundo que estamos construyendo para anular el terreno de la guerra actual?. Desde donde alcanzamos a mirar, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (nota 17) es una guía, con sus puntos: 1) De lo que somos, 2) De dondes estamos ahora, 3) De como vemos el mundo, 4) De como vemos a nuestro país que es México, 5) De lo que queremos hacer, 6) De como lo vamos a hacer. Cada punto es una pregunta, que nos ayuda a construir, los tres puntos que ha identificado Naomi Klein, para evitar el shock: A) Una historia fuerte y enraizada (quién soy-somos, cuál es la historia de mi pueblo en la que me entretejo desde la resistencia) B) Una actitud de sospecha, de alerta (¿Contra que luchamos? ¿A qué estamos diciendo Ya Basta?) y C) Tener una imagen clara de cómo creemos que el mundo debería funcionar (¿Qué queremos hacer? ¿para qué? ¿Cómo?)

Como siempre, como cada mes, como cada nota, invitamos a que cada una haga su lectura y nos comparta su mirada, su reflexión, que nos ayuden a completar una posibilidad de cómo ¿han de ser los cuentos que les contamos a las niñas y nos contamos a nosotras?

Notas:

[1] Heterosexual en el sentido no sólo de prácticas erótico-afectivas o de objeto de deseo sexual, sino en el sentido de las mujeres, nosotras, cumpliendo el mandato obligatorio de servir a los hombres, de aceptar el despojo y apropiación que hacen los hombres de nuestro trabajo vivo, en nombre de la “familia”, “el amor romántico” o cualquier tipo de violencia.

[2] Adicional a la apropiación colectiva desde la heterosexualidad se hace de nosotras, para mantener el binomio hombres-arriba/mujeres-abajo.

[3] ¿princesas? Seguimos reproduciendo entonces el clasismo y la aspiración por el arriba, por ejemplo.

[4] Encontrarán el texto completo de la ponencia en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/…

[5] No sé si es la Toñita primera, segunda o tercera generación.

[6] Toñita entra “sin permiso” (el permiso cómo regla del juego establecida por el comandante muyy malo)

[7] Toñita habla en su nombre y no sólo en respuesta a alguna pregunta y no sólo habla por iniciativa, sino que “interrumpe” los pensamientos del Sup, del Sup hombre.

[8] Ella, Toñita no “respeta” esas “barreras”.

[9] Una conducta sistemática de “cortar la cabeza” en respuesta a la infracción de “meterse sin permiso a la comandancia”, de desobedecer.

[10] Una estética, es decir una forma de mirar-percibir que nos propone la praxis Zapatista: hacia dentro-fuera, hacia fuera dentro, hacia un lado- otro lado, hacia atrás-hacia adelante, hacia abajo siempre y hacia arriba cuando necesitamos caracterizar al enemigo, cuando alguna mano desde abajo nos lo señala.

[11] http://enlacezapatista.ezln.org.mx/…

[12] “Su casita” así nombra Toñita a la comandancia, como si nos dijera: los “comandantes-hombres” viven en la casa de la guerra…

[13] Jaque, el fin del juego. Texto de 2001. En http://enlacezapatista.ezln.org.mx/…

[14] Anular el terreno de su realización –de la guerra- y las posibilidades de los contrincantes… (2011)

[15] Y la podemos imaginar con una “sonrisa maliciosa”

[16] Naomi Klein, Coloquio Aubry. Parte VII. (y última) Sentir el Rojo 2007 http://enlacezapatista.ezln.org.mx/…

(17) http://enlacezapatista.ezln.org.mx/…

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